Posteado por: lenguajesculturales | octubre 15, 2010

Descripción de un municipio sanabrés. Límites simbólicos. Sanabria. Guía cultural


Descripción del antiguo municipio de Terroso y San Martín de Terroso. Sanabria (Zamora) (Descripción simbólica)

El municipio y sus límites.

Las marras: límites administrativos.

El medio geográfico de este trabajo de investigación está  delimitado por un marco administrativo al que llamamos municipio. El antiguo municipio de Terroso que a la vez era el mismo término de la parroquia de Santiago de los Cotos, es el objeto total al que hemos reducido nuestra investigación. La delimitación no quedaba en lo meramente administrativo, sino que los vecinos que formaban el municipio se identificaban en ‚l, porque representaba el espacio en el que podían desarrollar su modo de vivir.

No queremos subrayar excesivamente este sentido de aislamiento de cada municipio o de cada pueblo sobre sí mismo, pero en la vida cotidiana el universo de problemas de todo vecino, y en este caso concreto del terrosano, quedaba cerrado en los límites de su municipio, lo extraordinario era salir de él. Fritz Krüger hacía esta afirmación sobre los sanabreses en 1923: “Es raro el caso de encontrar viandantes que vayan de un pueblo al otro, limitándose los vecinos a trabajar, cada uno por su cuenta, en sus propios campos, o a apacentar el ganado en los montes comunales del pueblo…” (1). El término geográfico-administrativo del municipio era el  ámbito normal donde se desarrollaba la vida del sanabrés.

El municipio era un signo del lenguaje social del terrosano. Era su territorio, enmarcado por las MARRAS.

La MARRA era una roca , normalmente el saliente de una roca enterrada, de modo que fuera muy difícil moverla, sobre la que estaba esculpida una cruz o varias cruces, indicando el punto exacto por donde pasaba la línea divisoria municipal. El conjunto de MARRAS era el AMARRAMIENTO.

La MARRA era un signo cultural de lenguaje social con el que dialogaba un municipio con otro, al igual que los MARCOS en las fincas particulares eran signos del lenguaje social intersubjetivo interno de los vecinos de cada municipio. La importancia de estos signos culturales  venía dada, entre otras cosas, por el mayor o menor número de conflictos que suscitaban los AMARRAMIENTOS. Durante los años de vida del municipio de Terroso hubo conflictos importantes con los municipios colindantes.

No tenemos constancia de que hubiera un día señalado para revisar las MARRAS que definían el término. Sólo alguna vez se mandaba a la juventud con el CONCEJO a hacer una revisión de las MARRAS para que las fueran conociendo; pero bastaba salir al monte a pastorear, para que los vecinos mayores enseñaran a las jóvenes generaciones de terrosanos los límites del municipio y las MARRAS  correspondientes.

“Las marras no hacían mucho por enseñárnoslas porque nosotros , como andábamos mucho de pastores siendo niños e íbamos con la gente mayor, siempre nos enseñaban todas. Y como se trabajaba todo, entonces estaban muy descubiertas.” (Terroso. Laura)

El municipio de Terroso tuvo importantes conflictos con los tres municipios colindantes. Se originaron en los lugares que podían presentar más indefinición de límites. El lenguaje social de las MARRAS se rompió con Requejo en las zonas de la sierra, con Pedralba en los límites fluviales, y con Santa Colomba en todo el límite oriental del municipio ocupado por la zona de LA USANZA.

La sierra y el valle de ESCALDON eran espacios que por sus características resultaban conflictivos en la relación entre los municipio de Terroso y Requejo. El arroyo que recorría el valle de ESCALDON vertía sus aguas por la pendiente natural hacia Requejo, y no era de extrañar que los vecinos de este pueblo, ya fuera explícita o implícitamente, intentaran aprovechar un caudal de agua que de modo natural debía bajar hacia su municipio, pero que de modo artificial los vecinos de Terroso desviaban hacia sus pueblos, por legítimo aprovechamiento de las aguas que les pertenecían. Existieron litigios por esta causa (2). También tenemos el testimonio de los documentos parroquiales donde existe el “Fallo del contencioso de Requejo con Terroso sobre el terreno de la sierra de Sospacio en el sitio de El Cabril el Puerto de Las Chaneras“, fechado en 1920. Cambiar las MARRAS en la sierra significaba tener más o menos terrenos de pasto estival y mayores o menores posibilidades de recursos de agua (3).

El río Requejo era el límite natural entre el municipio de Terroso y el de Pedralba. Pero la línea divisoria no seguía en su mayor parte el sinuoso cauce del río, sino que las MARRAS entraban y salían en un municipio y otro más allá  del propio río.

Este fue el origen de algunos conflictos en una zona potencialmente buena  para el aprovechamiento comunal ganadero. En los archivos parroquiales se encuentra el Acta del contencioso de Siete Fuentes y Puente Vieja con Pedralba… 12 de la mañana del 11 de Marzo de 1881 (4).

El caso de MARRATORIOS  más antiguo, que seguramente generó más gastos, que más tiempo duró, y en el que había más terreno en litigio para pasto y aprovechamiento comunal, fue el relativo a LA USANZA El municipio limitaba por levante con el pueblo de Santa Colomba, en un AMARRAMIENTO doble que subía desde el mismo río hasta lo alto de la sierra. Hay abundante documentación sobre el conflicto que se originó por esos terrenos: Un largo juicio, y sus posteriores apelaciones que se remontan a 1757. El contencioso se inició porque una tarde los vecinos de Santa Colomba secuestraron las vacas de unos vecinos de San Martín que pastaban en BARRILLAS y  CAMPO CHOURIDO. Probablemente el conflicto jurídico surgió tras la gota que colmó el vaso lleno de anteriores y constantes situaciones conflictivas en LA USANZA (5).

LA USANZA  era una estrecha franja de unos doscientos o trescientos metros que subía del río a la sierra; en su mayor parte de aprovechamiento comunal, salvo un espacio intermedio ocupado por tierras de centeno. LA USANZA era un signo de lenguaje social de nuestro municipio con los vecinos de Santa Colomba. Hasta los últimos años de existencia del municipio de Terroso, LA USANZA fue un terreno aprovechado por los dos municipios. En ella había cotos de pasto que utilizaban alternativamente Santa Colomba, San Martín y Terroso.

Por último, nos queda reseñar los conflictos internos del propio municipio. La existencia de dos núcleos poblacionales, de dos pueblos, originaba situaciones que ponían en entredicho la unidad administrativa del municipio. Los dos pueblos que componían el municipio mantenían un diálogo creando signos culturales de diferenciación entre ellos.

Había numerosos hechos de la vida diaria, signos culturales, que avalaban cierta autonomía de cada uno de los pueblos que componían el municipio; incluso que podían dar pie a pensar en la existencia de división entre ambos pueblos (aunque no existían tales divisiones) (6). El hecho de que ambos pueblos utilizaran cotos independientes dentro del término, lugares de pastoreo del GANAO en zonas aceptadas como particulares de cada uno de los barrios, espacios de la sierra con su CORTELLO propio, que hubiera CONCEJOS independientes en cada pueblo, etc. eran signos culturales que constituían a ambos pueblos como entidades independientes.

Por otro lado, la dependencia de la misma parroquia en la que los dos  pueblos habían tenido numerosos documentos comunes, el testimonio del Catastro de Ensenada, el Catastro de Madoz, el mapa del Instituto Geográfico, la existencia de fincas de unos y otros repartidas por todo el término, los casamientos entre mozos y mozas de los dos pueblos sin pagar el PISO, el aprovechamiento en común de la leña del monte hasta 1959, etc. manifestaba la existencia de una única entidad compuesta por dos pueblos. El desarrollo de la vida de ambos generaba signos de identificación y signos de separación, pero dentro de un territorio común. Un lenguaje social difícil de mantener sin conflictos internos.

La rivalidad latente entre los dos grupos de vecinos siempre se dio de algún modo. Consideremos el hecho de que San Martín tenía un peso demográfico superior a Terroso, por lo que la HACIENDA que tenía que mantener debía ser mucho mayor y necesitaba más terreno para alimentarla. Esto llevó, por ejemplo, a hacer privativos con el paso del tiempo algunos cotos del municipio, en los que ni los de un pueblo iban a los del otro ni viceversa. En este contexto se encuadra también el grave conflicto que enfrentó a ambas comunidades en 1959, cuando los vecinos de Terroso reivindicaron la propiedad del monte ESCALDÓN frente a los vecinos de San Martín (7). Mientras los de Terroso querían utilizar con los vecinos de San Martín los signos culturales de lenguaje social que utilizaban con otros municipios, los de San Martín no querían entender esos signos como parte del lenguaje social de diálogo entre ambos pueblos. La necesidad de defender pastos y aprovechamiento de leña acabó generando entre los vecinos del mismo municipio determinados signos de lenguaje social para diferenciarse.

Los que no son del municipio. Ámbito exterior a los límites físicos y sociales del municipio.

Las MARRAS definían el territorio municipal de Terroso de los restantes municipios vecinos; pero lo mismo que cada familia se sentía, en cierto modo, diferente, formando unidad aparte de las otras, y cada pueblo dentro del municipio intentaba fraguar su identidad frente al otro, el municipio como tal también se sentía diferente de los demás, otro grupo distinto. Un apodo concreto era un signo por el que los terrosanos intentaban diferenciarse de los otros grupos. Los de Requejo eran CARRILANOS, los de Pedralba eran GARULLOS, los de Santa Colomba ALPABARDOS o ÑIACARONES. Suponemos que los de los otros municipios tendrían también un apodo para los de San Martín y Terroso.

La identificación y, a la vez, diferenciación de cada pueblo también se manifestaba en la situación que semanalmente se originaba los lunes en El Mercado del Puente. Cada pueblo tenía su sitio para vender o intercambiar productos en el espacio de El Mercado del Puente. Los vecinos de San Martín y Terroso ocupaban un lugar donde se iniciaban las carreteras hacia el Lago y hacia Quintana. En esta circunstancias los de Terroso y San Martín, como todos los de los demás pueblos, se reconocían distintos, en especial de aquellos que vivían en el interior de la sierra.

“A los de los pueblos de la sierra, San Martín (de Castañeda), Vigo, San Ciprián… y todos esos pueblos sí que se les notaba más en su forma de hablar, muy antigua, más cerrada que la nuestra… y hasta en su forma de vestir a mí me parecían más pobres que nosotros. Se ve que como estábamos al lado de la carretera algo nos tocaba, pero ellos como estaban tan alejados, tan metidos…” (San Martín .Galán)

En El Mercado del Puente se mostraba el mosaico cultural sanabrés; ecológica y socialmente hablaban lenguajes parecidos, pero cada pueblo poseía ciertas peculiaridades que lo diferenciaban de los demás. La complejidad cultural humana se reflejaba en esta comarca en la complejidad de sus lenguajes culturales.

Consideramos además otros dos grupos culturales frente a los que se definían los terrosanos, y en general todos los sanabreses. Estos eran los gallegos y los portugueses (8).

“Antiguamente venían a segar los portugueses, venían a segar el centeno. Nos parecía que los portugueses eran más pobres que nosotros… era una invasión de portugueses cuando llegaban…” (San Martín. Ti Galán)

Llamarle a uno PORTUGUÉS era un apelativo que indicaba, en cierto modo, burla: “¡Mira, parece un portugués!”, porque llevaba un pañuelo, un sombrero o, en general, un aspecto que recordaba a los jornaleros portugueses que pasaban la frontera en verano para ganarse unas pesetas segando el centeno sanabrés. Estos trabajadores temporeros no debían ser más pudientes que los mismos sanabreses.

El otro grupo frente al que se definían los terrosanos y los restantes sanabreses eran los gallegos. Por lo mismo, existían algunos pueblos de Sanabria, los del valle de Lubián, que se sentían gallegos (9).

El lenguaje social terrosano no se agotaba en marcar signos de diferencia frente a los demás; también había signos de acogida y encuentro que enriquecían la vida de este municipio. El Mercado del Puente, las VENTAS junto a la carretera y, sobre todo, el sentido hospitalario, regulado municipalmente, eran signos de apertura a los que no eran del municipio.

El hecho de encontrarse en El Camino de Santiago, en el ramal que subía desde el sur de la península, hacía del municipio de Terroso uno de los posibles lugares de descanso para pobres y peregrinos. La hospitalidad se extendía a vivos y difuntos. Cada municipio estaba obligado a responsabilizarse y dar sepultura al cadáver de todo el que muriese dentro de su término (10).

La leyenda del Lago de Sanabria, conocida por todos (11), terminaba con una moraleja no escrita, pero aprendida en la práctica: Si no se atiende a los peregrinos y a los pobres, caer  sobre el pueblo un gran castigo, como les cayó a los del pueblo que fue hundido bajo las aguas del Lago.

Cada municipio tenía establecido el modo de atender a los pobres y peregrinos. El alcalde se encargaba de repartir por las casas del pueblo, según un orden o según sus posibilidades, a los que veníian pidiendo cobijo.

“De hospitalidad antes mucho, antes la gente era muy caritativa, aunque también la había antipática, porque había pocos medios de vida; se hospedaba mucho a los pobres y a los peregrinos. Había entre todos una norma de que si había pobres que se veían inválidos y había que trasladarlos de un pueblo a otro… pues  hoy te toca a tí y mañana a mí. Se los llevaba en un carro…” (Terroso. Laura)

“Al pobre o peregrino que lo pedía, el alcalde le asignaba la casa de un señor, quien creía que tenía mejor posición económica, y allí pasaba la noche. Después, si era un impedido, lo llevaban a otro pueblo en un carro…” (San Martín. Ti Galán)

Pese a ciertas experiencias de abuso de este sentido de la hospitalidad, los terrosanos, como todos los sanabreses poseían una gran sensibilidad para la acogida a pobres y peregrinos.

________________________________________________________.

NOTAS.

(1)  Krüger (1923), página 10.

(2)  “Dicen que antes Escaldón era de Requejo. Eran dos novios y han ido a Peña Forca (una de las alturas que cierra el comienzo del valle de Escaldón). Se subieron a Peña Forca, el novio estaba abajo. Ella estaba arriba y la asustó, y cayó rodando por Fermixuces, o sea que dio una vuelta por el peñasco ese  y cayó  por el Agua Cernida. Entonces fueron a avisar a los de Requejo, pero no se quisieron acercar a ella y tuvieron que hacerlo los de San Martín. Por eso se empezó a decir que el término de Escaldón era de los de San Martín. Al decir eso, pues hubo un juicio, y el término pasó a San Martín, con Escaldón y el Chano… Los de Requejo siguieron metiendo las vacas en Escaldón. Entonces tocaron a concejo y cogieron las vacas de los de Requejo y se las llevaron decomisadas a Puebla…” (San Martín. Varios)

En esta narración aparece la creencia de que, como las personas que fallecen en un lugar deben ser enterradas en la parroquia a la que pertenece ese lugar, si éste está en litigio pasar  a pertenecer al municipio que se haga cargo del fallecido. La identidad del territorio no sólo era correlativa a los moradores vivos, sino también a los moradores  difuntos. Un segundo hecho a destacar es la acción de confiscar las vacas. Todos los animales que entraban en el término que no eran de propietarios del municipio podían ser arrestados en el pueblo invadido hasta que sus dueños no pagaran los desperfectos ocasionados.

(3)  Archivo Diocesano de Astorga. Documentos de la Parroquia de Terroso, V-9.

(4)  Idem.

(5)  “Pleito marratorio de Terroso y San Martín con Santa Colomba” (1757). Este extenso documento se encontraba en la escuela de San Martín. Sobre el mismo tema también hay otro en los documentos de la Parroquia de Terroso en el Archivo Diocesano de Astorga: “Real provisión sobre la propiedad del término entre Santa Colomba y San Martín” (1757).

(6)  El Catastro de Ensenada dice textualmente cuando hace relación de los campos comunes del municipio: “…poseído por el común de dichos varrios…” refiriéndose a San Martín y a Terroso. El Diccionario de Madoz (1845-1850, edic. 1984) al describir el pueblo de San Martín dice lo siguiente: “…Forma con el barrio de Santiago (Terroso) de su mismo nombre, de quien es anejo, una parroquia...”. Voz SAN MARTIN DEL TERROSO, p g. 105.

(7)  En el Archivo Diocesano de Astorga, documentos V-9 de la Parroquia de Terroso, se encuentra un documento fechado en 1959: “Deslinde del monte público número 136 El Escaldón” a favor de los vecinos de Terroso. A su lado hay otro documento mecanografiado titulado “Acta de sesión extraordinaria” del Ayuntamiento considerando improcedente el deslinde, con fecha de 24 de Junio de 1959.

(8)  Algunos cuentos sanabreses editados por Luis Cortés (1981) pueden ser ejemplos de lo dicho, páginas 47-48 y 151-152.

(9)  Krüger (1925) escribía que los habitantes de los pueblos del valle de Lubián afirmaban abiertamente: “Falamus galegu… somus galegus” , pág. 5. Un testimonio idéntico lo encontramos en el trabajo que sobre el dialecto lubianés realizó Luis Cortés (1954).

(10) En los estatutos de la Cofradía de Animas de 1728 se puede leer: “item ordenamos y se muriere algún pobre del lugar o forastero asistan a su entierro con la zera y le manden decir una misa de cuerpo presente.” Archivo Diocesano de Astorga, Libro de               la Cofradía de Animas, Parroquia de Terroso.

También en el libro de Defunciones de la Parroquia de Terroso encontramos descrito un accidente ocurrido el 28 de Septiembre de 1841 que asegura lo dicho. “…que murió ahogado en el regato de Cabrones por una furiosa y repentina tempestad que en pocos momentos se formó, de modo que habiendo pasado una manga del mismo arroyo trató de pasar a la otra que le restaba y ya no le fue posible volver atrás ni pasar adelante. Y así creciendo por instantes y enormemente la avenida lo arrebató del único apoyo que había encontrado en unas retamas que sucumbiendo a la fuerza del agua… vino a parar su cadáver conducido por las aguas al puesto que se atraviesa desde Requejo hasta Pedralva y junto a la presa que conduce para los molinos de Pedralva un poco más arriba del pontón de Terroso y término del mismo, por cuya razón se sepultó en  esta parroquia…“. El fallecido era de Requejo.

(11) Diversas versiones de la leyenda del Lago de Sanabria las podemos encontrar en la publicación realizada por Luis Cortés (1981), páginas 19-26.

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