Posteado por: lenguajesculturales | octubre 27, 2010

Manifestaciones comunitarias en los pueblos de La Guareña. La Guareña zamorana. Guía cultural.


Manifestaciones comunales, instituciones propias y actividades que favorecían la interrelación de  las casas y familias del pueblo.

Los pueblos de La Guareña, al contrario de los del oeste zamorano ricos en instituciones comunales, no ofrecían una gran variedad de manifestaciones comunales en su vida tradicional. El término municipal era propiedad de individuos concretos, no había terrenos comunales importantes. Cañizal y Guarrate, por ejemplo, tenían (y tienen) una gran pradera para pastar sus ganados, hecho que siempre favoreció la existencia de pequeños labradores y una cierta igualdad social entre los vecinos de esos pueblos. Casi todas las comunidades de La Guareña tenían su prado para el ganado, pero los respectivos ayuntamientos los fueron vendiendo según sus necesidades. Constatamos esta circunstancia para destacar que si no hay responsabilidades comunes, no hay instituciones comunales. Los que pertenecía al municipio, como conjunto de vecinos, era administrado según las necesidades del ayuntamiento de turno (41).

Un caso significativo al respecto es la pradera de Guarrate, administrada por una comisión de propietarios de la misma. La pradera ni es comunal, ni es del Ayuntamiento. Es de todos los vecinos propietarios que participan en ella con una parte en propiedad, reflejada en pesetas en las actas administrativas de dicha pradera. Cada año se reparten los beneficios obtenidos del aprovechamiento de la pradera: Todo vecino del pueblo puede meter sus animales a pastar pagando una determinada cantidad anual. Al final del año se reparte lo obtenido, descontando gastos, entre los propietarios, que también son la mayoría de los vecinos del pueblo, en proporción a las pesetas que tiene su propiedad. La participación más alta supera las dos mil pesetas, la más baja quince pesetas. Son cantidades similares a acciones bursátiles: Todos los años cada propietario recibe una cantidad de beneficio proporcional a las pesetas que posee en la pradera. Por ejemplo, en 1980, desde 80 pesetas, el menor beneficio, hasta veinte mil, el mayor (42).

Hay una diferencia sustancial entre los cotos o praderas comunales de Sanabria, en el noroeste zamorano, y este caso de Guarrate, en el sudeste zamorano. Los cotos de Sanabria son del pueblo, y los usan los vecinos por ser del pueblo. El trabajo que supone cuidarlos es tarea del concejo del pueblo. El prado de Guarrate es aprovechado por el pueblo, pero tiene que pagar cada vecino por hacerlo. El beneficiario de lo obtenido no es el pueblo, sino cada vecino propietario y en la medida que es propietario. El cuidado y tarea del prado no es tarea del pueblo, como trabajo comunal, sino de la junta de propietarios, es trabajo de un particular.

De lo dicho hasta ahora podríamos dar a entender que no hay tradición comunalista en la zona este de la provincia de Zamora. Pero debemos admitir, frente a esta primera tesis diferenciadora entre el este y el oeste zamorano, que, como todo grupo humano organizado, se han generado espontáneamente manifestaciones propias de carácter comunitario en La Guareña.

“Los chicos jóvenes pues nos íbamos a la fiesta de ese pueblo, y como ellos venían el día quince aquí a la nuestra… pues cosas de rejas vueltas. Cada uno ayuda a otro y luego le devuelve el favor: son rejas vueltas…”

Nuestros paisanos expresaban con el término  “rejas vueltas” la necesidad estructurante de relación entre vecinos, amigos y familiares, que sin llegar a ser institución comunal establecía de derecho la necesidad de contar con el otro y el deber de ayudarle, atenderle, acogerle y protegerle si llegara el caso.

De un modo desordenado enumeramos una serie de acciones, situaciones u organizaciones que se daban en la vida tradicional de estas gentes: Conocemos la existencia de asociaciones de labradores en algunas etapas del siglo que acaba…

“Al morir mi padre había un sindicato que se llamaba católico, que estaban todos los labradores del pueblo, pues igualaos a él, y a ese sindicato traían el abono de onde lo trajeran…”

… de cooperativas primitivas y sencillas, relaciones entre labradores que iniciaban su labor con un solo animal de trabajo… (43)

“Entonces yo, si tenía una mulita solo, que ha habido personas que tenían una sola mula, y el otro otra, se juntaban los dos, y con un carrito lo acarreaban lo de uno y lo del otro…”

“Aquí ha habido muchas cooperativas… si uno no se podía comprar un tractor, se juntaba con dos o tres y ala… Yo no sé qué es andar solo. Yo me casé… y como yo muchos… y apenas me casé seguí con mi hermano con mulas, teníamos dos pares de mulas, en vez de coger cada uno, seguimos juntos con las dos parejas. Luego se compró un tractor para los dos, y luego vino mi cuñao y se unió a nosotros… una cooperativa familiar.”

… la existencia de la Hermandad de Labradores, los trabajos de “aportación personal” para las necesidades comunes del pueblo (actividad similar a los “concejos” de los pueblos del oeste zamorano). Y, en general, la coordinación que requería la simple necesidad de ponerse de acuerdo y beneficiarse de ello: comprar un toro para toda la vacada; cuidar la “peara” comunal de las cabras del pueblo; intercambiar panes cuando otro masaba y cocía menos de los que necesitaba para una quincena, organizar un seguro de mulas en el caso de tener un accidente con este imprescindible animal; comprar parte de la carne de la vaca accidentada de un vecino (44); organizar el  “espigadero” para que algunas mujeres recogieran las espigas perdidas de la siega antes de que entraran a pastar las ovejas en los rastrojos; hacer un pregón  al inicio de la siega de los cereales o a la vendimia; dividir  el término municipal en polígonos para aprovechar el pasto o el rastrojo del ganado del pueblo o de quien lo trajera (arrendándolo en subasta pública) (45); ponerse de acuerdo en el cuidado de los animales “holgones” cuando el pastor contratado sólo se hacía cargo de los de trabajo; ayudarse espontáneamente en el trabajo de la siega, el acarreo o las eras; en la medida de lo posible, hacer partícipes a los vecinos en situación de luto en una fiesta o en una fecha señalada leyéndoles “la relación del gallo” en su casa, invitándoles a asistir a los ensayos de la obra de teatro que hacían en el pueblo, llevándoles los bollos y las pastas típicas de Pascua porque el luto les privaba de todo esto… etc.

Todas estas manifestaciones comunitarias eran fundamentales en la vida del pueblo, aunque no poseían el carácter estructurante, digamos obligatorio y decisivo, que las que se descubren en Sanabria, Aliste o Sayago. La zona este zamorana era más rica y tendía hacia el individualismo frente a la pobreza de la zona oeste zamorana que buscaba en el comunalismo uno de los instrumentos para la supervivencia. Como último dato significativo destacamos la ausencia de la división del municipio en “hojas” para organizar el barbecho. En los pueblos de La Guareña cada agricultor organizaba el barbecho según su necesidad, siguiendo un sistema trienal de aprovechamiento de la tierra. En el oeste zamorano era necesario dejar descansar las tierras un año sí y otro no, “de año y vez”, por su baja calidad. Tal vez en La Guareña también influyera su antigua dedicación generalizada al cultivo de la uva, época en la que el cultivo del cereal era menos importante y no necesitaba de organización para el barbecho.

No obstante, no debemos olvidar otro tipo de manifestaciones comunitarias de carácter festivo, lúdico o religioso, que, aunque no siempre recogían en su interior a la totalidad de los componentes del pueblo, pero de algún modo repercutían o se hacían sentir en la vida de todos. Estamos hablando de los bailes de los domingos y días de fiesta, cita irrenunciable de mozos y mozas, de niños y casados, que tenían ganas de divertirse en uno de los pocos ambientes reconocidos como tal; la participación en las diversas fiestas de quintos, los gallos, el mayo, etc. ; la actividad de las cofradías y la preparación de sus respectivas fiestas… Y de un modo más particular, las reuniones habituales en bodegas, barberías, fraguas, solanas… los alboroques, las corroblas y las reuniones del “mentirote”, a las que nos referiremos en próximas líneas (46).

Con estos abigarrados elencos de manifestaciones comunitarias hemos querido diferenciar, pero no distanciar en exceso, dos modelos de organizar y concebir la vida que se encuentran en la variopinta provincia de Zamora, el castellano del este y el leonés del oeste.

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NOTAS.

(41) Para buscar razones de la escasez de instituciones comunales en estas tierras podemos acudir a su propia historia. La zona perteneció a la Orden de San Juan, de la cual sus habitantes serían colonos. Más tarde pasó a manos de nobles y terratenientes, incluso pueblos enteros, cuyos habitantes siguieron siendo colonos o renteros. Las instituciones comunales aparecen cuando todos los miembros de la comunidad son, en cierto sentido, iguales. Pero en estos pueblos las marcadas distancias entre colonos y terratenientes o entre amos y criados han impedido el desarrollo de instituciones comunales. Contaban en uno de estos pueblos que el día de las rogativas de San Marcos sólo iban a la iglesia y a la procesión de las rogativas los amos, porque los criados estaban trabajando, “… de todos modos, a quienes interesaba que lloviera era a los amos, que ellos son              los que tenían las tierras…” Esta situación no se da en los pueblos donde no hay una separación manifiesta entre amos y criados: todos los vecinos asistían a la misa y a la procesión de rogativas, por ejemplo, en los pueblos sanabreses de Zamora. Paralela a esta reflexión subrayamos el carácter            individualista de los castellanos, que los mismos vecinos confirman con la expresión: “… que nunca            hay arreglo entre los vecinos…”, y que Miguel Delibes ha plasmado en su obra literaria, como así lo            destaca en Castilla, lo castellano y los castellanos: “Su vida parece regirse por una máxima que no              deja de ser un dislate: lo mío es mío, pero lo de todos no es de nadie. De esta manera, el castellano, que en los momentos cruciales y ante las dificultades de sus prójimos es un ser desinteresado, generoso y compasivo, se torna reacio a la asociación, y hasta insolidario, en la vida cotidiana normal.” (p. 115)

(42) Estatutos de la Pradera de Guarrate de 1980.

(43) Quien quería “salir de criado” debía asociarse con otro. En las Memorias de Luis Torrecilla encontramos un ejemplo de asociación familiar: “Corría el año 1930. El abuelo y mi padre trabajan por cuenta ajena (son criados). El abuelo tiene sesenta años, mi padre treinta. Se ponen de acuerdo, van a trabajar por su cuenta (hacerse labradores). Van a Salamanca, compran una mula para cada  uno… Francisco (mi padre) por entonces estaba casado con Leonarda. Esta tenía dos hectáreas de tierra de sus padres. Siendo muchos hermanos, todos marcharon como emigrantes a América a trabajar. Leonarda con su madre se aprovechaba del fruto de esas fincas que Francisco labraba en casa de su amo. El abuelo también tenía tres hectáreas de tierra. Poco era esto (cinco hectáreas) para poder sacar para comer dos casas. Pero ya habría alguna persona que le sobrara y les pudiera arrendar alguna tierra y trabajando todos juntos poder vivir… Compran las mulas y regresan andando… La del abuelo se llamará  Moína, la de mi padre Jardinera… Se corre por el pueblo la noticia: El tío Jesús, el Barril, y su hijo Francisco han comprado dos mulas y van a trabajar por su cuenta. Algunos les envidiarían, otros se alegrarían. El puesto de trabajo (criados) que ellos ocupaban vendría muy bien a otros que no tuvieran trabajo.”

(44) En el libro de cuentas o de caja de la familia de Dios, Guarrate (años cuarenta), se puede leer la “cuenta de los kilos vendidos del novillo“, y a continuación una lista de cuarenta vecinos que habían comprado entre medio kilo y tres kilos de carne de dicho novillo. Era un novillo accidentado cuyo dueño vendía la carne entre todos los del pueblo para compensar la pérdida inesperada.

(45) Luis Ángel Sánchez Gómez en Sayago.Ganadería y comunalismo agropastoril, Zamora 1991, dedica un apartado a los agostaderos de Tierra de Vino y La Guareña, donde los ganaderos de Sayago alquilaban y alquilan por subasta espacios o polígonos de terreno municipal en pueblos como Guarrate, Villamor de Escuderos, Fuentesaúco y Cañizal (Páginas 140-148).

(46) En un trabajo escolar sobre Guarrate de Mari Luz Algarra Abilleira, donde se describe el pueblo, su historia y sus costumbres, podemos leer: “Había una costumbre, representar comedias… Actualmente dicha costumbre está  perdida. Consistía en que cuando se acababa el verano se representaban unas comedias cuyos protagonistas eran los propios vecinos del pueblo, aficionados al teatro. Cada uno tenía que llevar su silla, y la chica que tuviera novio llevaba la silla para él, y la entrada la pagaba el novio para los dos. En dichas comedias se invitaba a los que estaban de luto… al ensayo general, porque no podían ir al estreno. Una costumbre que todavía continúa es la de ir a  merendar a las bodegas los domingos y los días de fiesta… las demás costumbres se reducen a las fiestas.” (Páginas 13-14)

Luis Torrecilla recuerda la costumbre del “alboroque” antes de empezar la siega: “…Es el día              anterior a empezar la faena. Hay que echar el alboroque. Esto es hacer una merienda. Mi madre sacó unas buenas raciones de jamón y de chorizo. Todos juntos a desearse terminar con bien y con salud la recogida de la cosecha.” (Memorias de Luis Torrecilla. Cañizal)

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