Posteado por: lenguajesculturales | septiembre 12, 2010

VIRGEN DE LA LUZ. (Constantim , Portugal. Moveros, Zamora)


VIRGEN DE LA LUZ.  (Constantim , Portugal. Moveros, Zamora)

 

Los lugares de culto mariano surgen de dos modos: como consecuencia de apariciones o revelaciones de la Virgen a personas, dándoles un mandato, un aviso (Virgen del Viso o del Aviso aparecida al pastor Pascual diciéndole dónde se encontraba el cuerpo de san Ildefonso en Zamora), o son invenciones, hallazgos de imágenes perdidas, escondidas u olvidadas.

Tal vez la Virgen de la Luz pertenezca al segundo tipo de manifestaciones: un pastor encontró una imagen, estaba en la raya entre España y Portugal, encima de la marra…

La ermita de la Virgen de la Luz está situada en un altozano, posiblemente un antiguo castro o lugar de vivienda primitiva. Una tradición portuguesa dice que “ antes de ser ermita fue mezquita, porque allí vivieron los moros”. Está en el límite que separa los pueblos de Moveros (Zamora) y Constantim (Portugal). No sólo es raya entre municipios, sino también es raya nacional.

La raya separa e identifica, pero a la vez se convierte en este caso en el lugar de encuentro. En concreto, la Virgen de la Luz es la razón, la fuerza de la unión , el contenido simbólico del acontecimiento que se produce cuando se encuentran gentes definidas como diferentes, pero iguales en preocupaciones y esperanzas.

Dice la leyenda, repitiéndose de nuevo aquí como lo hace en tantos otros sitios, que la imagen apareció en la raya de las dos naciones. Cuando quisieron construir una ermita para albergarla, primero la hicieron en la misma raya, pero al día siguiente lo construido apareció derrumbado. Iniciaron la construcción en el lado español, pero lo construido también apareció derrumbado al día siguiente. Por último, iniciaron la construcción en el lado portugués, y allí se quedó la Virgen.

“ Todas ou quase todas as ermidas de orige  medieval ou próximas da Idade Média têm origem numa lenda… uma imagem aparecida em local agreste de um ermo ou de um bosque – o povo desvia a imagem  para lugar mais nobre, e ela foge para onde apareceu e ali o povo lhe constrói o templo…”  (Antonio María Mourinho. 1991)

“… El primer domingo de mayo o el último de abril, Aliste celebra su gran romería de la Luz, una fiesta a medias española y portuguesa. El lugar elegido es una ermita situada en el teso de la Luz, en plena “raya” fronteriza, muy cerca de Moveros, y allí suben los alistanos a su Virgen, que al final de la jornada volverá con un manto lleno de billetes que los fervorosos romeros van colocándole durante el día. Es una de las romerías más numerosas de la provincia y concentra una multitud de tenderetes y puestos de venta, donde portugueses y zamoranos intercambian sus productos” (Zamora. Guía de la  Provincia. 1986)

“… El manto de la Virgen está cubierto durante los actos con billetes españoles y portugueses, y la feria que se organiza por el camino que va hacia el cerro está llena, a ambos lados de la frontera,  de casetas, puestos y tiendas con productos típicos de  las artesanías castellana y lusa. Ya en el santuario tiene lugar el fraternal encuentro de las dos culturas ibéricas en un acto religioso y folclórico que destaca por la alegría con la que se vive el hermanamiento popular. Culmina en un almuerzo que sirve para intimar con éstos, cercanos y lejanos vecinos de la localidad zamorana de Moveros” (Enciclopedia de las Fiestas de España. 1993) . Los dos grupos se encuentran en lo religioso, lo económico, lo musical y dramático, y en lo culinario.

La ermita de la Virgen de la Luz está unida a un hecho que marcó la vida zamorana en la Edad Media,  “el motín de la trucha”. En ella se refugiaron los cabecillas del pueblo que incendiaron la iglesia de Santa María la Nueva (lugar de la ciudad de Zamora en el que murieron abrasados los nobles que pretendían dar escarmiento a los plebeyos sublevados, y donde se produjo el milagro de las sagradas formas que pasaron a través de un muro, cuya hendidura se conserva, hacia el convento de las Dueñas, entonces situado tras el templo, junto a la muralla.)

“ Comprendiendo el pueblo que tras tamaño atentado no se haría esperar castigo ejemplar, y dirigido por el pellitero Benito que gozaba autoridad y respeto de varón virtuoso porque daba de cada diez pieles que labraba una a los pobres, determinó huir a Portugal , a cuyo efecto salieron en número de 7000 vecinos, entre ellos 4000 hombres de guerra con muchos carros en que cargaron sus haberes, sin dejar en la ciudad más que ancianos y clérigos. Tomó la comitiva a la raya de Portugal por el monte de Concejo, y luego de pasado el puente de Ricobayo creyéndose ya segura, tomó descanso en un pueblo llamado Constantina desde donde envió mensajeros al rey de León para que perdonase a todos, en cuyo caso regresarían a Zamora y de otra suerte se extrañarían yendo a poblar en Portugal… (el rey) contuvo a los nobles (de Zamora) y dio su perdón, pero con cláusula de que los alzados volviesen a Zamora, reedificasen a su costa la iglesia incendiada, y obtuviesen absolución del Papa que era entonces Alejandro III, el cual, en efecto,  otorgola imponiendo al pueblo la penitencia de fabricar a su cuenta un retablo o frontal en que se invirtiesen cien marcos de plata y ciento dieciséis piedras preciosas, con lo que vuelto el pueblo a sus viviendas, todo pareció quedar sosegado.” (Historia de Zamora. Ursicino Álvarez)

La raya separó de nuevo a unos de otros. Siempre ha sido límite, zanja, cuerda, marra, cadena que impide el paso. La Virgen de la Luz, en este caso, ha sido la excusa para transgredir el foro, saltar la zanja, cortar la cuerda o tirar la cadena.

La fiesta del encuentro, que en otros lugares de la raya hispano-lusa se repite (Portela y Calabor en la Pascua, por ejemplo), es un espacio de libertad. Por un lado todos van a compartir, y por otro van a ver la diferencia, comprender lo que somos viendo a los demás. Según noticia del 1 de Mayo de 1899 en El Heraldo de Zamora, un simple requiebro a una moza hispana por un mozo portugués y la intervención del hermano de la moza contra el atrevido joven produjo la división instantánea, españoles a un lado y portugueses al otro. Aclarado el problema se volvió a la fusión. Sólo el símbolo es capaz de volver a unir lo que con tanta facilidad se deshace: la convivencia entre los que se creen diferentes.

Pero si cuesta que los paisanos se hermanen, subliman esta intención hermanando a sus vírgenes, simbolizando el ideal en la confraternidad de sus símbolos más queridos. Hay “cinco hermanas” en la frontera: Nuestra Señora de la Encarnación o Valverde, Nuestra Señora de la Luz, Virgen del Naso, Nuestra Señora de Gracia y la Virgen del Castillo.   “ Pero existe otra versión al respecto tan verosímil como la anterior. El quinteto fraternal estaría integrado por las siguientes vírgenes. Nuestra Señora de la Ribeiriña, Nuestra Señora de la Salud, Virgen del Naso, Nuestra Señora de la Luz, y Nuestra Señora de la Encarnación.” (Francisco Rodríguez Pascual. 1990). Las vírgenes zamoranas (La Concha, la Hiniesta, el Viso) se hermanaban en los momentos de adversidad de sus devotos. Las  vírgenes de la frontera formaban  una familia que unía a pueblos diferentes y establecía relaciones periódicas de tradición secular. Continúa reflexionando el antropólogo zamorano Rodríguez Pascual: “ La Virgen, para nuestras gentes, es, por supuesto, madre de Dios…  pero también, y sobre todo, arquetipo local; de ahí las advocaciones específicas o autóctonas… Los pueblos se identifican, expresan y comunican  frecuentemente a través de sus vírgenes. Estimo que se trata de una vivencia o interpretación legítima, altamente positiva, de María…  Las formas antropomorfas o etnomorfas (como las relaciones familiares entre las vírgenes)  que aparecen frecuentemente en estas y otras manifestaciones de la piedad popular, son más comprensibles (no digo justificables) en el cristianismo que en otras religiones. Los cristianos hacemos de la Encarnación nuestro dogma y misterio fundamental. Dios tomó forma y realidad de hombre en Cristo Jesús. Se convirtió así en uno de nosotros. No es de extrañar que proyectemos en Él y su bendita Madre nuestros comportamientos y estructuras.”

 

Juan Manuel Rodríguez Iglesias

Bibliografía.

 

– MOURINHO, Antonio María. 1991. Terra de Miranda. Miranda do Douro.

– RODRÍGUEZ PASCUAL, Francisco. 1990. “La villa de Alcañices acoge a las cinco vírgenes hermanas en la frontera”. El Correo de Zamora.

 

– ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Ursicino. 1965. Historia de Zamora. Revista de Derecho Privado. Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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