Posteado por: lenguajesculturales | agosto 15, 2010

Interpretaciones antropológicas de la Religiosidad Popular


INTERPRETACIONES ANTROPOLÓGICAS DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

I.      Introducción.

El objetivo de esta exposición es técnico y metodológico.

No está en nuestra intención definir o desarrollar exhaustivamente algún aspecto de la Religiosidad Popular. Pretendemos ofrecer dos instrumentos para su descripción, análisis e interpretación.

Pero, como todos sabemos, un método, una estrategia, una técnica o un simple instrumento intelectual llevan implícitos un contenido, una cierta intención.

Esperamos que estas dos propuestas metodológicas sirvan, no para desvirtuar, degradar o deslegitimar la Religiosidad Popular, sino para  favorecer una mejor comprensión de este aspecto tan importante del hecho religioso.

II.      Punto de Partida.

Antes de empezar debemos aclarar algunas ideas, algunos presupuestos, que van a estar en la base de esta exposición.

1. Partimos de una postura positiva hacia la Religiosidad Popular. No la consideramos como un conjunto de manifestaciones degradadas, anacrónicas o propias de gente inculta y primitiva. Tampoco un conjunto de prácticas sentimentales, irracionales, sin sentido cristiano de verdadera liberación del ser humano, ni simples manifestaciones de magia, superstición o paganismo (aunque no discutimos el hecho evidente de la presencia de todo lo anterior en la Religiosidad Popular).

En nuestra mente hay una definición positiva de Religiosidad Popular, entendida como un tesoro cultural, histórico y espiritual, con el que se identifican grupos y pueblos, y en el que han depositado parte de su patrimonio tradicional.

La Religiosidad Popular es el modo como cada grupo humano cristiano y cada persona concreta de ese grupo comprende, configura mentalmente el dogma fundamental del cristianismo: la Encarnación de Dios en Jesús, Hijo de María.

En realidad, entramos en la religión a través de la Religiosidad Popular: Nuestros primeros recuerdos, nuestras primeras oraciones y prácticas religiosas suelen ser de Religiosidad Popular. El “catecismo” viene después, a partir de los 7 u 8 años, en lo que se llama “llegar al uso de rezón”. Entre esos primeros recuerdos infantiles están las oraciones, las cantinelas religiosas que todavía hoy algunas abuelas recitan al niño/a después de bañarle o antes de acostarle:

“Bendito/ alabado/ sea/ el Santísimo/ Sacramento/ del altar/ de la pura/ limpia/ concepción/ de María/  Santísima/  Madre/ de Dios/ Señora/ Nuestra/ Concebida/ sin mancha/ de pecado/ original/ del primer/ instante/ de su ser/ natural/ Amén”

María Jesús Gómez Rodríguez. Salamanca. 2003. ( Se recita con pausas mientras se viste al niño/a después de bañarlo, un verso por cada movimiento)

“La titiritaina del Niño Jesús… suelta la teta y agarra la cruz… martillos y clavos y Amén Jesús”. Prudencia Rodríguez Mostaza. Terroso, Zamora. 1983.

¿Podemos suponernos la Religión Católica sin la Religiosidad Popular?

Concluimos convencidos: Poseemos en la Religiosidad Popular una riqueza que hay que administrar, no un lastre que hay que eliminar.

2. Los hechos, manifestaciones o prácticas a las que nos estamos refiriendo son aquellos que nos exigen una postura crítica, un discernimiento, para saber situarlos en su justa interpretación.

–         En la procesión del Domingo de Resurrección, llamada “del Encuentro”, el gesto que hace el resucitado, en forma de Niño Jesús, a la Madre, las tresvenias o saludos. Lo “teológico” sería al revés, el saludo de la Madre al Hijo resucitado, pero en muchos pueblos, como en Bayubas de Arriba (Soria), es el Hijo el que por respeto debe saludar a la Madre…

–         En el día de la fiesta de la Santa Cruz, 3 de mayo, el pueblo de Cañizal (Zamora) lleva en procesión a la Virgen de la Santa Cruz, una “piedad” en la que la Madre dolorida tiene en su regazo al Hijo muerto recién bajado de la cruz: pero los vecinos bailan en la procesión de la iglesia a la ermita, como uno de los momentos más emotivos de la fiesta.

Y así sucesivamente, podríamos seguir enumerando hechos, manifestaciones, que surgen en el límite de la liturgia, de lo canónico, en la creatividad y espontaneidad del pueblo para hacer suyas, a su modo, las verdades de fe celebradas.

3. Por último, estos hechos no los vamos a abordar como lo haría un liturgista, un pastoralista, un teólogo, o, incluso, un historiador. No cabe duda que debemos tener en cuenta su punto de vista. Nuestra postura científica es distinta y propia, lo más objetiva posible: desde la etnografía, la etnología o la antropología cultural.

Un cofrade de Semana Santa se analiza desde la etnografía describiendo su vestimenta, los instrumentos o complementos que lleva, los movimientos que le definen en la procesión… Desde la etnología se busca la coherencia de lo descrito en la etnografía, se interpreta la función del cofrade en el grupo, su caracterización frente a otros tipos de cofrades, etc. Y desde la antropología se concluye este análisis buscando el sentido humano último del ser cofrade, la importancia que en su identidad tienen el mensaje cristiano, la muerte, el sufrimiento, el compromiso social, en fin, los valores que lo definen.

III.      Un instrumento de caracterización cultural: el perfil del hecho religioso. Análisis del signo religioso, la unidad semiótica.

Probablemente el mejor tratamiento metodológico que se puede hacer del hecho religioso sea con el concepto de símbolo o signo, desde la comprensión del ser humano como animal comunicador, cargado de sentidos o significados.

Esta metodología semiótica también es seguida por Eugenio Trías en su libro “La Edad del Espíritu” (Ediciones Destino, Barcelona,1994). En este trabajo interpreta el hecho religioso humano como el proceso de formar el símbolo, un proceso que lleva al ser humano al acontecer simbólico, al momento en el que se juntan las dos partes que lo componen, lo simbolizante y lo simbolizado. El ser humano tiene un significante, que podemos entender como su propia vida, la realidad tal cual es, una realidad que busca significado. La religión es la cita donde el significante (la vida, la propia realidad) se encuentra con un significado, el encuentro entre lo simbolizante y lo simbolizado, el acontecer del símbolo…

En este mismo contexto trabajamos la Religiosidad Popular, entendida como lenguaje, como hecho comunicativo. Pero utilizamos el término signo,signo cultural, en vez de símbolo, por parecernos menos comprometido y más operativo.

Esta es la hipótesis de trabajo: La cultura es la manifestación propia del ser humano, por ello puede estudiarse como un fenómeno comunicativo. El hecho religioso, la Religiosidad Popular en concreto, que es parte de la cultura humana, puede estudiarse también como un fenómeno comunicativo. Vayamos a ello.

Presentamos, en primer lugar, una caracterización de los principales aspectos que puede ofrecer un hecho religioso, y que intervienen decisivamente en el tema que tratamos:

Lo canónico y oficial, frente a lo popular, espontáneo, creado por el pueblo.

Lo teológico y racional frente a lo irracional, sentimental, e incluso supersticioso y mágico.

(Perfil 0. El signo religioso. Ver la página de este blog “Perfiles semióticos de la Religiosidad Popular”)

Visualizamos estos caracteres por medio de dos coordenadas, de modo que definimos el hecho, el signo religioso, como un punto expansible,tensionado por fuerzas dialécticas que le dan un perfil distinto,según la fuerza que más prevalezca.

Las dos coordenadas representan el significante, tensionado por lo canónico y lo popular, y el significado, tensionado por lo teológico y lo irracional.

Lo canónico, oficial, es el modo reconocido como debe hacerse la liturgia, el rito oficial, en nuestro caso, lo que se desprende de los diversos directorios que publica el Magisterio de la Iglesia.

Lo popular, espontáneo, creación del pueblo, es la asimilación propia que hacen los “fieles”, la encarnación concreta de la fe en gestos propios del pueblo.

Lo canónico (C) y lo popular (P) forman la coordenada del significante, “lo que se ve”.

Lo teológico, racional, es la exposición sistemática y razonada de la fe, el CREDO, el mensaje cristiano conceptualizado.

Lo irracional (no entendido como absurdo, sino como otro modo de comprender la realidad), lo sentimental, devenido, a veces, en magia y superstición (uso interesado y mecánico de las ideas religiosas), es la asimilación que, a veces, se hace de la fe desde las posibilidades intelectuales y culturales que tiene cada pueblo o cada individuo de ese pueblo.

Lo teológico (T) y lo irracional (I) forman la coordenada del significado, el sentido del signo.

Por lo cual, nos resultan 15 perfiles originados por las diversas tensiones que provocan los extremos de cada coordenada. Esos 15 perfiles definirán otros tantos hechos religiosos o “presuntamente religiosos”, dentro de los cuales distinguiremos algunos que solemos catalogar como pertenecientes a la Religiosidad Popular.

A su vez, distinguimos 6 perfiles “virtuales”, aquellos que no pueden ser considerados signos porque sólo aparece tensionada una coordenada o una parte de esa coordenada.

Y 9 perfiles reales, donde se desarrolla el signo por medio de las dos coordenadas, el significante y el significado.

A/  Perfiles “virtuales” donde sólo se insiste en el significante.

(Perfil 1)

Tensionar el extremo popular del significante. Usar un signo religioso de modo original, estético, profano: “Llevar una cruz como pendiente en la oreja”, “hacer la primera comunión por lo civil”.

(Perfil 2)

Tensionar el extremo canónico del significante. Presentar un signo religioso en su estricta forma: “Enseñar en clase de liturgia el modo correcto de hacer una genuflexión…”

(Perfil 3)

Tensionar los extremos del significante. Un hecho religioso donde resaltan sus aspectos contradictorios, canonizando lo popular o popularizando lo canónico. Es un perfil propio de la Religiosidad Popular: “Coronar oficial y canónicamente una Virgen particular, una devoción mariana particular y popular”

B/ Perfiles “virtuales” donde sólo se insiste en el significado.

(Perfil 4)

Tensionar el extremo irracional del significado. Es frecuente en el ámbito de la Religiosidad Popular. Usar algo con intención mágica: “La bolsa de las reliquias (bolsita de cuero llena de objetos mágicos y religiosos) usada como protectora en los partos de personas y animales”.

(Perfil 5)

Tensionar el extremo teológico del significado. Quedarse exclusivamente en la conceptualización del contenido religioso: “Una conferencia o clase de teología sobre el credo”.

(Perfil 6)

Tensionar los extremos del significado. Situación contradictoria, frecuente en la Religiosidad Popular, donde se valora a la vez lo teológico y lo irracional: “La creencia antigua según la cual en el rito del bautismo los padrinos no debían equivocarse en el rezo del credo para que el niño/a no tuviera problemas en un futuro cuando empezara a hablar”

C/ Perfiles con un extremo tensionado en cada coordenada del signo religioso.

(Perfil 7)

Tensionar el extremo popular del significante y el extremo teológico del significado. Situación propia de la Religiosidad Popular: “La oración al vestir al niño/a recién bañado antes de acostarlo, presentada en el apartado II, cargada de un contenido teológico exagerado, y probablemente incomprensible para quien la recita”.

(Perfil 8)

Tensionar lo popular del significante y lo irracional del significado. Así aparecen los signos más problemáticos de la Religiosidad Popular: “El asalto a las andas de la Virgen del Rocío en la madrugada de su fiesta, antes de comenzar la procesión”.

(Perfil 9)

Tensionar lo canónico del significante y lo irracional del significado. Utilizar gestos, ritos religiosos, con sentido mágico: “La señal de la cruz repetida varias veces por los futbolistas al saltar al terreno de juego”

(Perfil 10)

Tensionar lo canónico del significante y lo teológico del significado. Cualquier hecho religioso “sin pueblo”: “Una misa rezada, celebrada por el sacerdote en solitario, sin participación de nadie”.

D/ Perfiles con los dos extremos del significante tensionados y un extremo del significado.

(Perfil 11)

Tensionar lo irracional del significado y los dos extremos del significante. Situación de Religiosidad Popular: “Los danzantes de la procesión del Corpus, una manifestación canónica y popular, donde un enmascarado, por ejemplo el birria de Tábara (Zamora), dirige a los danzantes y realiza una serie de ritos dentro de este acto religioso”.

(Perfil 12)

Tensionar lo teológico del significado y los dos extremos del significante. Situación ideal para los que desconfían de cualquier atisbo de magia o superchería en una celebración religiosa: “La procesión del Corpus realizadasin manifestaciones extrañas a la liturgia oficial, con la custodia bajo palio procesionando por las calles del pueblo”.

E/ Perfiles con los dos extremos del significado tensionados y un extremos del significante.

(Perfil 13)

Tensionar lo popular y los dos extremos del significado. Situación de Religiosidad Popular: “Una pastorada, una cordera o una dramatización popular que se representa en la Misa de Navidad”

(Perfil 14)

Tensionar lo canónico y los dos extremos del significado. Situación del ámbito de los “profesionales de la religión”, donde lo popular queda alejado, aunque lo sentimental e irracional se puede exagerar: “Las devociones particulares de una comunidad, congregación u orden religiosa”

F/ El perfil total.

(Perfil 15)

Tensionar todos los extremos de igual modo. Podría ser una situación ideal del hecho religioso, cargada de sentimiento, que llegue al corazón, pero con sentido teológico claro, realizada dentro de un marco litúrgico oficial, pero llena de espontaneidad popular: “Los encuentros multitudinarios del Papa con los jóvenes”.

Todo lo expuesto sobre los perfiles del hecho religioso pretenden ser una guía de análisis, por tanto, los ejemplos apuntados están abiertos a revisión, y a ser sustituidos por otros más claros que el lector de estas líneas puede descubrir.

Creemos que el instrumento es válido para ayudar a discernir el hecho religioso, y más en concreto, las manifestaciones de Religiosidad Popular.

I.      Un modelo de comprensión cultural: Los Lenguajes Culturales.

En el punto anterior hemos desarrollado una técnica entendiendo las manifestaciones o hechos religiosos como signos, unidades culturales dimensionadas por un significante y un significado en permanente tensión dialéctica.

Por este mismo camino va la segunda propuesta, con una visión más global y totalizadora: Comprender la cultura como un sistema de comunicación, como un lenguaje total, y situar la Religiosidad Popular en ese sistema o lenguaje total.

La nueva hipótesis de trabajo es la siguiente: En la cultura se descubren códigos culturales que generan o desvelan signos culturales, los cuales forman lo que llamamos Lenguajes Culturales.

Los estudiosos de la  Antropología Cultural suelen delimitar dos o tres grandes ámbitos culturales. Proponemos tres: el ámbito ecológico, el ámbito social y el ámbito tradicional.

Los códigos culturales pueden ser: código ecológico, social y tradicional, los cuales generan signos que dan lugar a los diversos Lenguajes Culturales:

  • El Lenguaje ecológico: el ámbito de los signos culturales generados por la relación con el medio.
  • El Lenguaje social: el ámbito de los signos culturales generados por la relación entre los seres humanos.
  • El Lenguaje tradicional: el ámbito generado por los conocimientos, las ideas y las creencias de los seres humanos. Este es el lenguaje donde situamos, en principio, la Religiosidad Popular y el hecho religioso en general.

Y decimos “en principio”, porque todo signo cultural se puede entender desde los tres lenguajes, ya que la cultura es un todo, no un conjunto de formas o manifestaciones estancadas y perfectamente separadas.

Cada código tiene unas reglas para generar signos:

  • El código ecológico por medio de las reglas de adaptación al medio y de aprovechamiento del medio genera signos culturales como el pan de trigo, el vino de la vid, o el aceite del olivo, productos de la cultura mediterránea, tan determinantes en los ritos religiosos, por ejemplo.
  • El código social por medio de reglas como la propiedad, lacooperación, la identidad y la cohesión genera signos culturales como la definición de la tierra adscrita en propiedad a una cofradía, a una ermita, el uso comunal de praderas, la reunión del pueblo al acto religioso de la bendición de campos, etc…
  • El código tradicional, que llamamos así por ser el precipitado, el poso último de la cultura, lo que se transmite de generación en generación (la tradición) tiene reglas de comprensión de la realidad desde el punto de vista científico-técnico, moral, filosófico, estético, religioso, mítico, mágico, etc… Estos diversos modos de comprensión son laseguridad de vida de este pueblo, y por tanto la fidelidad a ella es fundamental para la supervivencia.

Tomando como ejemplo la Bendición de Campos que en todos los pueblos antiguamente se hacía, y hoy en algunos todavía se hace, vemos que este signo cultural, un hecho religioso, un signo religioso, hunde sus raíces en el lenguaje ecológico, porque se bendicen los campos de trigo, el cereal que mejor se adapta a las tierras de la llanura castellana, y que va a dar origen al pan, el alimento más importante de la antigua dieta de muchos campesinos, y uno de los elementos fundamentales de la Eucaristía. También lo descubrimos desde el lenguaje social, porque la Bendición de Campos es una manifestación del grupo interesado en resolver un posible problema. De hecho van los más interesados (incluso no creyentes). Los que no se sienten obligados se abstienen de ir: en un pueblo de Zamora nos confirmaba un informante que antiguamente a la Bendición de Campos sólo iban los amos de las tierras, los propietarios o renteros, porque a los criados, a los que no tenían tierras, “no se les perdía nada”. Y por último, se comprende en el Lenguaje Tradicional, por ser una manifestación religiosa de protección, aunque también cargada de cierta comprensión mágica, ya que, como nos manifestaron en un pueblo de Soria, los pastorcillos corrían a quitar las crucecitas de cera incrustadas en las grandes cruces de madera situadas donde se hacía la Bendición de Campos, para llevarlas a sus cuadras o parideras de ovejas y que sirvieran de protección contra el rayo, el lobo o cualquier otro mal.

La Religiosidad Popular, entendida como signo cultural en cada una de sus manifestaciones, hay que interpretarla, discernirla dentro de la cultura, entendida ésta como un Lenguaje total.

(Un desarrollo más preciso de este último apartado puede encontrarse en el libro de este mismo autor “El ciclo del Pan en un municipio sanabrés”, Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana 3, Editorial Semuret. Zamora 2003).

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