Posteado por: lenguajesculturales | enero 15, 2011

CORRER EL GALLO. La plenitud de la mocedad. Mitad del siglo XX. EL CICLO VITAL. La Guareña zamoranan. Guía cultural


CORRER EL GALLO. La plenitud de la mocedad.


El segundo rito de paso que marcaba la plenitud de la mocedad en los varones era la corrida del gallo. No todos los pueblos de La Guareña conservan esta tradición, pero en casi todos hemos encontrado el testimonio de tan antigua costumbre.

Se ha escrito ya mucho sobre la fiesta de correr los gallos no solo en las páginas de la prensa diaria sino también en estudios etnográficos tanto divulgativos como científicos. La costumbre está documentada en muchos pueblos de la península ibérica.

La Opinión de Zamora (y años atrás El Correo de Zamora) se ha hecho eco con mucha frecuencia de las celebraciones anuales del gallo en Castrogonzalo, Villamor de Escuderos, El Pego, etc. y, sobre todo, en el pueblo que con más tesón ha mantenido la tradición de correr el gallo, Guarrate. Tal vez lo que ha provocado m s de una vez que la fiesta del gallo fuera noticia destacable haya sido el hecho de colgar el gallo vivo o la misma prohibición gubernativa para impedir que los mozos dieran el espadazo mortal (26).

Como en el mayo, los quintos del año eran los protagonistas de este acontecimiento. Nos vamos a guiar también en este rito de paso de “mozo sin reconocimiento público a mozo públicamente reconocido” por las tres etapas que nos sirvieron para comprender la costumbre de plantar el mayo: situación previa, situación agónica o de prueba y reconocimiento público del nuevo estatus.

Situación previa.

Los mozos quintos, por imperativo de la edad y de la costumbre estaban obligados a decidir si llevarían a cabo “la hazaña” de correr el gallo. Es obvio que siempre estaban dispuestos: la satisfacción, el prestigio, la ilusión, el deber de correr el gallo se imponía a cualquier dificultad. Era la fiesta de los quintos.

La fecha de este acontecimiento variaba entre los meses de Enero y Febrero, con una cierta tendencia a hacerlo coincidir con el día de San Antón, patrono de los animales. Así lo hacían Cañizal, Castrillo, Olmo y Fuentelapeña. Guarrate en el último domingo del mes de Enero. Bóveda de Toro el segundo domingo del mes de Febrero. Villaescusa el Domingo Gordo del Carnaval… En fechas similares lo celebraban en Argujillo, San Miguel de la Ribera, El Pego, etc.

El lugar era el m s apropiado que pudiera tener cada uno de estos pueblos: donde pudieran colocarse los postes o las argollas para la cuerda que sostenía el gallo y donde pudiera reunirse un gran número de vecinos a presenciar este sacrificio ritual. En Cañizal en el camino de la ermita, en Castrillo cerca de la iglesia, en Olmo en una calle al final del pueblo, en Villaescusa en el “Campo Sobrino”, en Fuentelapeña ” por el camino San Gregorio”, en Guarrate en una calle “por debajo de las bodegas”, etc.

En el lugar elegido se colocaban dos postes entre los que se tensaba la cuerda donde se colgaba el gallo. Si era una calle solía haber un punto de enganche permanente de un año para otro.

“Ahí en la calle de Concha, por debajo de esas bodegas, en una casa hay una argolla en la pared, que eso es una reliquia, tendrá  los años que tenga, y es donde se cuelga la maroma todos los años, la maroma del gallo.” (Guarrate)

La fiesta del gallo tenía unos preparativos que corrían a cargo de los mozos: su organización interna como grupo (determinar quién es el capitán, el teniente, el resto de números, y el gracioso), la colecta entre los vecinos del pueblo para pagar los gastos de la fiesta, la preparación de la relación del gallo y el relacionero que la iba a componer, los ensayos de la relación, etc. A su vez, las madres habían escogido ya el gallo para la ocasión, lo habían alimentado y cuidado bien y estaban dispuestas a preparar la cena del acontecimiento.

“El gallo era na más que para un quinto, cada quinto su gallo. Y cada madre buscaba todo el año el gallo más bonito, y luego se cebaba hasta lo último. Y a ver qué gallo era más bonito, y se le ponía un lazo. El gallo era sagrao en la casa. Y si no te había salido un pollo bonito pues ibas a la vecina: Mira a ver, decía, que me corre el hijo el gallo, a ver si tienes uno bueno. Fulanita tenía un gallo blanco, precioso, y llovió la víspera o la antevíspera, y se riñeron dos gallos y se manchó… todo el gallo manchado. Pues lo lavamos bien lavado y lo secamos ¡con un secador!… para que estuviera bonito. Pasaba el gallo un buen año para pasar una mala tarde.” (Guarrate)

La organización interna del grupo de mozos se establecía siguiendo el escalafón militar. Repartían las funciones por sorteo o por la edad. En la corrida del gallo también podía haber un gracioso, que en Bóveda era el más joven de la quintada y en Guarrate otro vecino distinto del grupo.

“El quinto mayor de edad tenía el privilegio de mando y organización de todos los actos… El más pequeño era el demandadero del grupo. El quinto mayor hacía de capitán y como tal vestía de uniforme, seguido en orden de edad también en graduaciones hasta el más pequeño, cuyas intervenciones eran de crítica graciosa.” (Bóveda de Toro)

Los quintos necesitaban dinero para organizar la fiesta, pagar los bailes, etc. Como en otras ocasiones, se recurría a la cuestación vecinal. Las paisanos del pueblo colaboraban con los mozos, sabiendo que tarde o temprano algún hijo de ellos haría lo mismo y todos se portarían de igual modo.

“El más pequeño de edad hacía de alguacil, y en este día de petición portaba la botija de arcilla, donde se introducían las monedas por una hendidura que previamente habían hecho, y que al terminar la colecta la rompían para recobrar lo adquirido, otros dos portaban la vajilla donde depositaban los comestibles y otros garrafas para los líquidos. Con todo esto obsequiaban a otros mozos y vecinos, así como con el dinero pagaban las orquestas que contrataban para los bailes, serenatas y otros actos animados con música.” (Bóveda de Toro)

En Guarrate la colecta se hacía después de pasar el día de correr el gallo. Esta cuestación era llamada “pedir el manojo”.

“El baile de la noche no se pagaba, ni el lunes, porque eso lo pagaban los familiares de los quintos. Ajustaban la música y luego pedían el manojo. Una noche salían a pedir el manojo todos. Después de pasar esto, que ya era la despedida de esa quinta, pues salían a pedir el manojo. Unos les daban el manojo, que enúsica.” (Guarrate)

También había quienes cargaban con todos los gastos sin pedir ayuda a los vecinos.

“No pedían a nadie, lo pagaban ellos, los quintos. Tuvimos que ir a buscar la música a Olmo y a Vallesa.” (Cañizal)

La preparación incluía también memorizar y ensayar la relación que el día del gallo debía recitar cada quinto. Los ensayos se hacían en un lugar apartado para no desvelar el contenido de la relación.

“Las relaciones eran largas, cada uno decía una. La relación la saca una persona (la escribe) y luego la dice el quinto. Antes esto era como un rito. Se tiraban el mes de enero ensayando. Se tenía por costumbre el día de Reyes tenerla dada a todos los quintos su relación. El día de Reyes se leía, y a partir de dos o tres días se empezaba a ensayar con ellos. Era muy curioso, se tenía por costumbre ir a la bodega. Los quintos sorteaban quién iba ser el capitán, el teniente o los demás números, y luego el gracioso, que no tenía nada que ver con la quinta. Se iba a ensayar a la bodega. Allí se ponía encima de un cesto, de estos de ir a vendimiar… pues como si fuera el caballo, y se tenía que montar en el cesto que estaba tumbao…”

Las familias que estaban de luto podían asistir al último ensayo, ya que su luto les impedía acudir a la fiesta. Si el luto era riguroso, los mismos quintos iban a la casa a recitar la relación días después de correr el gallo.

El día del gallo.

El día de la corrida del gallo era una gran fiesta para todos los vecinos. Era el día de los quintos. El comienzo de la prueba, la parte fundamental del rito de paso, se hacía como en el resto de fiestas: una comitiva salía desde la casa de uno de los protagonistas recogiendo a todos los demás hasta llegar al más importante, en este caso el capitán.

“El último número era el primero que se montaba en el caballo, en su casa, y desde allí a buscar a otro, y hasta que no se llegaba al teniente, que era el segundo del sorteo no iba la música, que antes era una banda que había en el pueblo. Luego el teniente se iba con la banda de música a buscar al capitán. Esto hay pueblos que se hacía por edad, aquí lo hacían por sorteo el día de la Purísima.” (Guarrate)

En Villaescusa la fiesta del gallo era protagonizada por un grupo de mozos y mozas. No era propiamente fiesta de quintos. Todos formaban la comitiva, las mozas andando, vestidas con mantones de Manila, y los mozos a caballo vestidos con traje militar…

“… y la banda de música tocando un pasodoble. Llegábamos al Campo Sobrino, dejábamos los mantones de Manila, y las mozas nos montábamos en los caballos detrás. Y corríamos el pueblo con los caballos…” (Villaescusa)

Antes de llegar al lugar de la corrida de gallos pasaban por la casa del alcalde para pedir permiso. Realizado este acto, todos los quintos vestidos de militares, “pero de militares antiguos”, y montados en sus caballos, llegaban al lugar establecido. La montura también podía ser una mula o un burro, todo dependía de las posibilidades de los participantes. El caballo era el mejor animal para realizar una carrera vistosa y  gil. El gracioso montaba  un burro  para contrastar con el resto de protagonistas.

Cada mozo  recitaba con solemnidad su relación, primer momento de máximo interés para el numeroso grupo de vecinos que habían acudido a presenciar la hazaña de los quintos. La relación se debía componer de tres partes: el saludo al pueblo y a las mozas, el núcleo central sobre las fechorías del mozo y su familia que se atribuir n al gallo, y el juicio final con sentencia de muerte del gallo. El saludo al pueblo poda ser serio:

“Pueblo natal, villa austera,

aldea donde cualquiera

practica el bien, no el mal,

donde por lema o ideal

existe sólo el amor…”


O podía ser gracioso y crítico:

“Burda y fea a mi entender

por rutinaria y sobada,

la salutación usada

que yo no quisiera hacer…

solo, solo al forastero

sea al pueblo bienvenido…”


El saludo a la moza o mujer podía ser serio:

“Ya sabéis que es labradora,

que en el trabajo se afana,

que es buena, honrada cristiana,

que es tranquila y soñadora…”


O podía ser tomado a broma:

“Peca de poco galante

quien quizá obrando con tino

sobre el sexo femenino

no habla nada en este instante.

Es el tema tan cargante

y tanto se ha dicho de él

que, la verdad, tal papel

yo quisiera soslayar

y mucho m s si al hablar

soy a lo que me siento fiel.”


(Wenefrido de Dios. Guarrate)

La parte central relataba aspectos de la vida del mozo, pero en muchas ocasiones era sobre todo para burlarse de los defectos de algún familiar o amigo, o de algún hecho que, aunque del dominio público, no podía ser contado abiertamente. Un atrevido fragmento hecho en los últimos años es el siguiente:

“Seguro estáis esperando

deleitaros con las voces

del diccionario de Tina,

pero hoy no habrá coces,

se nos ha vuelto muy fina.

Ha desterrado los, coña,

anda mal rayo te parta,

animal, cacho mamón,

quita de ahí, so pendón,

cojona, me tenéis harta.

Me dijo en cierta ocasión:

Si alguien se te pone chulo,

no vayas a ser garrulo,

Juanín, con educación,

mándalo a tomar pol culo.”


(Relación de Juan Pascual Rosón. Guarrate. 1994)

Por último se decretaba la muerte del gallo, dictando sentencia aprobada por el capitán:

“¿Puedo hacer la ejecución,

capitán, jefe de audiencia?

(Capitán:) Has dictado su sentencia.

Desenvainad escuadrón.”

“La sentencia está cumplida.

te llegó la ejecución.

A prepararse escuadrón (DESENVAINA)

acabemos con la vida

del miserable ladrón”.


Después de la relación venía el segundo momento más esperado por los presentes. El mozo, montado en su caballo al galope, ejecutaba la sentencia de muerte del gallo. La acción tenía cierta dificultad, ya que dependía de la costumbre según la cual se mataba al gallo vivo  colgado pico abajo. Unos solo pretendían darle un buen sablazo (Guarrate), otros querían cortarle la cabeza (Castrillo), y otros intentaban agarrar al galope la cabeza para arrancársela con la fuerza de la carrera (Cañizal).

Además, se hacía más difícil la prueba si un paisano tiraba de la cuerda en el momento que pasaba el quinto, de ese modo el gallo era elevado hacia arriba alejándole del alcance del mozo. Cada mozo “echaba su relación” y se lanzaba después a matar a su gallo.

El núcleo de este rito de paso era a su vez un rito sacrificial, como ya lo ha descrito en otras  páginas Francisco Rodríguez Pascual: el gallo asumía las culpas del mozo y con su muerte le libraba de ellas, podía entrar en el nuevo estatus, comenzaba una nueva vida (27).

La nueva situación.

El rito de paso se cerraba en la cena del gallo. Los mozos, con o sin familiares, se reunían al final del día para celebrar su nueva situación.

“Si había ocho o nueve quintos, pues ocho o nueve gallos, y luego todos a comerlos entre todos. Ya sabíamos la madre que los guisaba mejor… y a comerlos a la bodega, que ya sabíamos también dónde había buen vino…” (Cañizal)

“Cada madre llevaba una tacita de alubias a casa del capitán, que era donde se hacía la cena, y luego pelaban el gallo, que ya venía muerto de donde se corría.  A la cena iban dos de la familia del quinto.” (Guarrate)

Los quintos pasaban la noche juntos, en un pajar o en una bodega. En algunos pueblos la fiesta continuaba al día siguiente corriendo el bollo casa por casa. Recogían todos los dulces que les habían ofrecido y volvían a la bodega a merendar. Como era costumbre, todo se acababa con un baile pagado por los mozos de la quinta.

Nuestros informantes recuerdan que esta fiesta comenzó a desaparecer a partir del final de los años treinta, coincidiendo con la guerra civil española. Por un lado, la situación social no estaba para muchas fiestas. Más tarde, se hizo difícil disponer de caballerías adecuadas para esta fiesta, y, por último, algunas groserías y degeneraciones facilitaron su olvido.

Tiraban de la cabeza del gallo, y el que se la arrancaba se la tiraba igual allí… a las muchachas, y se llenaban de sangre, en el vestido nuevo…”

“Y un año pusieron un gato, en vez de un gallo…”

Antiguamente la mujer, la moza, no participaba en la fiesta del gallo. En Villaescusa las mozas participaban, pero no era propiamente una fiesta de quintos, sino un carnaval. También hacían relaciones, dialogando un mozo con una moza:

Mozo:

“Soy rico y bondadoso,

tengo mucho capital,

engo mucho dinero,

no lo pasaremos mal”

Moza:

“Pues si eres rico y bondadoso

y tienes buen capital,

acuérdate de los pobres

que están sentaditos

en su hogar…”


La relación de Villaescusa era un desafío entre el mozo  la moza, más cercana a la sanantonada (breve ripio que se escribían los mozos a las mozas alrededor del día de San Antón) que a la relación de los gallos antes descrita.

Hoy las mozas participan en la fiesta del gallo, no corren el gallo normalmente (en algún pueblo ya lo han hecho), pero participan económicamente y protagonizan el resto de actos. Su presencia no solo da m s vistosidad, sino también aumenta el número de quintos, ahora quintos y quintas, impidiendo que la tradición desaparezca.

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