Posteado por: lenguajesculturales | agosto 31, 2010

Impresiones de los que visitaron Sanabria al comenzar el siglo XX. Sanabria. Guía cultural.


IMPRESIONES DE LOS QUE VISITARON SANABRIA AL COMENZAR EL SIGLO XX.

  1. Artículos de EL HERALDO DE ZAMORA en el primer  decenio del siglo XX.

Para iniciar estos testimonios tomaremos un artículo publicado en EL HERALDO DE ZAMORA el día 4 de Noviembre de 1904.No se refiere a Sanabria, pero la descripción encaja con lo que el articulista podría haber visto en Sanabria. Es la descripción de una jornada de invierno en un pueblo posiblemente del oeste zamorano.

Crónica. Pueblos Muertos. No olvidar‚ la noche aquella interminable como un simulacro de los eternos castigos. Metido en la cocina de la casuca, por cuya chimenea bajaban heladas gotas de agua que chisporroteaban al caer sobre las mortecinas brasas del hogar, y echado sobre el duro escaño de la cocina tuve que pasar el tiempo que transcurre desde la puesta hasta la salida del sol. No fue ciertamente salida del sol aquel alborear de un día tristón de invierno con brumosidades de llovizna… Durante la noche había observado por dentro la vida de aquel pueblo; había dormido en el mejor aposento de una casa, la cocina; sobre la mejor cama, el escaño de madera… El mundo para estos pueblos está  limitado al término  municipal y cuando más a la distancia que les separa de la capital de provincia; de aquí que los adelantos de arte y ciencias, las aspiraciones y revueltas de las multitudes y los acontecimientos importantes no traspasen las fronteras de la silenciosa aldea. Llegan a ella sus efectos; el impuesto, el apremio del fisco; pero esto los aldeanos lo satisfacen con pena, privándose quizá  de un pedazo de pan dispuesto para la frugal comida del siguiente día; lo pagan callando, seguros de que la fuerza les quitaría lo que se negaran a satisfacer de grado. Qué tristeza se apoderar  de aquellas almas sencillas y de facultades atrofiadas si supieran que aquel trozo de pan podía haber sido arrancado por el ardid político, el encastillamiento de una soberbia autoritaria o el triunfo de una mayoría parlamentaria rebuscadora del oro de los humildes, para fabricar su pedestal político. Pero no hay cuidado; los pueblos muertos  no resucitarán; el surgir a la vida significaría la muerte de los poderosos, el aniquilamiento de los soberbios, y la soberbia y la fortuna son rivales invencibles.

C. Rodríguez Díaz.”

El artículo es trágico y pesimista. Presenta la vida por dentro de una aldea zamorana como un muerto que no va a resucitar. Está  escrito desde la perspectiva del regeneracionismo vigente  entre algunos pensadores de la época y quiere descubrir

las causas de la ausencia de progreso en las aldeas de España. Aislamiento, tradición, miseria, mala alimentación, poca cultura, sometimiento… eran las impresiones que recibían muchos de los que recorrían los pueblos de Zamora con mirada crítica, y seguramente lo hubieran apreciado en cualquier municipio sanabrés donde también “el mundo… está  limitado al término municipal“.

El corresponsal de EL HERALDO DE ZAMORA en Puebla de Sanabria de vez en cuando escribía algunas crónicas que revelaban la misma situación que el anterior articulista ha mostrado.

Acompáñeme por breves momentos con el pensamiento… a algunos de estos pueblos rurales de la región sanabresa que yacen olvidados enteramente de esa pomposa  civilización moderna… Veremos viviendas, en general destartaladas y pobres, de tosca construcción, baja techumbre, sin balcones y con ventanas tan estrechas que apenas cabe por su  abertura el cuerpo de un niño. Observaremos aquellas calles, torcidas, sucias, sin más empedrado que el de la Naturaleza, y a veces es tal, que en vez de calles pudieran llamarse despeñaderos. Observaremos también en muchas de nuestras aldeas que lo mejor de ellas son sus alrededores, y lo peor y descuidado las casas donde moran sus habitantes, como si a estos les importase más hacer productivo su trabajo que rodearse de las más pequeñas comodidades de la vida…

EL HERALDO DE ZAMORA, 20 de Agosto de 1908.

“… le acompañaría a los pueblos limítrofes (de Sanabria) y lo que en ellos apreciase lo dejo a su consideración; pues creo, y esto no lo pongo en duda, que exclamaría: ¡Me es muy difícil asegurar si los sanabreses tienen patria o viven en una selva!”

EL HERALDO DE ZAMORA, 5 de Noviembre de 1908.

El corresponsal, muy expresivo en sus manifestaciones, recalca el atraso y la falta de las mínimas comodidades de vida entre los sanabreses. Una última reseña la tomamos de un artículo publicado con ocasión de la epidemia de GRIPPE que azotó la provincia de Zamora, y España entera, en 1918. El periodista quería hacer reflexionar a los lectores sobre la verdadera realidad de  las aldeas de provincia.

“… en ella (en la aldea)… no se puede vivir. No se vive… en los pueblos abandonados y pretéritos se carece de todo y se hace una vida de tribu africana…”

EL HERALDO DE ZAMORA, 15 de Noviembre de 1918.

Basten estas citas para reflejar la situación de abandono y aislamiento de los pueblos zamoranos durante estos años del comienzo de siglo.

  1. Fritz Krüger, 1921-1922.

Posiblemente podremos leer impresiones más serenas en los escritos de Fritz Krüger, el gran investigador de la cultura sanabresa. ” Estuve en San Ciprián en el mes de Noviembre de 1921“, afirma en su trabajo sobre el dialecto hablado en San Ciprián de

Sanabria. Recorrió muchos pueblos de Sanabria y de las comarcas colindantes para dejarnos una gran obra escrita sobre la riqueza cultural de la zona. En el prólogo al estudio sobre el dialecto hablado en San Ciprián apuntaba estas observaciones que nos ayudan a situarnos en la Sanabria de los años veinte.

“… puede decirse que los pueblos de Sanabria – exceptuando los situados en carretera – casi no experimentan influencia alguna de los centros de la provincia.”

Krüger(1923), pág.9

Hoy día circulan automóviles por la carretera; hasta hace poco sólo circulaban diligencias.”

Idem, pág.9

Sanabria es pues una comarca aislada de la provincia de Zamora, que vive su propia vida.”

Idem. pág.9-10.

En invierno la montaña es intransitable.”

Idem. pág. 13.

Es raro el caso de encontrar viandantes que vayan de un pueblo a otro, limitándose los vecinos a trabajar, cada uno por su cuenta, en sus propios campos, o a apacentar el ganado en los montes comunales del pueblo…. sólo el lunes se observa verdadera emigración de gentes por celebrarse en aquel día el famoso mercado del Puente.”

Idem. pág.10.

“Convenía dar esta noticia general… de la posición geográfica, de las vías de comunicación y de las relaciones interiores y exteriores de Sanabria, para            explicar el carácter conservador que distingue a la mayor parte de los pueblos de Sanabria.”

Idem. pág.11.

” Con todo, ofrece S.C. (San Ciprián) un definido carácter de primitividad, tanto en sus costumbres y  tradiciones como en su cultura material. La forma de la casa, aunque no tan tosca como la de Rivadelago, ofrece todos los rasgos de las construcciones primitivas; la vida se desarrolla en formas elementales, totalmente subordinadas a las condiciones que impone la naturaleza dura, y la cultura general, aunque no halla absolutamente nada de malicia o anormalidad de inclinaciones, en los vecinos se halla a un nivel bastante bajo, contribuyendo todos estos elementos a dar al pueblo un carácter de sencillez y de originalidad en los conceptos y manifestaciones de la vida, que más que repugnante resulta atractivo para el que objetivamente considera la condición de aquella gente laboriosa.”

Idem. pág. 14.

“Viven los vecinos de San Ciprián exclusivamente del pastoreo y de la agricultura. Intervienen en estas labores tanto el hombre como la mujer, de constitución fuerte, rústica en el sentido propio de la palabra, como las numerosas criaturas de cada familia. Toda su vida se desarrolla como un círculo cerrado; puede decirse que tiene algo de patriarcal. Todo lo que se consume se produce en la propia tierra; todo lo que se necesita, sea para los trabajos campestres, sea para el uso doméstico, se elabora en el mismo pueblo. No hay casi nada que se traiga de fuera. Bastan para las comidas los modestos productos de la tierra y los pocos cerdos que anualmente se matan en los meses de invierno; se muele el centeno en los típicos molinos que se hallan a pocos pasos del pueblo, a orillas de los ríos que bajan de la sierra; se cuece el pan en el horno de cada casa o en el del vecino; proceden los vestidos de una larga serie de manipulaciones caseras del lino o de la lana; fabrícanse los carros, los arados y todos los demás utensilios (como también los zapatos) por los mismos labradores. No hay artesanos EX OFICIO.”

Idem. pág.15.

“Son ratos de recreo £nicamente aquellas horas de la noche que pasa la familia alrededor del hogar, de la LAREIRA, cantando e hilando las mujeres, mientras relatan los hombres historias de la vida del monte, de la caza y del lobo… El cultivo de los campos y el pastoreo absorben todas sus fuerzas. Así es que los muchachos y muchachas raramente asisten a la escuela, resultando que la enseñanza es casi nula en los mesespropicios a los trabajos campestres (es decir, durante  tres cuartos del año) e insignificante durante el resto del año.”

Idem. pág.15.

Estas impresiones entresacadas de uno de los escritos de Krüger son un buen resumen de la vida tradicional sanabresa. La mayoría de ellas podrían ser referidas cualquier municipio sanabrés. Krüger no tiene el pesimismo de los cronistas anteriores. Ve las cosas desde el punto de vista del investigador que pretende ser objetivo. El transmite un visión más serena y menos trágica, no diremos más real, porque seguramente la realidad de Sanabria en la primera mitad del siglo XX nos la dar  el conjunto de todos los testimonios. Resalta la vida laboriosa, tradicional y ordenada como un valor importante de estas gentes, y no como una tara que los deja al margen de la historia.

  1. El padre César Morán, 1928.

El padre César Morán, en el verano de 1928, pasó por estas tierras, y, de modo disperso, nos dejó algunas impresiones que transcribimos a continuación.

“Se ven algunos carros célticos primitivos, cuyas ruedas no son radios, sino de pocas piezas y casi macizas.”

Morán, C. (1986),pág.41.

“Seguimos viendo medas, ya más bien de centeno que de trigo, mujeres hilando a las puertas de las casas, carros célticos y escaleras por fuera de las casas.”

Idem. pág. 47.

“Se ven trajes masculinos y femeninos de paño casero grueso y sin teñir, del color nativo de la lana, trajes que se asemejan más a los que llevaron nuestros abuelos los celtas… Da pena ver a las muchachas de  aquí pasar calzadas con pesados zapatos que tienen piso de madera y hacen gran ruido por las losas de la calle.”

Idem. pág.50.

“Las mujeres cuidan sus ganados, sus vacas y sus cerdos; van hilando; visten chambra, mantón cruzado ante el pecho, mandil, saya remendada y pañuelo arriba atado en la cabeza.”

Idem. pág.50

“Los árboles que por aquí abundan son castaños gigantes, bosques de robles, fresnos, negrillos, cerezos, escobas y urces. El ganado es de cabras, ovejas, yeguas y vacadas que se mantienen en la sierra durante el verano y en la cuadra durante el riguroso invierno.”

Idem. pág.63.

“Los caminos que dan acceso al pueblo son los mismos que se utilizaban hace dos o tres mil años, verdaderamente prehistóricos.”

Idem. pág.66.

“…recogen sus cosechas en los prados y en las tierras, para mantener la familia, para sostener sus ganados cuando el invierno extienda sus blancas alas de nieve por llanos y montañas… Los viejos que no pueden trabajar toman el sol delante de las casas, las viejas hilan, y unos y otros cuidan los nietecitos mientras los padres trabajan en la tierra, en la era, en el prado.”

Idem. pág.64.

El padre Morán tenía una gran tendencia a resaltar lo primitivo de Sanabria, tanto en la forma de presentarse las personas como en su modo de vivir y trabajar. Para él Sanabria era una región que había que estudiar y “meter las manos hasta los codos en esta gloriosa aventura” por las posibilidades de investigación que ofrecía “desde el punto de vista filosófico“.

Morán,C. (1986) pág.63.

  1. 4. La Misión Pedagógica a San Martín de Castañeda. 1934.

Otro testimonio importante nos lo aportan los integrantes de la Misión Pedagógica a San Martín de Castañeda en 1934.El grupo de estudiantes madrileños quedó impresionado por la situación en la que vivían aquellas gentes de Sanabria.

“… niños harapientos, pobres mujeres arruinadas por el bocio, hombres sin edad agobiados y vencidos, hórridas viviendas sin luz y sin chimenea, techadas de cuelmo y negras de humo.”

Misión Pedagógico-social…(1935) p g.1.

La pobreza, la falta de higiene y el primitivismo son las impresiones que más se traslucen en el testimonio que dejaron escrito.

El arraigo de la tradición transmitida de padres a hijos, y la costumbre como norma de actuación  impresionaban a los misioneros pedagógicos que convivieron con los sanabreses de la primera mitad del siglo XX.

“…contra la boina (de los niños) y el moño de las niñas ( y el pañuelo en la cabeza como sus madres), los zapatos de madera herrada y las sayas y refajos hasta los pies… emprendemos una lucha sorda, persuasiva…”

Idem. pág.17.

Los niños y niñas no sólo se presentaban en su porte externo como adultos, sino también realizando e imitando tareas de sus adultos.

“Dos escenas nos impresionan profundamente. La primera es un entierro; va el cadáver en unas parihuelas, sin ataúd, envuelto en una sábana blanca, rodeado de gritos y plantos galaicos. Las mujeres, oculto el rostro en sus capotillos pardos -luto ceremonial- rezan en voz alta, vueltas de espalda, pegadas a las tapias del cementerio, tan mezquino, que donde cavan la nueva fosa saltan huellas recientes de otro enterramiento. Huele mal, a podre y a sebo de vela. Los niños pululan curiosos entre las cruces caídas, y una niña repite en falso teatro el plató dramático de las mujeres: <¡prenda,prenda! ¡perdónanos rosa dulce!> Y los ojos niños presencian cómo al darle tierra,se quita al cadáver la sábana que servir  para otra vez, y caen las primeras paletadas golpeando el rostro desnudo.

Una vaca tora es conducida por el tropel de niños al semental. Le atan a un castaño, a campo raso, junto a la iglesia, dejando cuerda para que no se escuerne en la embestida del macho. Dirigir la monta es en el pueblo tarea de los niños; saben todos los secretos, su técnica libre y a mano; les vemos excitar al toro con silbidos y latigazos en el vientre. Grupos de niñas y mozas con criaturas en brazos miran y ríen en torno a las peripecias del ataque y celo.”

Idem. págs.9-1O.

Los testimonios de los caminantes que pasaron por Sanabria al comenzar el siglo XX se repiten inalterables: aislamiento, primitivismo, pobreza, autoabastecimiento, tradición y costumbre como normas de vida…  La experiencia de nuestros informantes, que sobre todo la podemos encuadrar a partir de los años cuarenta, reduce la crudeza de anteriores testimonios, pero confirma los elementos tradicionales que definían el modo de vida sanabrés.

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