Posteado por: lenguajesculturales | septiembre 17, 2010

TARJETA DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS. Carrascal. VARAS DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS. Carbajales de Alba.


TARJETA DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS. Carrascal.

VARAS DE LA COFRADÍA DE LAS ÁNIMAS. Carbajales de Alba.

La vara de la Cofradía de Ánimas es una pieza de madera, de la altura de una persona aproximadamente, que tiene en su extremo superior una representación de “ánimas”: uno o dos torsos de personas desnudas surgen de las llamas. Son fieles penitentes, en situación intermedia entre la vida terrenal y el cielo que les espera. La vara es el símbolo de una de las cofradías más extendidas por la provincia de Zamora.

Prescindiendo de las controversias teológicas o doctrinales sobre las indulgencias y el tiempo que después de muertos pasan los fieles cristianos antes de gozar de la presencia de Dios, el pueblo ha respetado, e incluso ha desarrollado una gran devoción hacia ese grupo intermedio, liminal e indefinido, que, por estar entre la tierra y el cielo, todavía podía comunicarse con más facilidad con el mundo de los vivos. Las ánimas también forman parte de la vida del grupo rural tradicional, a la vez que ya están cerca de Dios.

“Las ánimas que se encontraban todavía en pena solían aparecerse para pedir oraciones o para que se cumpliesen algunas obligaciones testamentarias, como el rezo de misas, entrega de limosnas, etc. Las que estaban ya liberadas se dedicaban a realizar algunas funciones dentro de la colectividad… Todavía son muchas las personas, por ejemplo, que se encomiendan al ánima veladora para despertarse a una hora determinada…” (Rodríguez Pascual. 1984).

“Hay que tener mucha devoción a las ánimas, que te protegen mucho”  decía una informante zamorana, reflejando, de un modo actualizado, el primitivo culto a los muertos, que algunos científicos sociales consideran el origen de la religión.

Esta creencia, muy arraigada en el noroeste ibérico, tiene en muchos pueblos una manifestación social, la Cofradía de Ánimas, cuya función, obviamente, está relacionada con la muerte y los difuntos.

La cofradía, en general, es una institución religioso-social que refuerza, educa y fortalece la fe, y, sobre todo,  cohesiona al grupo, porque por medio de ella se solucionan problemas que individualmente son difíciles de resolver.

Muchas cofradías tienen previsto el problema de la muerte de un cofrade o hermano.

“En Videmala corresponde realizar la conducción e inhumación del cadáver a la poderosa Cofradía de la Cruz. A ella pertenece la casi totalidad del pueblo. Los niños son inscritos nada más nacer. A las mujeres, en cambio,  no se les permite el ingreso hasta cumplidos los cincuenta años. Los jueces y mayordomos de la cofradía son los encargados de señalar los portadores del cadáver y los enterradores, ya que no existe enterrador municipal retribuido”. (Rodríguez Pascual. 1984)

“Si ocurriere el fallecimiento de algunos de los cofrades, los demás hermanos tienen la obligación de asistir con una vela al funeral de sepultura y a la misa de entierro, considerándose exceptuados solamente aquellos que al toque de campana de la defunción estuvieren ausentes de la localidad y no tuvieren noticia de la defunción. Los que faltaren a alguno de esos dos actos religiosos y no estuvieren exceptuados pagarán la multa de una peseta…” “… los cargos (de la cofradía son)… dos mayordomos, dos secretarios, dos muñidores, cuatro sepultureros y cuatro llevadores.” (Cofradía del Santo Cristo de la Salud de Castrillo de Guareña. 1913).

Muchas cofradías rurales se dedican básicamente a celebrar la fiesta de su titular: víspera, aniversario, y “la abuela” o día después de la fiesta, y a acompañar, velar y enterrar al hermano cofrade que falleciera.

Pero la Cofradía de la Ánimas no tiene una fiesta. En el día de los difuntos no hay baile ni convite. Es una cofradía especializada en la muerte. En ella suelen participar todos los vecinos del pueblo.

La cofradía tiene un juez y un mayordomo, o un abad y un criado, como en el pueblo zamorano de Carrascal. Un año un cofrade es abad y otro es criado. Al siguiente, el abad cesa, el criado se hace abad y entra un nuevo vecino de criado, y así sucesivamente. La familia del difunto avisa al abad, y el abad avisa al criado para los preparativos del entierro. Los cofrades saben de la muerte de su convecino por el toque lastimero de la campana tañendo a difunto.

“Nada más conocido el deceso, lo comunicaba el sacristán a todo el vecindario mediante un toque especial de campana, al que se llamaba señal de agonía: sonaban dos esposas, si se trataba de una mujer, y tres cuando el muerto era un varón… Para anunciar la muerte de los niños… se repicaba “a gloria”. A dicho toque se le llama vulgarmente repiquete” (Rodríguez Pascual.1984).

Las viudas de la cofradía, y , en general, la gente del pueblo, velaban al difunto toda la noche antes del entierro (y hoy se sigue haciendo esta costumbre en muchos pueblos). El criado avisa a los dos sepultureros de la cofradía y las cuatro sacadores, que llevarán las andas donde colocarán al muerto. El entierro se organiza con todos los hermanos llevando una vela, la cera, propiedad de la cofradía. Antiguamente no se hacían cajas para los difuntos , se colocaban sobre las andas y desde ellas se le echaba a la fosa que habían hecho los sepultureros. El difunto amortajado ocupaba el siguiente sitio en el cementerio, después del último que había muerto. Todos los que morían en el municipio caían bajo la responsabilidad de la cofradía, forasteros o transeúntes pobres. Era, por tanto, una cofradía que aseguraba el derecho a ser enterrado dignamente.

La Fiesta de Todos los Santos, 1 de Noviembre, y el día de los difuntos eran protagonizados por la Cofradía de Ánimas, con Misa y ofrenda de cera.

El domingo siguiente a la fiesta de los Santos se hacía la Función de Ánimas. El abad pasaba lista y multaba a los ausentes. Se establecían los nuevos cargos, según la lista, y se hacían las nuevas incorporaciones. Más tarde, los nuevos invitarían a vino a los hermanos de la cofradía. La cofradía poseía un arca de ánimas, para guardar la cera, los hachones, incluso dinero, objetos de valor y documentos propios de la cofradía. Tenía dos  cerraduras con dos llaves, una la tenía el abad y la otra el párroco.

La vara era, como en toda cofradía, el signo de representación de la cofradía. En la Función de Ánimas, quien quisiera hablar, debía tener la vara en la mano para intervenir, como signo de posesión de la palabra. Los símbolos igualan a los que se acogen a ellos. Todos son iguales ante la muerte y sus representaciones.

Las cofradías suelen trascender su función religiosa hacia funciones sociales, ya sea ideológicas ( de identificación grupal) o pragmáticas (de asistencia  o ayuda a los hermanos cofrades). La Cofradía de Ánimas subrayaba su función social por encima de todo. Hoy hay funerarias y seguros que resuelven el problema de la muerte de un miembro de la familia.  En siglos pasados, la Cofradía de Ánimas realizaba esa función. La cohesión social se fortalecía, todos eran de la cofradía, todos se hacían presentes en el velatorio, todos participaban en el entierro (y si no, multa por su ausencia). Paradójicamente, un momento tan trágico como la muerte de un individuo revitalizaba al grupo, aseguraba su cohesión para nuevas situaciones.

Los seres humanos nos preguntamos con frecuencia cuál es el sentido de nuestra vida. La muerte es el hecho contradictorio que anula o plenifica el sentido de la vida. En el grupo social se intenta construir un sentido a la vida, y sus miembros asimilan esa orientación. El ser humano en su soledad individual intenta resolver el problema. El grupo le acompaña y le fortalece en la fe.

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

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(Resumen de los estatutos de una Cofradía de Ánimas zamorana. 1728)

. Pagar un real y un cuarterón de cera como cuota de entrada.

. Cada hermano cofrade debe tener una vela en las funciones de la cofradía.

. El primer lunes de cada mes se hará procesión, misa cantada, asistida por varios sacerdotes y vigilia. El cofrade que falte será multado con medio real no estando enfermo o ausente.

. Los cofrades están obligados a ir con la cera de la cofradía al entierro del cofrade que haya muerto a menos de once leguas del municipio.

. La cofradía debe asistir al entierro de los pobres del lugar o forasteros que mueran en él, con la cera, y manden decir una misa por él.

. Habrá dos cofrades que acompañarán al Viático cuando se lleve éste a algún hermano.

. Es obligatorio asistir a misa con la cera los días de Corpus Christi, Santiago, Semana Santa y día de Pascua de Resurrección.

. Los mayordomos han de dar cuenta del dinero, la cera y las limosnas que se dan a la cofradía.

. Si algún cofrade abandona la cofradía por no asistir o por otras causas no legítimas, pagará una libra de cera para que el día de su entierro los cofrades lleven la cera.

. Como algunos sólo quieren entrar en la cofradía el día de su muerte, podrán hacerlo, pero pagando tres libras de cera y seis reales.

. El día de las Ánimas es obligatorio asistir con la cera, y quien falte pagará medio real de multa.

. Habrá dos jueces para el gobierno de la cofradía, que con el sacerdote harán las cuentas de la cofradía en un día de la semana de Ánimas, eligiendo después los jueces del año siguiente.

.  Para que la cofradía se mantenga los cofrades pagarán  todos los lunes de mes un quarto de cera, y los mayordomos pedirán todos los días festivos al acabar la misa para sufragio de las Ánimas.

. La cofradía tendrá un arca con dos llaves, una la tendrá el sacerdote y otra la tendrá el mayordomo PRO TEMPORE, donde se guardará todo lo que se recoja para las Ánimas.

. Los mayordomos nombrarán una persona para pedir por las Ánimas en las puertas de cada casa.

. Los cofrades que molesten hablando en las juntas serán castigados con una multa conveniente.

Bibliografía.

RODRÍGUEZ  PASCUAL, Francisco.

1984. “El ciclo vital en tierras Zamoranas”  en Studia Zamorensia. Zamora .

RODRIGUEZ IGLESIAS,  Juan Manuel.

1991. Los Lenguajes culturales de un municipio sanabrés.  Tesis doctoral

inédita. Universidad Pontificia de Salamanca.

1999.  La vida tradicional en la Guareña zamorana. Investigación inédita.

Instituto de Estudios Zamoranos “Florián Ocampo”. Zamora.

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