Posteado por: lenguajesculturales | noviembre 3, 2010

Lugares o ambientes de vida social en los pueblos de La Guareña zamorana. El mentirote, la solana, el juego de pelota, el baile, la ronda, la fragua, la casa del barbero, la plaza, la posada, la cantina, el casino…


Lugares o ambientes de vida social en los pueblos de La Guareña zamorana. El mentirote, la solana, el juego de pelota, el baile, la ronda, la fragua, la casa del barbero, la plaza, la posada, la cantina, el casino…

En comparación con el apartado donde constatábamos la carencia de instituciones comunales, destacamos ahora la variedad de lugares o ambientes que favorecían la relación social en estos pueblos. No había necesidad de regular lo poco comunal que tenían, pero era imprescindible satisfacer la necesidad de relación entre los paisanos: el mentirote, la solana, el juego de pelota, el baile, la ronda, la fragua, la casa del barbero, la plaza, la posada, la cantina y, para algunos, el casino, eran signos de lenguaje social de estas gentes. Decía un informante que eran “la radio y los periódicos de antes”. La vida privada no quedaba reducida al  ámbito familiar en estos pueblos. Describiremos a continuación algunos de estos centros neurálgicos de vida social.

El mentirote era un lugar concreto en cada pueblo donde se reunían hombres y mozos jóvenes a contar chismes y bravuconadas, lugar de desahogo y burlas. La expresión “hacer un mentirote” subraya sobre todo la importancia de la reunión espontánea de hombres frente al lugar donde se podría hacer, aunque éste fuera siempre el mismo. No hacían nada, simplemente pasaban un rato charlando. A veces, se convertía en el inicio de la ronda nocturna de los amigos (46).

“El mentirote era el lugar más para la gente vaga, que no trabajaba y que hacía el mentirote en una esquina cualquiera. Es aquella esquina en la que se juntan los cuatro labradores o los cuatro que no trabajan , que tienen sus hijos que se los hacían en aquel entonces, y como no podían ir al bar porque no lo había y no tenían económicamente para poder ir, pues hacían un mentirote. Es una esquina, o en la fragua, o en el taller de maderas… allí se hacía el mentirote.” (Cañizal)

“Cuando los chicos eran un poco mayores iban al mentirote. El mentirote era en la noche, al venir de trabajar los mozos, y siempre se reunían en un sitio… en la plaza que decimos. Allí cada uno decía lo que se le antojaba…” (Guarrate)

“Aquí en esta esquina, junto a la carretera, le llamábamos el mentirote… donde salíamos a la ronda. Porque antes, cuando no había agua corriente, había ahí abajo una fuente, un caño, donde iban todas las chicas a buscar el agua, y entonces las esperábamos aquí al oscurecer, para ahora, cuando venía la postura del sol… por eso le llamábamos el mentirote, porque veníamos los mozos ahí a decir cuatro mentiras.” (Vallesa)

“Aquí había un mentirote donde se ponían todos los hombres, casaos y solteros, todos revueltos, y la fragua… desollaban a toda la juventud… y en la barbería…” (Olmo)

La ronda era el lugar de encuentro de los mozos jóvenes, que en algunos pueblos se iniciaba a partir del mentirote. Cuando habían terminado sus tareas agrícolas y ganaderas del día daban un paseo por las calles del pueblo.

La juventud se daba vueltas por todo el pueblo, cantando y hablando al oscurecer.”

Las rondas que se hacían en las vísperas de las fiestas eran las más esperadas por las mozas. En ellas se declaraba por primera vez un cariño mucho tiempo escondido o se confirmaba un noviazgo recientemente iniciado (47).

La solana era un lugar de una calle, una plaza o una era donde se reunían las vecinas. Las mozas también tenían su lugar de reunión. La solana se iniciaba a partir del día de Las Candelas, cuando había pasado más de la mitad del invierno y algunos días ya preludiaban la primavera. Se realizaba junto a una pared al abrigo del viento, o protegiéndose con una manta colgada de una cuerda, aprovechando los tenues rayos del sol invernal. Las mujeres trabajaban en su labor de costura y, a la vez, hablaban, comentaban, se informaban y enjuiciaban lo que ocurría en el pueblo (48).

“Las mujeres íbamos a nuestro solano, nosotras que éramos vecinas de toda la vida, allí íbamos, en una  era que daba mucho el sol. Si daba mucho el aire poníamos una manta con una escalera, pa la abrigada, era una manta de cuadros, de las mulas, y allí nos sentábamos cuatro o cinco vecinos.”

“La solana era más de los días de diario, a coser, y salían aquí… vamos a poner una abrigada… porque cuando venía el aire de marzo o abril, que viene un aire de abajo… se ponía un palo así, con las mantas del campo. Era cosa de barrio, de cuatro o seis mujeres…”

En el testimonio de nuestros informantes aparece con frecuencia la fragua y la barbería como lugares de charla: la visita semanal de los paisanos a la barbería (49), donde la espera se llenaba con la conversación sobre los asuntos del pueblo o la lectura en voz alta de algún periódico y los comentarios consiguientes a lo leído; y la también obligada visita frecuente a la fragua, cuyo trabajo siempre requería más de tres personas. Estos lugares favorecían espontáneamente  ámbitos de relación social muy importante en la vida del pueblo. Los dos lugares eran propios de paisanos con nivel económico medio y bajo (medio labradores y criados). Los labradores ricos y algunos funcionarios recibían semanalmente la visita del barbero en su propia casa y además tenían el casino.

“Hubo dos casinos… Casino era sólo como un café, y que podían servir una copa, de lo que viniera antes. Pero no había como un bar. Iban a jugar, había como un reservao para jugar dinero, que estaba prohibido. Por eso sólo iban los ricos, los que tenían dinero. De los que estábamos trabajando nadie conocía el casino… que si iba alguno un poco pobre decían: Coño, y tu por aquí… Como para decirle que estaba fuera de sitio.”

En los domingos y los días de fiesta algunos juegos tradicionales como la calva y, sobre todo, el jugo de pelota, congregaban a un buen número de vecinos que pasaban la tarde divirtiéndose y apostando unas perras o unas jarras de vino. Esto £último era suficiente razón para visitar la bodega, otro lugar de reunión festiva y lúdica. El vino ya estaba allí, sólo faltaba llevar algo sólido (pan y una longaniza…) para pasar la tarde con los amigos.

“Yo empecé a ser mozo muy joven. Es que tenía unos cuantos primos carnales cuatro años más que yo… íbamos de merienda en las bodegas… eso era cosa de jóvenes. Luego en las bodegas también se hacían corroblas, que se habían juntao unos cuantos, que se había hecho una apuesta… Y luego el alboroque era una cosa al final de algo, de la siega, de un trato… otra merienda…”

Destacamos el protagonismo del hombre en casi todas las manifestaciones descritas. Sólo estaba ausente en la solana, reunión propia de mujeres. Estas participaban en los bailes del domingo y las fiestas, los paseos y poco más. Los pueblos de La Guareña seguían las pautas de la mayor parte de las culturas tradicionales de la península ibérica donde el hombre era el protagonista de la vida pública.

___________________________________________________.

NOTAS.

(46) “Los mozos han cambiado en sus costumbres. Antiguamente solían reunirse al acabar los trabajos en una esquina de la plaza, llamada el mentirote, porque cada uno decía la mentira que se le antojaba. Desde allí iban a ver a la novia, y los que no la tenían a rondar por las calles del pueblo hasta que llegara la hora de la cena. Esta costumbre se mantuvo hasta 1965-67. Después de esta fecha hasta la actualidad, cuando terminan el trabajo del campo y después de atender el ganado, cenan y se reúnen en los bares para tomar un café y jugar la partida todas las noches.” Trabajo escolar de Mari Luz Algarra Abilleira. Guarrate, Zamora.

(47) El Correo de Zamora, 24 de febrero de 1898, publicaba un artículo titulado “Costumbres zamoranas. Los que van a la función“, donde narra la costumbre según la cual los mozos de la Tierra del Vino van a la fiesta de algún pueblo cercano y se quedan a dormir en casa de un amigo. Por la noche salen de ronda: “…oyen (las mozas) por la calle unos pasos ligeros, luego más tardos… por fin se apagan del todo en la puerta de la casa y… ¡emoción esperada y halagadora! una acordeón y una guitarra murguean aquella mazurca de… Dotada está  tu hermosura/ Do/ Resalada, incomparable/ Re…  etc., etc. Tocan después otra polka sobre motivos de otra que oyó el del acordeón en Torres Menudas y por fin y despedida la obligada jota. ¡Y qué puntadas tiran en los cantares! Si entre los de la ronda está el cortejo de la que obsequian con la serenata es indispensable  aquella coplita de A tu puerta estamos cuatro,/ cinco con el que canta,/ y seis con el que ha de ser  gobernador de tu casa… Que no tiene compromiso y alguno de los de la comparsa tiene deseos de decirla una cosa que hace tiempo tiene pa entre sí, pero que no rompe por la vergüenza que le da el prencipio de la custión; pues ahora es cuando después de algunas toses y dos o tres carraspeos canta un solo cuya letra es v.g. Ahí te mando el corazón/ ábrelo con una llave/ y verás que dentro de él/ sólo tu persona cabe… Releñe, buena tecla has tocau esta vez, Meterio, dice el cantaor, el más chocante de la cuadrilla. – La verdad, chicho, replica el interpelado, que si no me ha comprendido, poco entiende de sol-fa. Desde aquella a otra ventana con la misma murga. Que vayan benditos de Dios y que se diviertan más que con la que estoy dando a los lectores…”

Cantares de ronda recogidos por Miguel Manzano en algunos de los pueblos objeto de esta investigación. Cancionero de folklore zamorano:

Amante, amante, amor, amor,

me has olvidado a lo mejor,

me has olvidado, triste de ti,

amante, amante, vas a morir...

(Fuentesaúco)

Esa matita de pelo

que te adorna, que te adorna,

parece que te la peinan

los  ángeles de la gloria.

(Fuentelapeña, pág. 135)

A la verde retama chulito andar,

A la verde, verde, a la sombra

de aquel olivar mi amante duerme,

mozo y galán.

(Villamor, pág. 108)

Ronda, majo, la calle como solías,

que ya corté la zarza que te prendía.

Eres amiga y eres la mayor:

las otras son del alma, tu, de corazón.

(El Pego, pág. 420)

(48) El Correo de Zamora, 5 de marzo de 1898, publica un artículo relatando la conversación de Paca,  Jeroma, Sinforosa, Severiana, Colasa, Romualda… (vecinas de ficción) en “La Solana”, título del artículo. Cotillean sobre un matrimonio malavenido.

Las mozas tenían también su lugar de charla en el regato o en los lavaderos. Dice una copla recogida por Miguel Manzano:

“Los mozos en la arada lo parlan todo

como las lavanderas en el arroyo…”

(Fuentelapeña, pág.312)

Esto último lo confirma y amplia el trabajo escolar de Mari Luz Algarra sobre Guarrate:

“Las mozas, antiguamente, hasta que se trajo el agua corriente en 1959, se iban a buscar agua al

Pozo de la Villa y allí se reunían para charlar sobre sus cosas. También se reunían cuando iban al

Rosario, a llevar las cabras por la mañana o cuando iban al regato a lavar la ropa.”

(49) Francisco Rodríguez Pascual dedica un artículo en “Hojas de Cultura Tradicional”, La Opinión-El Correo de Zamora, 12 de septiembre de 1993, a la barbería, con el título “La casa de la palabra“: “Entre todos los lugares de charla o conversación ha destacado siempre de forma nítida la barbería, verdadera casa de la palabra de nuestros pueblos y aldeas.”

En las Memorias escritas de Luis Torrecilla, vecino de Cañizal, leemos: “…por estos años (treinta)              había una barbería en el pueblo, allí iban todos los hombres a afeitarse todos los domingos. Siete             días sin afeitarse, pero el domingo en la mañana tendrían que esperar horas y horas para que les tocara el turno. Hoy me dicen muchos de aquellos hombres: Con qué impaciencia se esperaba a tu padre para que leyera el periódico y nos explicara lo que él había leído en la semana. En estas barberías se discutía sobre los cambios políticos. Estos hombres esperaban impacientes que la República que acababa de nacer trajera más prosperidad para todos. Ellos, que se conformaban con un jornal de dos pesetas, deseaban alguna fanega de tierra en renta para poder dar pan a sus hijos.”

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