Posteado por: lenguajesculturales | octubre 30, 2010

Las Ventas. El comercio y la hostelería rural tradicional sanabresa en el siglo XIX y principios del XX. Sanabria. Guía cultural


Las ventas.

En estas líneas nos vamos a referir a un signo de lenguaje social de algunos municipios sanabreses. En el tramo de carretera que va desde los aledaños de Puebla de Sanabria hasta la Portilla de Padornelo podemos preguntar por varios lugares que reciben el nombre de venta: la Venta de la Pichiricha, Venta Guerra, la Venta de las Ánimas, las Ventas de Terroso, la Venta del ti Canana, el Ventorro…

Nos podríamos detener en las Ventas de Terroso que hasta comenzar los años 90 del siglo XX seguía siendo punto comercial, con el pequeño establecimiento de Pepe y Paca, la panadería de Puig, y la ya desaparecida gasolinera. El establecimiento de Pepe y Paca, a los que debemos esta información, ha sido el último testigo de lo que eran las ventas de carretera que había por tierras de Sanabria. En la primera mitad del siglo XX era una de las ventas más frecuentadas en el camino de Galicia, la llamaban la Venta el Zorra (…y perdón por el apodo, pues, como decía el conductor del autobús  de “La Gudiña” al llegar a Terroso y hacer la parada oficial en esa venta: “Eu non se lo chamo, chámanselo eles”). La venta era una gran casa con dos pisos a la que se accedía por un portón de carros. Tenía un vestíbulo, llamado patio, desde el que se entraba por la derecha a la cocina, con fuego bajo, dos escaños, mesa larga y bancos, por la izquierda al comercio, la tienda que en esa época vendía todo lo que se podía vender, y de frente conducía a las cuadras, con pesebres para cuarenta mulas. El patio o vestíbulo era el lugar donde dormían los transeúntes, sobre sacos de paja, repartidos por el suelo enlosado. Desde el mismo patio se subía al piso alto, dividido en dos partes, a las salas o habitaciones de los propietarios, que coincidían abajo con el comercio, parte del patio y la cocina, y un gran pajar, que coincidía abajo con la cuadra de los animales, con un zaplón o abertura por el que se echaba a la cuadra la paja o la hierba almacenada para los animales.

Llegaban dos tipos de clientes a la venta: los vecinos del pueblo que acudían al comercio, y los viajantes y arrieros que subían a Galicia o intercambiaban productos en la zona. Los arrieros llegaban en carromatos tirados por reatas de 5 ó 6 mulas, lo que obligaba a tener grandes cuadras en las ventas. Y los viajantes utilizaban el serrés,  un pequeño carro con toldo tirado por una caballería. La procedencia de estos clientes era variada. Allí se hospedaban toresanos, que subían harina de trigo y vino hacia Galicia, y bajaban castañas y patatas, bejeranos (bejaranos) que en los pueblos sanabreses cambiaban tocino jameliano por jamones: tres libras de tocino por dos de jamón, y decían que… ¡salían ganando los sanabreses porque se hacían buenos potes de tocino con cachelos (trozos de patata! Subían aceiteros y pimenteros, sobre todo en tiempo de matanza, procedentes de los almacenes de Benavente. También frecuentaban la venta comerciantes de La Bañeza que traían jabón en barra y lo cambiaban por linaza, semilla del lino, y cacharreros, que cambiaban trapos por cacharros. En la venta solían almorzar el plato fijo de la casa, patatas con bacalao o arroz con bacalao, que era para los que se quedaban varios días o carne cocida y caldo de la misma, que los transeúntes de un día previamente habían comprado por el camino y pedían al ama que se la guisara.

Los bejeranos, los cacharreros y el resto de viajantes pasaban varios días en la posada hasta que intercambiaban o vendían lo que podían por aquellos pueblos. En las noches, la venta se animaba si coincidían varias recuas con estos viajantes. Alrededor del fuego de la cocina, o en el patio, se cantaban canciones, se relataban historias, o se recitaban romances. Los arrieros, que venían incluso en caravanas de ocho recuas, tenían tiempo para inventarlos por el camino:

“Salimos juntos de Toro,

Ocho carros a la harina,

Y salimos a dormir,

A la venta Cernadilla…”

O protestaban a su manera contra las medidas de las autoridades de Obras públicas que les obligaban a aumentar el grosor de las ruedas de los carros y añadir una mula más en sus reatas, porque las ruedas estrechas y ligeras que llevaban hacían profundas roderas en el pavimento de la carretera:

“Carambita con las llantas del decreto,

Son más anchas que las puertas de Alcalá,

Y si no lo arreglan, como dicen,

A la América nos tendremos que marchar…”

El otro tipo de clientes eran, como hemos, dicho, los vecinos del pueblo. La venta tenía para ellos varias funciones: era la tienda de algunos productos necesarios que la tierra no daba, lugar de reunión, en ciertas ocasiones, de los vecinos y del Ayuntamiento, donde los ediles se convidaban a vino, escabeche y pan blanco, porque normalmente todos comían el pan negro de centeno, y también era el lugar, como en el caso de la cercana venta del Ti Canana, donde el labrador podía conseguir prestado dinero en efectivo para una necesidad: pagar la contribución, comprar un animal, pagar un viaje extraordinario para un familiar que emigraba… y era el lugar donde los hombres tomaban una pinta de vino, aunque no con la frecuencia que se hace hoy en bares y tabernas, porque las responsabilidades de la casa, las tierras y los animales así lo requerían. El vecino no pagaba casi nunca lo que compraba. Solía quedar apuntada la venta en un cuaderno. Todo se fiaba, hasta que el cliente vendía “un bicho” o lograba dinero de unos jornales y podía “cruzar el principal”, o sea, la deuda total, o al menos, los réditos del “principal”. En algunas ocasiones se pagaba parte de la deuda con trabajos  para el ventero, y también se hacían intercambios en la venta para no dejar deuda: un huevo por una caja de cerillas, vino por garbanzos de la cosecha…

En la tienda se podía adquirir de todo… petróleo, lucilina, para los candiles y torcidas, las mechas de los mismos, velas de cera amarilla y blanca para la casa y para la iglesia, aceite a granel, pimiento (pimentón), sal gorda, escabeche en tinos de madera, bacalao en fardos, incluso congrio seco en bacaladas, arroz, fideos en roscas, chocolate, mecheros, mecha y piedras, tabaco en picaduras, cerillas, vino, aguardiente, azúcar en piedra, galletas de vainilla, galletas María, pan blanco, traído de Puebla dos veces por semana, etc. aunque el etc. no debía ser muy largo, porque poco más podrían ofrecer estos rústicos establecimientos…

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Responses

  1. falta la venta del orinal , la venta de la escoba y la venta de las garrapatas!!lo actualicen porfavor…Muchas Gracias…


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