Posteado por: lenguajesculturales | enero 23, 2011

La pedida de la novia. Mitad del siglo XX. EL CICLO VITAL. La Guareña zamorana.


La pedida de la novia

” Cuando el novio entraba en casa, la boda se daba por hecha”. Los siguientes pasos estaban encaminados a preparar la negociación de los padres para concretar las condiciones de inicio del nuevo matrimonio y la fecha de la boda. El matrimonio era un contrato entre familias, donde no se escribía nada, pero se decidían muchas e importantes cosas. Alrededor de todo esto surgían una serie de manifestaciones  (amonestaciones, enhorabuenas, rondas) que daban color a este importante trámite. Entre estas gentes había conciencia de la capitalidad de este rito de paso. No se dejaba a la improvisación ni cabían muchas ambigüedades, como hemos observado en otros ritos de paso, al parecer con menos trascendencia.

Cada uno debía estar ” a la altura de su collera“, acomodarse a su capacidad económica para casarse. Pese a que estos paisanos veían a sus vecinos comarcanos de La Armuña o de La Guareña vallisoletana sumidos en la necesidad de ” la conveniencia matrimonial”, ellos no se quedaban atrás cuando explicaban el modo de hacer sus matrimonios.

Había muchos matrimonios de conveniencia, por regla general la mayoría. Este pueblo no era de tanto eso… pero La Armuña… ahí se guían m s por una linde, por esto, por lo otro… Y en los pueblos como Torrecilla, pues ya se sabía,  los ricos con los ricos y los pobres con los pobres…

Aquí podías oír a algún obrerillo… Yo es que como no tenía collera. Pues si hablaba a una y no le hacía caso, pues decía… Es que tiene una collera y quiere dos… Es que la muchacha aquella, si tenía una collera, quería a otro que tuviera otra collera… Era triste. Yo reconozco que no debería haber sido as¡ la vida. Entonces el que tenía muy poquito, pues sabía que si no se casaba con otro que tuviera lo que él, pues le tocaba irse a servir… Pero si aquel cogía tres huebritas suyas y tres huebritas de la mujer, pues ya vivía. Quizá  trabajaran más que los obreros, pero era muy grande eso de trabajar para uno mismo. Entonces se decía cuando se casaban… Claro, tienen lindes… Y otras veces decían… Compota, compota. Compota quería decir que los juntaban los padres. Cuando veías a un padre y una madre que estaban muy conformes con el noviazgo de su hijo, pues es que era ya la compota…

No es que los padres dijeran: Tu te vas a casar con este… Pero si tu decías que me voy  a casar con este y los padres no querían… Ellos no lo decían abiertamente. Con las chicas había muchos disgustos y mucha leña, o que no salían de casa ( para que no salieran con ese novio que no querían los padres).

Las bodas eran de según tuvieras. El egoísmo era muy grande. Una hermana mía que era muy preciosa, su novio la dejó y se fue con otra, que era más fea, y se fue porque tenía unas tierras, y sin enamorarse, porque a la que quería era a mi hermana…

La estrategia matrimonial era casarse con aquel que poseía bienes en la misma o en mayor medida que uno/a. Aunque abiertamente no lo afirman nuestros paisanos, sin embrago, se deduce que en último término eran los padres los que consentían la boda. Al igual que en el bautizo el niño era el sujeto pasivo, había una tendencia a que en este caso los novios fueran sujetos pasivos de un compromiso entre familias. Un hecho que lo confirma era la situación de una novia huérfana de padre, en la que el hermano (mayor o menor) hacía las funciones del progenitor.

Yo casé a mi hermana. Es que yo era el que estaba trabajando, ella no trabajaba. Entonces mi madre la hizo la boda por todo lo alto.”

Para la boda ya se ponían de acuerdo los padres. Iban a casa y se juntaban los padres… qué menú iban a hacer, qué iban a matar…

Si las reglas anteriormente indicadas se hubieran cumplido siempre, habríamos concluido que el matrimonio guareñero estaba determinado por las condiciones materiales de su estructura económica y su ecología, pero, no siempre ocurría así. No eran raras las bodas que llegaban a celebrarse sin el consentimiento de alguno de los padres, donde los novios ya no eran sujetos pasivos, sino sujetos activos de su futuro .[1]

El oponerse los padres a bodas sí se daba, pero depositar a la novia no se daba. El egoísmo era mu grande. Un chico te quería a tí, pero como no tenías nada, y aquella tenía, pues te dejaba…

Un chico no se casaba con la chica porque no les gustaba en la familia, porque a lo mojor estaban etiquetaos con la familia. Mi hermana la mayor se casó y no le hizo boda mi padre, porque con el chico que se casó le entró mal por el ojo a mi padre. El problema es que no le gustaba, que no le gustaba esa familia, y no la hizo boda mi padre, no la hizo gasto…

El “depósito de la novia” era el signo cultural y jurídico más activo frente al determinismo de la casa y la familia, que podían obligar a la novia a tener que aceptar un novio adecuado, pero no enamorado. Si no era del pueblo debía pagar una “entrada” o “piso”, y si era del pueblo debía ser de su estatus y tener el consentimiento de los padres. A veces, era tan estrecho el margen de elección, que las mozas se veían obligadas a romper con su familia para llegar a casarse. Aquí empezaban a vencer las razones afectivas, psicológicas y personales sobre las sociales y económicas.

Yo tuve un pariente que la depositó ( a la novia). Sólo sé que decían: Se ha salido Fulanita den cá sus padres y está  con su tía Mengana. Se ha salido de su casa porque no la dejaban hablar (tratar con su novio)… Ha habido más de un depósito.

Muchas veces se refugiaban en casa de un familiar (las chicas) porque los padres las pegaban y no las dejaban tratar con su novio…

Alguna vez los padres se negaban en redondo… Se salía la chica de casa y tenía que estar 30 o 40 días en casa de un familiar o de un amigo, donde ella tuviera confianza, por su voluntad. Había algo de juzgao… Lo que también había eran arreglos. Iba el padre a la casa donde estuviera… Y se daban casos de no volverse a hablar. Una de aquí se salió de casa porque no le querían a él (al novio) y estuvo  los 30 o 40 días fuera de casa. Pero es que ya intervino el juzgao para dar el poder. Eso era el depósito de la novia.  Al no tener el poder por los padres se lo tenía que dar el juzgao.”

Los preparativos de la boda se iniciaban después de “la petición de la novia”. El novio no era el principal actor de este acontecimiento familiar, su crédito dependía de la familia a la que pertenecía, hasta tal punto que en realidad no era ‚l quien pactaba “la pedida”, sino los padres. Todavía quedaba la posibilidad de romper el compromiso, aunque ya llevara un tiempo “entrando en casa”.

Luego que se entraba en casa, pues ya las familias se veía que estaban unidas. Pero tenía que ir el padre del novio a pedirla y la madre también, el matrimonio. Entonces ya llegaba el día que había que acordar la boda, y ya le decía el novio a sus padres: Tenéis que ir a pedirla… Bueno, pues díselo que vamos a ir. Ya la chica se lo decía a sus padres y el chico a los suyos. Tal día. Y aquel día preparaban la cena en casa de la novia, todo muy bien preparao porque iban a pedir a la hija. Na má s que llegaran hablaban de la boda, la gente que iba a ir de una parte, la gente que iba a ir de otra… Venimos que estos paece que se quieren casar… S¡, buen, pues ellos ver n… decían los padres. Al ir a la pedida el novio tenía que hacer un regalo… pero esto era más la gente que podía…

En esta sencilla pero decisiva reunión se aclaraban las intenciones de las partes, se establecía lo que a largo plazo aportaría cada familia al nuevo matrimonio, se aseguraba lo que cada familia compraría para “las vistas“, se fijaba lo que cada familia daría para la comida de la boda, se indicaban los invitados previsibles, y se concretaba el día de la boda .[2]

Pa la boda la novia compraba la cama, el novio el traje de la novia, y luego la novia le compraba la muda, la camisa y la corbata al novio… el traje no, el traje del novio era por su cuenta… La cama la solía poner la novia, y el armario, y luego otras cosas según pudieran… ya lo hablaban ese día…” (Cañizal)

Los padres del marido me dieron la cama y el traje me lo compró el marido, era negro. Yo me hice el traje. En Vallesa era costumbre dar la cama y el traje. Luego mi madre me compró una cómoda con media docenita de sillas, una mesa, unos platos. Luego mi madre tuvo que estar pagando la boda mía a plazos… Luego me dio de ajuar diez sábanas, dos colchas, dos mantas… Yo al principio estuve en una casa que desde la cama atizaba el puchero…” (Olmo)

El vestido de la novia lo pagaba el novio, era una cosa como un reglamento… no hacia falta decirlo, ni hablar de eso. Ir a buscar las vistas era comprar lo principal que necesitaba el matrimonio… ¨ ¿Y cuándo vais a comprar las vistas? Las vistas era lo que fueras a comprar, una cama, el armario… ” (Guarrate)

A partir de este día, si el acuerdo era mutuo, avisaban al párroco, y, dependiendo de la fecha de la boda, se programaban las tres amonestaciones canónicas previas a la celebración  nupcial. En los tres domingos se leía públicamente al final de la misa mayor la intención de los dos jóvenes feligreses de contraer matrimonio, para que si alguien tuviera algún inconveniente lo declarase. Este trámite eclesiástico provocaba otras manifestaciones en el seno de las familias implicadas y, también, en el pueblo, que de algún modo se sentía partícipe en la formación del nuevo matrimonio. Por otra parte, los novios debían avisara los invitados antes de dar las amonestaciones: era mal visto no haber sido avisado previamente si luego te invitaban.

Se hacen tres amonestaciones antes de la boda, en tres domingos antes. El cura ya lo echaba en la iglesia. Pero antes de echar las amonestaciones ya tenías que decir a los amigos, amigas y familiares, antes de que el cura lo echara en la iglesia… que como lo echara el cura en la iglesia y no se lo hubieras dicho, lo mismo no iban… porque decían que ya lo sabían… Oye, se va a casar Fulano con Fulanita, así que quedáis invitaos. Salían los novios y los padrinos por las casa, antes de la primera amonestación. Luego ya llegaba el cura. Si la echaba el domingo, salíamos el sábado. En la misa mayor decía el cura: Pues quieren contraer matrimonio Fulano y Fulana y si alguno sabe algún impedimento tiene derecho a decir. Y aquel día por la tarde, to los invitados iban a la casa de ella, y comían bollos y vino o copas o sólo bollos, y nos íbamos al baile. Bueno primero iban a casa del novio a buscarle  y luego a la novia a comer, y íbamos todos juntos al baile, y luego otra vez a las casas a comer los bollos, pero sólo los invitaos…Llegaba la segunda amonestación igual… Tenían que hacer bollos a porro…” (Cañizal)

Entonces cada uno invitaba a los que fuera, se mataba el choto, se pagaba a medias y se acabó… Antes, en la víspera de las amonestaciones se iba a dar parte y decías… Bueno, que mañana se van a amonestar. En la primera amonestación, que había tres, no había nada. En la segunda iban a dar la enhorabuena a los novios, que había refresco para los invitaos. .. Los padres iban casa por casa a los invitaos… y ellos ya sabían que en la tarde había refresco. Había que dar la enhorabuena a los novios. Los chicos, aunque fuera de parte de la novia, los primos… iban a casa del novio, todos los hombres… Y las mujeres del novio…y luego ya todos subían a dar la enhorabuena a la novia. Había un refresco, luego se salía pol pueblo cantando, tos agarraos del brazo, y venga a cantar, y luego ya se iba al baile. Y en la tercera amonestación nada, ya se sabía que al sábado siguiente había boda.” (Guarrate)

La enhorabuena era la felicitación pública de los familiares y amigos invitados a la boda. Una boda tenía la trascendencia de enriquecer la vida del pueblo, generar una nueva familia, germen de una empresa de trabajo que mantenía vivo al grupo. Aunque la boda era un compromiso de familia, el hecho superaba el  ámbito familiar, para encuadrarlo en el  ámbito local representado en los invitados. Era casi una fiesta del pueblo, al menos de los paisanos invitados.[3]

Lo de la enhorabuena era a la segunda amonestación… en la primera nada, la echaba el señor cura en la iglesia. Se avisaba antes a los invitaos o a los amigos… Mira, pa tal día nos vamos a casar… todo el pueblo iba a dar la enhorabuena, por la tarde se ponía el refresco: bollos, dulces, limonada, vino, se hacía todo ese gasto, y luego el baile. Y ese día cenaban los padres del novio en la casa de la novia, porque era la enhorabuena, se cenaba en familia ya… Y si los padres de la novia no querían boda, no había nada. El que era agradable se tiraba la casa por la ventana, pero el que no… nada. En la tercera amonestación no había nada…” (Olmo)

La enhorabuena era… pues eso, que sea enhorabuena, te decían todos los que entraban, y se comían un bollo. Otros decían con gracia: Oy, majo, dónde te vas a meter, en la familia de los tramposos… te acompaño en el sentimiento...

El día de la víspera de la boda, viernes por la noche, novios y padrinos recorrían las calles del pueblo recordando la invitación a los amigos y familiares.

El sábado después de la tercera amonestación era la boda. Casi siempre era en sábado. Y se iba a convidar la víspera otra vez casa por casa. Iban los hermanos del novio y primos carnales jóvenes. Iban por todo el pueblo entero. Anda, que ya andan invitando, y decían: Quedan invitados para la misa y para la mesa y todo lo que se les ofrezca. Y los padrinos completaban la invitación diciendo: Y de parte de los padrinos también. Era una especie de ronda.


[1] El “depósito de la novia” era la costumbre que evidenciaba la posibilidad de hacer bodas sin el consentimiento de los padres. Sobre este tema podemos ver más información en el Diccionario Enciclopédico ESPASA CALPE, edición 1920, voz DEPÓSITO, donde se describen los diversos tipos de depósitos, “por temor de opresión por parte de los llamados por la naturaleza o por la ley a proteger a las personas de que se trate” o “por falta de protección natural y legal“. En el primer tipo se encuentra el caso que nos ocupa: “De mujer soltera que habiendo cumplido 23 años trate de contraer matrimonio contra el consejo de sus padres“.

[2] En un gracioso romance local de Cañizal, donde se cuenta que el boticario se acostaba con la mujer de Quico, se dice al final de la copla, cuando se quiere resolver el deshonor de Quico hecho por el boticario:

Les llaman al consistorio

por ver si los avenían,

entonces le pide Quico

lo que la dio pa las vistas

también pa la sillería,

que lo pagó el boticario

por meterle la ……..

” En resumen, a Quico le dieron 3000 reales ( el valor de “las vistas y la sillería”) con los cuales se marchó a América…”

(Memorias de Luis Torrecilla, Cañizal)

[3] El Correo de Zamora, 15 de febrero de 1898, publica ” Costumbres Zamoranas, De Enhorabuena” cuadro costumbrista que describe de modo ameno esta tradición popular.

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