Posteado por: lenguajesculturales | septiembre 14, 2010

El GANAO y la CABRIADA. Las ovejas y las cabras. La lana. Sanabria. Guía cultural


El GANAO y la CABRIADA. Las ovejas y las cabras. La lana.

Otra de las preocupaciones diarias de los sanabreses era el cuidado de sus ovejas y cabras. Los vecinos del pueblo estaban organizados para esta labor. Por ello, cuando nos referimos a las ovejas, lo hacemos considerando el conjunto de todas las ovejas de un barrio o pueblo, esto es, el GANAO, y cuando nos referimos a las cabras, lo hacemos considerando el conjunto de todas las cabras de un barrio o pueblo, la CABRIADA. A veces, los del lugar utilizaban indistintamente cualquiera de los dos nombres para referirse al conjunto de ovejas y cabras (27).

El rebaño de ovejas se componía de corderos, ovejas y carneros o borregos. El rebaño de cabras lo integraban cabritos o GUDALLAS, cabras y chivos o BECHES.

El tipo de oveja que mantenían los saanabreses era la propia para este lugar.

“Aquí la oveja toda era de raza pequeña y muy dura, y la lana era muy larga y cardosa, no la perdía en el monte. No daba leche, era de teta pequeña y no se podía ordeñar.” (28)

Las ovejas y las cabras dormían en la cuadra, en el piso bajo de la casa sanabresa. Solían estar en un lateral de la CORTE, separadas por una pared de las vacas y los cerdos. También las guardaban en casas no habitadas y en pajares, “según el arreglo de cada vecino”. En las cuadras pasaban los días de nieve o lluvia. El propietario echaba unos RAMAJOS de roble o abedul  y hierba seca para alimentar a estos animales en los días que no había VELERIA. El estiércol de la CORTE de las ovejas era muy apreciado para los cultivos de regadío.

El número de cabezas de ganado que tenía cada vecino variaba según su capacidad económica y la capacidad que tenía el municipio para dar de comer a todas las cabras y ovejas de sus vecinos en los campos comunales.

“Solían tener una media de unas quince ovejas. Cabras había menos, siete u ocho. La cabra estaba regulada, el distrito forestal sólo permitía un tope. En cada cabriada solía haber unas doscientas cabezas, o sea, el ganao de cada pueblo, aunque aquí había dos            en San Martín.” (San Martín. Ti Galán)

En el municipio de Terroso había tres rebaños. El pueblo de Terroso tenía un rebaño de unas ciento cincuenta cabezas, y su propia organización de VELERIA. El Barrio de Arriba de San Martín juntaba su GANAO en otro rebaño que superaría las doscientas cincuenta cabezas, y, por último, los barrios de Abajo de San Martín formaban el tercer rebaño con un número de cabezas parecido al de los barrios de Arriba. Cada rebaño tenía sus lugares propios de pasto (29).

Mantener más de media docena de ovejas era importante para cualquier vecino de nuestro municipio, porque este animal le proporcionaba carne, lana y corderos (30).

De padres a hijos se transmitían la señal que llevaban las ovejas en la oreja, indicando la casa a la que pertenecían. Este era el detalle más sobresaliente referido a la propiedad del ganado ovino (31).

“Cada oveja tenía una señal en la oreja. En mi casa tenían la oreja izquierda cortada en la punta, y la derecha un sacabocaos por delante. La señal se hacía el día de Santa Cruz, era costumbre de toda la vida. Esto se hacía a los corderos mayores nacidos en octubre o noviembre. Como después, m s tarde, iban a la sierra, había que ponerles la marca para que no se confundiesen.” (San Martín. Ti Galán)

Aunque las ovejas estaban señaladas, era llamativo el hecho de que cuando el GANAO llegaba al pueblo, después de pasar el día en el monte, bastaba que el amo se pusiera delante de la cuadra para que sus ovejas entraran sin necesidad de buscarlas. Los animales sabían a quién pertenecían.

Se podía dar el caso de la existencia de cabras de A MEDIAS. Seguían el mismo sistema de relación entre el propietario y el receptor que en las vacas de A MEDIAS (32).

Ovejas y cabras salían diariamente a los montes y majadas comunales donde comían el pasto, monte bajo y hojas de los diversos  árboles que crecían en la zona. Cada propietario juntaba sus animales con los demás vecinos formando el GANAO o la CABRIADA del pueblo. Todos los poseedores de cabezas de ovejas o cabras debían participar en el cuidado de estos rebaños a razón de un día por cada cuatro animales de su propiedad. A esto se le llamaba la VELA (33).

“La vela empezaba por una punta del pueblo, por Agapita, y acababa por la otra, por María Cuca.” (Terroso. Andrés)

“Cada cuatro ovejas era un día de vela del ganao.” (Terroso. Santiago)

“Se organizaba el cuidado comunal por turnos. Aquí en San Martín había un rebaño en el Barrio de Arriba y otro en el Barrio de Abajo. Se iba por turnos, por velas, cada cuatro ovejas un día. Ibas cuando te tocara, podía pasar un mes sin que te tocara, según el número de vecinos que tuvieran ovejas. Iban dos pastores.” (San Martín. Ti Galán)

Los pastores que tenían la VELA pasaban por las casas del pueblo recogiendo las ovejas para salir hacia el lugar escogido de antemano.

“El ganao salía por la mañana … y llegaba al pueblo a la postura del sol.” (Terroso. Santiago) (34)

El pastor o la pastora salían a cuidar las ovejas y las cabras con la merienda en un pequeño morral, atentos a que éstas no entraran en las fincas de los vecinos y vigilantes ante la posible amenaza del lobo. Las mujeres llevaban la rueca y el FUSO para hilar durante la VELERIA. Era frecuente que también los chavales, RAPACES y RAPAZAS, fueran de pastoreo con el GANAO (35).

“El pastor llevaba la merienda y un garrote, y bien preparado a ver si salía el lobo, porque saltaba todos los días, no quedaría uno que no apareciera. En Terroso que estaba más abajo no les andaba tanto, pero aquí en San Martín mucho. De merienda llevábamos tocino, pan y chorizo, y chorizo no todos los días, y agua de la fuente, que en el monte salen fuentes cada cien metros.” (San Martín. Ti Galán)

El ganado volvía al pueblo cuando el sol se ponía. Cada oveja, según pasaba por la calle del pueblo, entraba en la cuadra de su amo sin que éste hiciese mucho esfuerzo para ello.

“El ganao sabía cuál era su corte, bastaba con decirle, rina, chupina, rina, chupina, y ya venían derechos a tí.” (Terroso. Andrés) (36)

El ganado de Terroso pastaba las zonas cercanas al río y los alrededores del pueblo. Los rebaños de San Martín bajaban a la LLAMA LINARES u otras zonas cercanas al pueblo. Tenía que llover o nevar abundantemente para que no saliera el GANAO al monte. En invierno, aunque no hubiese donde pastar, sacaban a las cabras y a las ovejas de las cuadras para que RAÑASEN lo que encontraran. Pero los días que era imposible salir tenían que alimentarlo. Para estas ocasiones el sanabrés había almacenado en verano RAMAJOS de roble y hierba de los prados. Si el vecino había almacenado lo suficiente, y veía que el ganado comía poco cuando salía al monte en invierno, procuraba echarle RAMAJOS cuando volvía a la CORTE al atardecer (37).

Durante los meses de más trabajo, junio y julio, el ganado subía a la sierra. Contrataban a un pastor para estos meses, y si esto no era posible, los vecinos se turnaban haciendo VELAS parecidas a las de los restantes meses del año (38). Terroso llevaba su rebaño al LLOMBO RAPAO, el Barrio de Abajo de San Martín al MEDIDEIRO, y el Barrio de Arriba a LAS MALLADINAS.

“Para la sierra iba el ganao en junio, o por san Juan, para tomar el orvallo junto con las vacas. Había más pasto arriba, y además que aquí hacían estorbo, porque había que hacer la segada y había que hacer muchos trabajos.” (San Martín. Varios)

“Ahora, de que venía el mes de junio, el día de san Juan, o el día de san Pedro iba el ganao a tomar el orvallo al monte. Y había chabolas para dormir el pastor, y un cercado grande para dormir el ganao, era el cortello. Si se encontraba un pastor pues iba él contratado, y si no pues a vela todos los vecinos.” (Terroso. Ti Encarnación)

Tenían motivos importantes para subir el ganado a la sierra: “había más pasto arriba, y además que aquí hacían estorbo”. Los rebaños de los diversos barrios aprovechaban unos pagos de la sierra en los que cada CONCEJO había construido un CORTELLO, un cercado con pared alta y una pequeña cabaña adosada a esa pared donde se refugiaban los pastores en el mal tiempo y durante la noche.

El ganado bajaba después de “levantar el último manojo de la facera“. Comenzaban AS CEIBAS.

La economía sanabresa aprovechaba los productos que ofrecían la cabra y la oveja. De las cabras obtenían leche, producto poco frecuente entre nuestros vecinos, carne, y la piel. La oveja ofrecía lana, carne y los usos secundarios que pudieran hacerse con la piel (39).  El estiércol de estos animales era muy apreciado, sobre todo para las cortinas de linaza. El lino requería un terreno perfectamente trabajado y allanado, y el estiércol de las cabras y las ovejas era el que mejor resultado daba para este cultivo.

La posesión generalizada en las casas sanabresas de una media entre seis y doce ovejas manifestaba la importancia que se le daba a este animal, muy apreciado después de la vaca y el cerdo.

Las ovejas parían dos veces al año. No había un macho  reservado como el toro de la vacada o el BERRACO del pueblo para las cerdas. Los carneros y los machos cabríos salían con las ovejas a los mismos lugares de pasto. Cada dueño capaba los machos que le parecía. Los corderos generalmente eran vendidos para obtener dinero en efectivo, para pagar alguna deuda o para comprar alguna necesidad en El Mercado del Puente. También los dejaban crecer, y cuando llegaban las fiestas o los días de trabajo en el campo y en la era mataban un BICHO, un carnero reservado para estas ocasiones.

El aprovechamiento más característico de la oveja era la lana. Todos los años TRASQUILABAN el GANAO, lo MOTILABAN. Después de ser convenientemente tratada e hilada, la lana, junto con el lino, era la materia prima de gran parte de la indumentaria de los sanabreses. El ciclo de la lana se desarrollaba en menos tiempo que el del lino. El hombre participaba en algunas tareas para la obtención del lino, pero la preparación y el hilado de la lana eran labores de la mujer.

En primavera MOTILABAN el GANAO.

“El esquileo, que aquí le llamaban la motila, se hacía en mayo, en tiempo bueno, en la puerta de casa o en una pradera, se juntaban las de un barrio, iban todas allí, lo hacían las mujeres. Ataban las ovejas por las patas y con unas buenas tijeras apropiadas para  eso cortaban la lana.” (San Martín. Galán)

La lana, antes de ser hilada, requería un proceso tradicional que todas las sanabresas habían aprendido de sus madres y abuelas (40).

“Después de esquilar, la lana se metía en sacos, le hacían el vellón primero, o sea, juntarla y atarla y meterla en sacos. Luego se abría, que se decía espir, cardarla y hacerla maniellas. Y luego a la rueca y al fuso, y a hilar cada maniella, que era juntar los hilos, retorcerla decían.” (San Martín. Varios)

El proceso de la lana desde que estaba en COPOS o MANIELLAS hasta que se hilaba era parecido al que seguía el lino: con la misma rueca y el mismo FUSO.

Después de lavar, ESPIR e hilar la lana, se enviaba al telar para hacer un tejido especial llamado el PARDO. Este tejido posteriormente era tratado en el MOLINO PISON, donde lo golpeaban para reducirlo y apretarlo (41).

“Yendo para San Martín aún hay las piedras de un molino que le llamaban el molino pisón, y en ese molino pisón hacían el pardo, que era un tejido que se hacía con lana sólo. Ellos hacían como unas mantas, y ese pardo las mujeres lo gastaban para sayas, para moradanas, para los hombres hacerles pantalones y chaquetas y capas…” (Terroso. Ti Encarnación)

La lana se empleaba para hacer la ropa de abrigo y el lino para la ropa más delicada e interior. Ambos productos dejaron de ser importantes en esta economía cuando nuestros paisanos pudieron adquirir otros tejidos más ligeros. La lana todavía pervivió más que el lino. Las condiciones climáticas de la zona favorecían que determinadas prendas de vestir, como los calcetines y el jersey, siguieran necesitando la producción de lana. Al desaparecer el PARDO, la lana sobrante se empleaba para hacer los colchones de las camas, sustituyendo a los jergones de paja de centeno.

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NOTAS.

(27) Krüger (1925), páginas 162-163, términos sobre el ganado y la cabriada.  Jorge Dias (1953), página 180.

(28) José Luis Martín Galindo (1987) describe el mismo tipo de oveja en la montaña leonesa de La Laciana. Página 180.

(29) “Por pastoreo abusivo de 350 cabezas de ganado  lanar han sido denunciados a la autoridad competente cinco vecinos de San Martín del Terroso.” EL HERALDO DE ZAMORA, 5 de Enero de 1905.

“La Benemérita de Requejo ha denunciado ante el juzgado por pastoreo abusivo a los vecinos de San Martín del Terroso…” EL HERALDO DE ZAMORA, 29 de Enero de 1908.

(30) Sobre la cultura generada por el aprovechamiento de la oveja en el noroeste peninsular, en concreto en Lumbrales (Salamanca), Luis Cortés Vázquez (1957) presenta un interesante trabajo.

(31) Las marcas de las ovejas en Rio de Onor: Jorge Dias (1953), página 183.

(32) “14 Noviembre de 1912, le dí cuatro gudallas de amedias tasadas en 105 reales, 2 negras y 2 amarillas… Vendió una cabra en 60 reales, me entregó 32 del coste y 14 de ganancia.” (C.S.M. 57)

(33) Jorge Dias (1953), página 180: el sistema en Rio de Onor. Nicolás Tenorio (1982), páginas 61-63: el sistema en la zona de Viana del Bollo (Orense).

(34) Nicolás Tenorio (1982), página 63.

(35) Términos sobre el pastor: Krüger (1925), páginas 159-162. Sobre el perro y la merienda del pastor: Jorge Dias (1953), páginas 181-182.

(36) El mismo dato lo recoge Jorge Dias (1953) en la página 182.

(37) Encontramos esta misma costumbre en la Maragatería leonesa, José Luis Martín Galindo (1987), página 67.

(38) Sobre esta misma costumbre Nicolás Tenorio (1982), páginas 64-65.

(39) “La piel del perro servía para ponerla en los cabezales de las vacas, la piel de la cabra también para eso. Los pellejos de vino también los hacían con las pieles de cabra. La piel de vaca se empleaba para hacer sobeos y cornales, para uncir las vacas. Se usaban mucho y duraban mucho.” (Terroso. Santiago)

(40) Jorge Dias (1953), páginas 261-262.

(41) Krüger (1925), páginas 263-266. Luis Cortés Vázquez tiene un artículo en la Revista Dialectología y Tradiciones Populares donde describe e molino pisón del pueblo sanabrés de Trefacio. Uno de los pasajes más divertidos de El Quijote es la aventura del molino pisón en Sierra Morena: el ruido constante  y fuerte de sus mazos en plena noche hace que Sancho se “cague por la pata abajo”, circunstancia que don Quijote le recrimina, por el nauseábundo olor.

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