Posteado por: lenguajesculturales | octubre 26, 2010

Estratificación social: relaciones de propiedad, trabajo y comercio. Las relaciones amo-criado en los pueblos de La Guareña zamorana. La Guareña zamorana. Guía cultural


Estratificación social: relaciones de propiedad, trabajo y comercio.


En el apartado anterior hemos abordado de una manera indirecta la estratificación social de la sociedad tradicional de La Guareña. Ahora destacaremos de un modo más concreto el modelo característico de estructura social existente en estas comunidades zamoranas que se desvela en el testimonio de nuestros informantes.

Amo-criado: la propiedad de la tierra.

El origen de la diferenciación social se encontraba en los diversos tipos de casa o familia de cada pueblo. Podemos establecer tres tipos: La casa fuerte o rica, la casa de medio labrador o “peguero”, y la casa del criado-obrero-jornalero.

“Había gente con una parejita mulas que se defendía, una pareja vacas, con tierras suyas o que le habían arrendao a un señor. De estos medio labradores había bastantes. Luego el labrador grande. Y luego muchos, muchos, más de la mitad del pueblo que no tenía nada, vivía del jornal.”

De lo dicho se desprende que la propiedad marcaba una importante diferencia entre nuestros paisanos. Los dos niveles que se establecían a partir de esta distinción quedaban fijados en los términos “amo” y “criado” (31). Ambos extremos conformaban la dialéctica social de la mayoría de estos pueblos. Pese a ello, no todas las comunidades vivían con igual intensidad esta contraposición: Dependía de la mayor o menor proporción de propietarios de la tierra en cada municipio. En los pueblos con gran parte de la tierra concentrada en pocas manos (Olmo, Castrillo, Vadillo…) la figura del amo frente al criado estaba más definida que en los pueblos con un mayor porcentaje de propietarios o arrendatarios de tierras (Guarrate, Fuentesaúco, Cañizal…) (32).

Todo lo dicho no impide que entre los testimonios de nuestros informantes encontremos afirmaciones que nos recuerdan la concepción de relativa igualdad social que poseían las comunidades del oeste zamorano (Sanabria o Aliste).

“Allí había mucha diferencia (en Fuentelapeña), porque aquí, en los momentos de diversión nunca hubo dos bailes, todos ‚ramos iguales, todo el mundo de Guarrate era igual… los obreros que los amos, no había diferencia.”

“En los pueblos como Torrecilla (Valladolid), pues ya se sabía, los ricos con los ricos y los pobres con los pobres. Aquí en Cañizal ya era un poco más igual. Los de Torrecilla me decían: Ah, es que en Cañizal todos sois iguales, porque allí con las viñas y los praos, pues todos sois iguales. Pero en Torrecilla no hay más que amos y criaos. Allí no hay huertas, allí no hay praos, allí no hay majuelos. Entonces el rico se casa con la rica y el pobre con la pobre.”

 

La igualdad de los vecinos en algunos pueblos de La Guareña era una apreciación genérica, porque, como ellos mismos reconocían, también había distancias sociales entre unos y otros, sobre todo a la hora de formar matrimonios.

“Los matrimonios casi siempre se establecían por conveniencia, porque casi siempre se buscaba pareja de tu escala social, o que considerabas que tenías. Aquí en Guarrate, entre familias había pocas diferencias, pero había.”

Algunas circunstancias históricas (33) y, sobre todo, la existencia de amplias praderas de uso común siempre favorecieron que numerosos medio labradores pudieran vivir de su trabajo en tierras propias o arrendadas. De este modo los paisanos de Guarrate, El Pego, Cañizal, etc. podían valorar un cierto sentido de igualdad entre sus convecinos.

Una caracterización extrema de las diferencias entre amo y criado podría ser la siguiente:

“El amo era el labrador y los obreros eran los que trabajaban pa ese amo. Porque en este pueblo siempre ha habido m s obreros que labradores, muchos más. Aquí había una docena o poco más de labradores, y aquí había ciento y pico obreros, y todavía tenían que venir más obreros a segar en el verano… otros treinta o cuarenta después de los que ‚ramos aquí.” (Castrillo)

El amo era el labrador, o el colono rentero que poseía los medios de trabajo. El amo no solía trabajar en el campo con la pareja de labor, tenía quien lo hiciera por él. Entraba en el Casino del pueblo.

“El casino era sólo el café. Se iba a jugar… mucho. Había un reservao pa jugar dinero… que estaría prohibido, pero Fulano perdió una noche 5000 pesetas, de aquellos tiempos. Sólo iban los ricos. De los que estábamos trabajando no conocía nadie el casino. Y es más… que si alguno, un poco pobre… (entró y le dijeron)… Coño, y tu por aquí… Era un cazador, que como andaba con los ricos, de caza… Y dice que llegó al casino, y le dijo uno: Coño, ¿y qué haces tu por aquí? Como diciendo que él no tenía ningún derecho. Así que allí iban los cuatro ricos a tomar café y a jugarse los dineros.”

El amo pertenecía a la cofradía de San Isidro porque era labrador, o era de la Hermandad de Labradores (34). En algunos casos el barbero acudía semanalmente a su casa para afeitarle.

“En el pueblo había tres barberos, y esos barberos iban a afeitar a los amos a su casa los sábados. Pero los que estaban arando en las tierras, como fueran los sábados, no estaban para afeitarles…”

Comía longaniza o chorizo bueno. Bebía vino de su cosecha. Comía un tipo de alubias y no otro.

“Hay muchas clases de alubias… caparrones, negras y blancas. Unas de un color y otras de otro. Las blancas son de señorito, y las negras son los pineles, que es lo que nos daban antes ( a los criados).”

El amo vivía preocupado por “tener entretenido” al criado. No permitía que sus hijos se casaran con un criado o criada. Administraba y disponía de dinero: podía comprar, vender o tomar en renta tierras, poseía medios para trabajarlas y animales para la labor, para la recría y para el “espante” de los toros.

“Casi siempre el que tenía caballo era labrador, más o menos alto, pero labrador.”

Llegaba a ser el mayordomo permanente de algún santo de la iglesia del pueblo, sacándolo sus obreros en procesión el día de la fiesta. No cabe duda que de algún modo influía en la vida del pueblo (35).

“Aquí caciques… toa la vida. Antes de la guerra oí contar que vino un marqués pa pedir votos pa ministro o pa lo que fuera. Tenía amigos aquí y les dijo que dieran 21 duros pa que fueran a votar por él. Tenía aquí amigos labradores de los más fuertes, y dieron 21 duros a los del pueblo que votaran pa ese señor. (No ganó las elecciones)… y luego se vieron de negras (los amigos labradores) pa cobrarle a él lo que adelantaron.”

El criado, obrero o jornalero trabajaba en el campo, escardando, vendimiando, cavando en la huerta, o arando con la pareja de mulas. Cuidaba los animales. Su oficio era ser revecero, mozo de mulas o pastor. Así se ganaba el jornal diario.

“Porque entonces el obrero no ganaba cuatro perras, y con el sudor nuestro han hecho muchos de esos ricos su capital. Si cobraban por una saca de harina 1000 pesetas al estraperlo. Y con eso compraban cinco fanegas de tierra. Un obrero de entonces tenía que echar ocho días pa ganar una fanega de trigo, que venía dando cuarenta panes. Que normalmente entonces todas las familias tenían cuatro o cinco muchachos… y hasta diez. Como ganaba medio duro de jornal diario, tenía que echar ocho días pa sacar la fanega de trigo. Y no podía comer más que pan. Y los chavales que tenían estaban trabajando con otros a guardar vacas pa que los dieran de comer.”

El criado no iba al casino. Se reunía con los amigos en alguna bodega. Pertenecía a la cofradía de San José, por ser obrero. Iba semanalmente a casa del barbero a afeitarse.

“Había barbero pa los que éramos obreros o pa los que trabajábamos pa nosotros solos. Teníamos que ir todos los domingos y allí nos juntábamos 20 o 30, y teníamos que estar desde las diez de la mañana hasta las tres de la tarde.”

Comía chorizo de callos, mucho tocino, y bebía vino muy rebajado que llamaban “agua cuba” (36).

“Una vez un señor le quitó la calabaza de vino a un criado. Habían ido a la bodega a hacer el trasiego y cogieron una calabaza de vino, escondiéndola, porque a los criaos solamente les daban agua cuba, que era el agua después de sacar el vino. Entonces este criao metió la calabaza en la alforja. Pero los amos, como siempre han sido mu listos, pues llegó a casa y le miró en la alforja, y vio que tenía una calabaza vino, y se la quitó. Y aquel día le mandó arar un majuelo. Dice: Vete ahí a arar el majuelo, a las Cepas Altas, y que vaya el chico y te quite los vastigones, que te los desvíe.  Y fue el criao, y al llegar le dice al muchacho: Deja los palos (los vastigones) como están, y siéntate ahí, que este nos va a pagar la calabaza de vino que nos ha quitao. Y pasaba el arao, iba llevando la mitad de los vastigones, haciendo mucho daño.”

El criado procuraba no trabajar cuando en invierno el campo no necesitaba tanta dedicación. Se casaba con los de su misma categoría. Podía llegar a poseer alguna tierra que el amo le dejaba trabajar los domingos con sus animales y sus aparejos (los del amo) (37). Se beneficiaba de “los huertos familiares” cedidos por el ayuntamiento… etc.

Había conciencia de ser amo y de ser criado (38).

La contraposición expuesta en las líneas anteriores era el caso extremo de diferenciación social. También se daba la buena relación amo-criado, llegando el criado a formar parte de la misma familia, y favoreciendo enormemente la marcha de la casa.

“Por regla general el criado era leal al amo, y el amo al criado. Se hacía una buena convivencia, porque se formaba un equipo de muchos años. El orgullo de un criado era estar cuantos más años mejor. En 60 años mi abuelo cambió tres veces de casa. Fíjate hasta donde llegaría la lealtad de un criado que dicen aquí en Cañizal que la tío Palí le mató un toro en el espante porque iba a entrar en la viña de su amo y la estropeaba, era a primero de Setiembre, antes de vendimiar. Pues se puso delante del toro y se lo llevó.”

Había criados que se convertían en verdaderos amos de la casa donde trabajaban. Los hijos de los amos mandaban menos que el criado mayor, el mozo mayor, porque este llevaba muchos años trabajando las tierras de la familia y sabía lo que había que hacer y cuándo hacerlo (39).

No todos los que empezaban sirviendo llegaban a convertirse en criados de edad y experiencia, imprescindibles en la casa donde llevaran toda la vida trabajando. Algunos intentaban “poner labranza” por su cuenta. Adquirían una caballería (burro o mula) y buscaban un compañero con el que hacer una pareja de labor, convirtiéndose en “peguero” o medio labrador. Intentaban sacar una cosecha en tierras arrendadas o propias. Si fracasaban en su trabajo “por libre”, emigraban o volvían a ser criados.

De todos modos, ser amo o criado era una polarización relativa, porque la vida agrícola, siempre dependiente del capricho de la Naturaleza, tendía a repartir la inseguridad del futuro entre todos: si la cosecha era mala, lo era para todos, amos y criados.

Amo-criado: la propiedad de los medios de trabajo.

Hasta ahora hemos descrito la estratificación social atendiendo a la propiedad o no de la tierra. Pero conviene advertir que muchos de los grandes amos de algunos de estos pueblos no eran propietarios de las tierras que trabajaban, sino renteros y colonos. Amo, en estos casos, era el poseedor de los medios para trabajar la tierra. El amo estaba capacitado para dar trabajo a criados, obreros y jornaleros por medio de ajustes o acuerdos verbales. La polarización amo-criado no sólo se basaba en la posesión o no de la tierra, sino también en la capacidad de dar o no dar trabajo.

En páginas posteriores describiremos con más detalle la función o rol del criado. En ellas nos detendremos a analizar los diversos tipos de “ajustes” que hacían con el amo.

La polarización social amo-criado se destaca también en este apartado. La voluntad del amo daba trabajo al criado. El criado dependía del amo para tener trabajo. El amo necesitaba obreros para llevar adelante su hacienda, sus tierras y su casa.

Comerciantes, artesanos, funcionarios y labradores ricos: la disponibilidad del dinero.

Reducir la estratificación social tradicional de estos pueblos a la simple contraposición amo-criado sería una visión limitada, sobre todo, si tenemos en cuenta que en los pueblos grandes vivían funcionarios, especialistas artesanos y otros vecinos dedicados a servicios que formaban parte de su entramado social.

Estos paisanos tenían una situación social semejante a la de los labradores e, incluso, se podían sentir superiores a ellos por tener una actividad más segura y menos esclava que la vida del campo. Todo el que tenía algún ingreso por actividades distintas de la agricultura (que era de autoabastecimiento y no generaba por sí misma dinero) estaba en una situación privilegiada respecto al que sólo dependía del trabajo agrícola. El funcionario recibía un salario mensual del Estado; algunos, como el médico, tenían una iguala que se cobraba en grano. Los artesanos y especialistas en servicios complementarios de la agricultura (carreteros, herreros, etc.) también cobraban en especie, generalizándose durante el siglo XX el cobro en dinero. Los amos pagaban a sus criados en dinero, en trabajo de sus animales y en especie, generalizándose también a lo largo del siglo XX el pago en dinero. Ser poseedor o no poseedor de dinero marcaba otro grupo u otra diferencia social. El dinero no circulaba en el ámbito de la agricultura de subsistencia. Después de la guerra civil española las rentas de las tierras estaban muy bajas, por lo que se alargó hasta la mitad del siglo XX el ancestral pago de la renta en grano, limitando, por tanto, la circulación de la moneda aun reducido grupo dentro de las comunidades rurales (40).

“… mi madre tendría higos y garbanzos, alubias y cebollas… si es que no se compraba nada…”

“En el comercio se llevaba un huevo y se compraba (se cambiaba) por escabeche. Otros se lo apuntaban y se lo iban adelantando hasta que les dieran el jornal. Y el comerciante también tenía su labor… pero él tenía dinero. Los albañiles… en verano iban a segar, y así decían … hasta navidades, ni hambre ni frío… pero luego había que encontrar dónde trabajar…”

Los labradores, ricos o pegueros, se autoabastecían para todo el año de los productos fundamentales (cereales, hortalizas y carne de cerdo). Los criados permanentes y algunos obreros eran mantenidos en la casa donde trabajaban, siendo parte de su jornal la propia manutención. El dinero no era el medio fundamental de relación de trabajo y comercio y, por tanto, pocos disponían de él. De hecho, la figura del prestamista era una de las más importantes en la vida de estos pueblos. Era un labrador rico o un comerciante, vecinos con mayor posibilidad de tener dinero. El labrador rico porque su casa tenía excedentes que sacaba al mercado provincial o comarcal, obteniendo dinero, y el comerciante porque estaba insertado en la sociedad de mercado que dominaba las relaciones extra-locales. El vecino dejaba una larga lista de productos a cuenta para ser pagados cuando llegaran las temporadas fuertes de trabajo y de obtención de jornales.

“El usurero era gente que al mojor tenía mil pesetas o mil reales, y las daba a rédito. La usura era que un señor que tenía un cacho comercio… más que nada eran los comerciantes… no eran ni los agricultores ni los curas, aquí la usura la hemos conocido en los comerciantes, pero comerciantes que igual vinieron de sitios de esos muy míseros, que allí era mucha la miseria y aquí se vivía mejor, y pusieron un cacho de comercio, y luego aquel que quería emigrar pa América le vendía los cuatro cachos de tierras que tenía porque le debía… lo que le había vendido pa una camisa, o le daba el dinero pa emigrar a un familiar. Aquí vinieron los “Fulanos” que vinieron de Sanabria y de por ahí, y se han puesto los más ricos. La gente no disponía de dinero en efectivo, ¡qué va! Cuando iba la gente a comprar arroz o fideos decía… Apúntamelo. Hasta que ganara el jornal. Y luego se lo pagaba… O no se lo pagaba y se hacía aquel señor (el comerciante) con las tierras. Onde más usura había era en la venta luego de mulas, de bueyes o de ganao luego para labrar la tierra. No había ningún labrador que comprara una mula y luego la pagara en el momento. Esa mula tenía que coger dos o tres cosechas pa pagarla. Luego había otra usura, que era con el grano: los graneros que venían a comprarte el grano que cosechabas… Y, mira, entre el granero que te adelantaba el dinero y luego no se lo podías pagar y el mulero que le debías las mulas, tú arruinao.”

“Pero es que entonces tenías que esperar a que viniese el comprador del grano (antes de la creación del Servicio Nacional del Trigo), que por regla general eran unos señores de por ahí de la Armuña. Eran los Marcos, los usureros. Esos daban dinero a rédito, porque el banco no existía, y a lo mojor había muchos que cuando cogían la cosecha, ya la tenían comida, y con creces, porque le habían dado el dinero los Marcos, que llamaban, y entonces, hasta que no venían esos compradores de grano tenías que tener el grano arriba (en el sobrao).”

_________________________________________________.

NOTAS.

(31) En el término “criado” incluimos “obrero”, “mozo de mulas”, “jornalero”, etc., en general, todo paisano que dependía de otro para trabajar. El término “amo”, “ama”, todavía contiene en su significado matices de la sociedad del Antiguo Régimen, actitudes de servilismo por parte del trabajador, un rol superior al que hay que ser sumiso y respetuoso.

“Eres arrierillo de veinte mulas

tres y dos son del amo…” (El Pego)

“Venimos a vendimiar con muchísima alegría

porque el ama que tenemos

se llama doña María…” (El Pego)

“Ven acá, buey Gambista,

Vuelve, Romero,

a pedírselo al ama,

yo no me atrevo.” (Fuentelapeña)

Coplas de La Guareña tomadas del Cancionero del Folklore Zamorano, Miguel Manzano Alonso. Editorial Alpuerto S.A. Madrid, 1982.

Miguel Delibes en Castilla, lo castellano y los castellanos, Espasa Calpe, Madrid, 1995, destaca entre los caracteres de los castellanos la sumisión, apartado IV: “…el bracero, el modesto colono,            el aparcero, siguen alentando bajo un vago sentimiento de desamparo, de temor, que les inclinan a situarse espontáneamente bajo la protección del poderoso o del que consideran como tal.” (p.61)

(32) “A pesar de esa relativa homogeneidad, de confirma de nuevo la existencia de una realidad agraria bipolar. En un lado se encuentran los núcleos de población, entre los cuales sobresalen La Bóveda de Toro, Fuentesaúco, Guarrate, El Pego, Villabuena del Puente y Villamor de los Escuderos, en los que dominan las explotaciones de pequeño y mediano tamaño. En el otro están Castrillo de La Guareña, Vadillo de La Guereña y Vallesa, donde las de mayores dimensiones ocupan una posición relevante.” La Campiña de La Guareña. Antonio Maya Frades. León 1994.

(33) La compra de las tierras del pueblo por los colonos que durante muchos años las habían trabajado modificó, en cierto modo, la estructura social de algunos de estos pueblos, donde los antiguos obreros o colonos de un terrateniente se convirtieron en propietarios o “amos”. Recordamos aquí la venta de los pueblos de Guarrate y El Pego a sus habitantes. También, en unos versos de Luis Torrecilla se recuerda un hecho parecido en Cañizal, la venta de las fincas del Marqués. No todos podían comprar, y si no compraban, se quedaban sin tierras para vivir.

“Oigo lamentar un pueblo

de esta reseca Castilla

entre los colonos y aldeanos

que trabajan noche y día…

como son muchos los años

de trabajo y de miseria

de sus abuelos y padres

que trabajaban en ellas (las fincas)

con todos los sacrificios

trataron de defenderlas

de la mano del intruso

o de personas ajenas

que porque tengan dinero

o muy poquita conciencia

han hecho que un pueblo honrado

de economías domésticas

tenga que sacrificarse

comprando casi a la fuerza.”

(A las Fincas de un Marqués. Luis Torrecilla. Cañizal.)

(34) “… y en este mes de Mayo la fiesta de San Isidro Labrador… se hacía la fiesta en honor de este santo por ser la fiesta de los labradores. Los gastos de la fiesta, la costeaban sus gastos el sindicato católico, del que eran socios todos los labradores… Así yo, este año de 1933 llevé por todo el pueblo en procesión con el santo la bandera del sindicato. Después de la Misa se hacía un festejo de bollos y limonada…” (Memorias manuscritas de Luis Torrecilla. Cañizal. Zamora.)

(35) Es interesante reproducir algunos párrafos de un artículo de El Correo de Zamora, Martes, 8 de Febrero de 1898, titulado “Los ricos del pueblo“. La orientación clerical y moralista del periódico no disminuye su valor testimonial respecto a este tema.

“Tipo digno de observación y estudio es este del rico de aldea. Colocado por razón de su hacienda y de su dinero en la cúspide social de un pueblo de escaso vecindario, es muchas veces dentro del municipio rural el caciquillo sin cuya aprobación no prospera ningún proyecto del Concejo, ninguna pretensión de sus convecinos.  …la influencia que las costumbres de esta clase social ejerce en la manera de ser del pueblo en el que viven. Que el ejemplo cunde más cuando viene de arriba, y en la vida de aldea, donde es continuo el trato entre ricos y pobres, entre amos y criados, el ejemplo se impone de tal modo que las costumbres de la clase jornalera son casi y sin casi reflejo exacto de las costumbres de los ricos.

Y lugarejos hay en esta provincia de Zamora donde el olvido de las prácticas piadosas, juntamente   con la tolerancia de la autoridad, siempre ejercida por los ricachos, ha traído la blasfemia, las coplillas de brutal indecencia que entonan los mozos en la ronda, la banca y demás prohibidos, en que talla quizá el amo y apuntan los criaos con el dinero que aquél les entrega por jornales de la semana, el baile flamenco en la plaza mayor, con el cual se contonean por todo lo alto, por todo lo profano y por todo lo sucio, hasta los más patanes, al son del tamboril. ¡Cuidado que es contraste bailar chulo al son de la gaita!…”

(36) “Después de trasegar el vino de la cuba se echaba agua. Esto se llamaba aguacuba. Esto sería lo que beberían los criados. Ellos, los que trabajaban las viñas, los que tenían que subir los cestos de uva a las cubas por escaleras, de 80 o 90 kilos, por una escalera de cinco o seis metros de altura. Sólo a escondidas y a ciertas horas podían beber algo de aquellos vinos hechos y producidos con su sudor. El amo mandaba a sus criados a trasegar el vino de unas cubas a otras para después venderlo. Siempre se apartaba un cubeto para los amos y para beber cuando se va a la bodega…” (Memorias de Luis Torrecilla. Cañizal, Zamora.)

(37) El criado no podía arrendar tierras sin permiso del amo. Debía dedicar todo su trabajo a la casa             del amo donde se había ajustado: “El Marqués de la Torre arrienda el monte a los vecinos del pueblo. Todos los vecinos tienen derecho a coger algunas fanegas, también pueden coger los obreros… los obreros se conformaron con alguna pequeña parcela que se la labraría el amo, pero si este no quería, no podías coger… (1930).” (Memorias de Luis Torrecilla. Cañizal, Zamora.)

(38) Añadimos otros ejemplos de la identidad social ser amo–ser criado.

“Recuerdo, decía el abuelo un día, que había en el pueblo una banda de música, fue a darle la    enhorabuena al señor Lorenzo, que era el alcalde del pueblo. Eran las diez de la noche, la música era de cornetín. En el pueblo sólo conocían la dulzaina. Los músicos eran gallegos. Los criados estaban donde siempre, en la cuadra, junto a las bestias, que era donde dormían. Al escuchar la música salieron por el portal para escuchar de cerca y ver a los músicos y recrearse de aquella música que apenas conocían. El señor Lorenzo sale de su habitación y les dice: – ¿Dónde vais vosotros? – Vamos a ver la música. Y les contestó: – Vosotros, a la cuadra. Ellos volvieron la cabeza y volvieron a la cuadra de donde habían salido. Oh, cosa curiosa. Hoy veo casado un bisnieto de este señor con una bisnieta del abuelo, sin ninguna diferencia de clases.” (Memorias de Luis Torrecilla. Cañizal, Zamora.)

Muere el padre, y la mujer y los hijos pequeños no pueden llevar adelante la casa… “Para él (el padre) terminó todo en aquel momento en el que dejó este mundo. Para su mujer y sus hijos empezaba una nueva vida. Estos volvieron a la esclavitud. Desde este día perderían aquella libertad por la que él tanto luchó y trabajó hasta perder la vida…” (Memorias de Luis Torrecilla. Cañizal, Zamora.) Con la expresión “esclavitud” y “perder la libertad” se refiere a que la viuda y sus hijos entraron de criados en una casa rica, abandonando las tierras que trabajaba el padre como labrador pequeño o “peguero” (1934).

(39) “Cuando el abuelo dejó la casa del señor Mariano se ajustó en casa del señor Lorenzo Sierra. Allí pasó otros treinta años de su vida.” (Memorias de Luis Torrecilla. Cañizal, Zamora.)

(40) “…aquella señora, envuelta en su toquilla negra, que a la sazón portaba en sus manos unas docenas de huevos, presumiblemente para cambiar al señor Carracedo por aceite, (entonces el trueque aún existía),…” Pp. 157-158. La Bóveda de Toro. Memorias y Documentos,  José María de Vicente. Zamora, 1992.

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