Posteado por: lenguajesculturales | septiembre 15, 2010

EL BIRRIA DE TÁBARA.


EL BIRRIA DE TÁBARA.

El birria es un original personaje que participa en la danza del paloteo de la Fiesta del Corpus de Tábara.

“Asegura Corominas que la palabra birria es de origen dialectal leonés, procedente al parecer del latín vulgar verrea, derivado de verres, verraco”.

“El Diccionario de la Real Academia le atribuye estos significados: adefesio, facha, mamarracho, moharracho, zaharrón, botarga… La botarga es el vestido de varios colores que se usa en las mojigangas o fiestas que se hacen  con disfraces ridículos, enmascarados los hombres, especialmente en figuras animales. Cesáreo Fernández Duro incluye en su Memorias históricas de la provincia de Zamora (1882-3) un vocabulario zamorano. Del vocablo birria dice que significa  la mujer que hace gestos, además de expresar lo anteriormente mencionado”.  También podemos encontrar relación etimológica con el término “guirrios”, enmascarados aguinalderos de Asturias, León y el norte zamorano. (Francisco Rodríguez Pascual . 1987 y 1988).

La costumbre de danzar  delante de la presencia de Dios, o de sus símbolos, es una manifestación religiosa extendida por la península ibérica. En Castilla y León se da en Salamanca, León , Burgos, Valladolid… En Zamora se ha recuperado en algunos pueblos, como en Muelas del Pan, Cañizal (primeros de Mayo) y, por supuesto, Tábara. En la Biblia leemos que  David bailó delante del arca de la Alianza, y esta forma de expresión, junto con el canto, la oración y la gestualidad pasiva son los modos de relacionarnos visiblemente con la divinidad.

Según la tradición son ocho danzantes masculinos, aunque en los tiempos actuales se admiten danzantes femeninas. Vestidos con camisa blanca, chaleco de terciopelo rosa o seda labrada, faja color rosa o pañuelo rameado en la cintura, polainas o pantalones hasta media pierna, medias blancas de hilo y zapatillas blancas con cintas de colores. Se ajustan un pañuelo en la cabeza, y sobre él una corona o sombrero de flores. En la danza se quitan la corona y el familiar que la sostiene premia al danzante con una propina. En las manos llevan castañuelas, y, sobre todo,  cuelgan, atados con cintas a las muñecas, los palos de espino duro y sonoro, casi de medio metro.

Los danzantes evolucionan entrechocando sus palos, según unos lazos o pasos de baile, acompañados por flauta (gaita zamorana) y tamboril. Estos lazos tienen letra, normalmente de contenido muy dispar, o simplemente una cantinela que recuerda la música.

Las Calles de Roma.

Por las calles de Roma

ahí van peregrinando

por gozar de tu hermosura

iban muy bien pelando.

Las vuelticas.

Tiri, tiri, tiri, tiri, tiri, tiriteira,

Tiri, tiri, tiri, tarará, tran-tran.

Tran, tran. tran, laralá, la…lá,

Tran,tran, tran, laralá, lan… lán

Otros lazos, o pasos de danza, llevan por título Carmelita, El veinte de Noviembre, A nuestro Rey mataron, Después de acomodar, la Habanera,  La procesión, El galón, La mamita,  La verde, La Pasión, Tarantaina, Señor mío Jesucristo, etc. Algunos de ellos son muy similares a los que se cantan en Miranda do Douro (Portugal).

Su origen, posiblemente guerrero, determina que acompañen a las autoridades del pueblo al comenzar la fiesta ( … convidaron a Don Rodrigo y a Don Sancho a Portugal, y los convidaron a pan y a vino, y los convidaron a vino y pan…) , acompañan también a los sacerdotes ( … vamos a llevar a estos curas a su casa, vamos a llevar que por otro lado no pasan…), y sobre todo, acompañan en la procesión al Santísimo, realizando la danza en las paradas previstas, como los altares de las puertas de las casas particulares, donde danzan delante de los niños recién nacidos en ese año en el barrio.

El birria acompaña a los danzantes. Es un personaje-máscara, un diablejo. Lleva una careta de narices prominentes con una piel de animal en lo alto, sobre la cabeza, cayendo hacia atrás, una valona  blanca en torno al cuello,  una blusa bicolor (verde y roja), unos pantalones hasta media pierna  también bicolores. En una mano porta un palo con una cuerda en el extremo de la que pende una bola de badana , de cuero, y en la otra una castañuela grande.

La función del birria es “abrir el corro”, hacer sitio entre los asistentes a la procesión para que bailen los danzantes, utiliza para ello la badana y su aspecto diablesco. También en medio del baile golpea al danzante que se equivoca, o sorprende al espectador distraído para que se atenga a la línea del corro que ha marcado. En caso extremo, si un danzante “se manca”  y debe dejar la danza, el birria le sustituye como uno más, hace función de comodín de los danzantes.

Quien representa al birria debe ser alegre, extrovertido, imaginativo y juerguista.

Hay un lazo de los danzantes en el que participa haciendo burla a uno de los guías (el primero de cada fila de danzantes), “La Pasión” (cantinela sin letra). En el resto, tiene un papel independiente de los danzantes.

¿Qué sentido tiene este personaje?

En la provincia de Zamora hay varias mascaradas invernales en las que aparecen personajes que recuerdan al birria. Este podría encuadrarse dentro de las mascaradas, como un personaje trasladado desde el invierno a la primavera o el verano.

“Parece ser que en épocas pretéritas hubo Birrias también en otros pueblos de Tábara y Benavente, pero desarrollando una acción independiente de las de los Danzantes y más de acuerdo con las mascaradas invernales: corría, saltaba, zurraba a la gente, recogía el aguinaldo… Venía  a ser una especie de Diablico o personaje cómico, con rasgos más dulcificados, menos torvos o siniestros que los del Zangarrón, aunque perteneciendo a la misma familia. Esta personalidad del Birria se trasluce en su disfraz. La máscara que lleva no es horripilante, sino jocosa; la indumentaria resulta incluso agradable a la vista; sólo infunde cierto pánico la piel de animal que cubre las espaldas” (Rodríguez Pascual. 1988). “Zangarrón y birria serían las dos caras de la misma moneda: si en el primero se subraya el lado trágico, en el segundo se subraya el cómico…” (Rodríguez Pascual. 1987)

Pero la danza, con el birria, en la actualidad se realiza en primavera y verano, en la romería de San Mamés ( Romería a la ermita de San Blas y San Mamés el lunes de Pascua), el día del Corpus, y el día de la Asunción en Agosto. No representa propiamente el mal que dramatizan las máscaras invernales. Es un diablejo, representante de un mal mitigado, light, burlón y cómico, arlequín de travesuras. En esta segunda interpretación se puede entender el birria, dentro de la fiesta del Corpus. La procesión es la salida de Dios desde el espacio sagrado (la Iglesia) al espacio del pueblo, de la vida diaria de todos los vecinos, para hacerle partícipe de nuestra humanidad, representada significativamente en los niños nacidos en el año. En esta salida le acompañan las autoridades, los sacerdotes, los fieles, los danzantes… y los representantes del mal. En las ciudades españolas había tarascas en la fiesta del Corpus, dragones que echaban fuego, el mal en vivo. El birria, sin embargo, no es un representante del mal incontrolable, sino uno más dentro del gran teatro del mundo. Un diablejo sometido, que, a su aire, también acompaña al Señor. En Castrillo de Murcia (Burgos), el colacho, diablo parecido al birria, salta sobre los niños para protegerlos del mal, también en la fiesta del Corpus, “… según la creencia popular, arrastra detrás de sí ciertas enfermedades infantiles: hernia o quebradura, tosferina, erisipela…” (Rodríguez Pascual. 1994).  Una fuerza mágica, una vacuna (librar del mal con algo de mal) que acompaña al Bien Absoluto, Dios. Parece que el birria, cuando pertenecía al grupo de mascaradas de invierno, tenía atribuciones parecidas a las del colacho burgalés: “Una informante muy anciana… me habló de un rito singular, agregado a la primitiva fiesta del Birria, que se celebraba a final del año, posiblemente el día de San Esteban. Durante ella se hacía la hoguera del solsticio de invierno, al estilo de la que existe todavía en Carbajales. Las madres llevaban a ella a los hijos enfermos, sobre todo a los herniados, que aquí llaman quebrados o potrosos. Existía la creencia generalizada de que se curaban si el Birria saltaba el fuego ante la presencia de sus progenitoras”. (Francisco Rodríguez Pascual.1988).

Juan Manuel Rodríguez Iglesias.

Bibliografía.

CARO BAROJA, Julio.

1984. El estío festivo. Fiestas populares del verano. Taurus. Madrid.

RODRÍGUEZ PASCUAL, Francisco.

1987. “Mascaradas de invierno en la provincia de Zamora” en Actas de las Jornadas

sobre Teatro Popular en España. C.S.I.C.  Madrid.

1988. Calendario 1988. Caja Zamora.

1991. Zamora. Castilla y León. Editorial Mediterráneo. Madrid.

1994. “Religiosidad popular eucarística en Castilla y León” en Eucaristía y

Evangelización Hoy. Salamanca.

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