Posteado por: lenguajesculturales | agosto 31, 2010

Las cofradías. La cofradía de las ánimas. Sanabria. Guía cultural.


Las Cofradías. La Cofradía de las Ánimas.

Cuando un grupo de vecinos formaba una asociación por cualquier motivo, quien explicaba lo que estaban haciendo aplicaba el nombre de COFRADERIA o CONFRADERIA. Lo mismo que el término ALCALDE era utilizado para referirse al responsable de algún tipo de organización vecinal, COFRADERIA se utilizaba para referirse a una asociación de vecinos.

Una cofradía no sólo era una agrupación de vecinos por un motivo religioso, sino que ejercía otras funciones propias del lenguaje social: poseer tierras, repartir limosna, atender a las necesidades de un entierro, etc.

Pese al uso ampliado del término CONFRADERIA, los terrosanos sabían perfectamente lo que era una cofradía. Nuestro municipio fue parco en estas expresiones de asociación con fines religiosos a lo largo de su existencia. Antiguamente existió la cofradía de Santa Lucía y la de la Vera Cruz, ambas con sede en las diversas ermitas del término.

La cofradía que siempre existió con m s o menos altibajos fue LA COFRADIA DE ANIMAS. El motivo por el que existía la asociación era la causa de tan perenne cofradía. La devoción a LAS ANIMAS, el recuerdo de los antepasados difuntos, las atenciones a la hora de la muerte y la participación en el entierro del cofrade, tenían la suficiente importancia para nuestros vecinos como para mantener viva esta cofradía durante siglos.

Los estatutos de 1728 eran testigo de su antigua existencia, aunque se encontraba abandonada cuando fueron escritos. Esto provocó que varios vecino de San Martín y de Terroso ” zelosos de aquella Cofradía de Animas que en otros tiempos se había mantenido con gran zelo y que al presente no avía, movidos de devoción, fundaron la dicha cofradía…”(34).

Los estatutos tenían los siguientes capítulos o condiciones:

– Pagar un real y un cuarterón de cera como cuota de entrada.

– Cada hermano cofrade debe tener una vela en las funciones de la cofradía.

– El primer lunes de cada mes se hará procesión, misa cantada asistida por varios sacerdotes y vigilia. El cofrade que falte será  multado con medio real no estando enfermo o ausente.

– Los cofrades están obligados a ir con la cera de la cofradía al entierro del cofrade que haya muerto a menos de once leguas del municipio.

– La cofradía debe asistir al entierro de los pobres  del lugar o forasteros que mueran en él, con la cera, y manden decir una misa por él.

– Habrá  dos cofrades que acompañar n al Viático cuando se lleve este a algún hermano. Serán de San Martín o de Terroso, según sea el enfermo, y los avisar la casa del enfermo. Si falta alguno pagar  un real de multa.

– Es obligatorio asistir a misa con la cera los días de Corpus Christi, Santiago, Semana Santa y día de Pascua de Resurrección. La falta ser sancionada con  medio real.

– Los mayordomos han de dar cuenta del dinero, la cera y las limosnas que se dan a la cofradía. Se nombrar  en cada pueblo un encargado para recoger las multas de los cofrades.

– Si algún cofrade abandona la cofradía por no asistir o por otras causas no legítimas, pagar  una libra de cera para que el día de su entierro los cofrades le paguen la libra de cera.

– Como algunos sólo quieren entrar en la cofradía el día de su muerte, podrán hacerlo, pero pagando tres libras de cera y seis reales.

– El día de las Animas es obligatorio asistir con la cera, y quien falte pagar  medio real de multa.

– Habrá dos jueces para el gobierno de la cofradía, que con el sacerdote harán las cuentas de la cofradía en un día de la semana de Animas, eligiendo después los             jueces del año siguiente.

– Para que la cofradía se mantenga, los cofrades pagarán todos los lunes de mes un QUARTO, y los mayordomos pedirán todos los días festivos al acabar la misa para sufragio de las Animas.

– La cofradía tendrá  un arca con dos llaves, una la tendrá  el sacerdote y otra la tendrá el mayordomo PRO TEMPORE, donde se guardará todo lo que se recoja para las Animas.

– Los mayordomos nombrar n una persona en cada pueblo para pedir por las Animas por las puertas de cada casa.

– Los cofrades que molesten hablando en las juntas serán castigados con una multa conveniente. (Esta última cláusula está escrita con letra más pequeña y parece haberse añadido más tarde). (35)

Los estatutos reflejan una organización y unas actividades. La organización descansaba en los hermanos cofrades, el mayordomo, el sacerdote y dos jueces. No nos dejan claro si había dos jueces y un mayordomo o dos jueces ejerciendo uno de ellos de mayordomo, que parece ser lo m s probable. Se convertía un vecino en hermano de la cofradía pagando un real y un cuarterón de cera, se salía de la misma pagando una libra de cera, y el vecino que quisiera entrar poco antes de morir debía pagar seis reales y tres libras de cera, por lo que casi todos los vecinos adultos del municipio pertenecían a la cofradía (130 en 1815. 139 en 1828)

Las actividades de la cofradía eran de tipo organizativo, social y religioso. Las aportaciones del cofrade al mantenimiento de la cofradía eran la aportación mensual del QUARTO de cera, la colaboración en la colecta final de la misa, la colaboración en la colecta semanal que se hacía puerta a puerta por las ánimas, y en todo aquello que los jueces propusieran al cofrade de atención a un moribundo.

Las actividades religiosas iban encaminadas a hacer que los cofrades cumplieran las obligaciones de asistencia a las misas de los días importantes del calendario cristiano bajo pena de multa, y siempre con la cera.

Las actividades sociales se centraban en la asistencia a los cofrades moribundos y al funeral del mismo, incluso preocupándose de los pobres y forasteros. La Cofradía de Animas ejercía una función de perenne recuerdo y devoción hacia las almas de los antepasados, pero, a la vez, era el medio para solucionar como grupo el problema de atención a los vecinos que morían.

La Cofradía de Animas era un signo cultural de lenguaje tradicional del sanabrés y del terrosano, unido a la firme creencia de éste en la otra vida, de modo que comprendía la realidad en dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, las ánimas, a los que había que honrar y tener presentes. Por otro lado, era un signo de lenguaje social generado por la cooperación y la cohesión del grupo ante el problema de la muerte de uno de sus miembros (36).

El testimonio de nuestros informantes estaba próximo a lo que reflejan los estatutos de 1728 cuando hablaban de la Cofradía de Animas a la que ellos pertenecían. La tradición se ha mantenido hasta los años cercanos al final del siglo XX, hecho que confirma el fuerte arraigo de este tipo de signos relacionados con la muerte y la creencia en otra vida.

Para pertenecer a la Cofradía de Animas que han conocido y vivido nuestros informantes también había que pagar una cuota de entrada y mantenerla anualmente, además de las colectas que se hacían todos los domingos por las puertas de las casas.

“Había y hay una Cofradía de Animas en la cual se inscribían casi todos los del pueblo después de hacer la primera comunión. De ese modo, cuando uno se moría decían tres misas por él.”

La organización de esta última etapa de la cofradía era más sencilla que la que había habido antes. En cada pueblo un mayordomo administraba lo que se recogía, y llevaba la contabilidad de las aportaciones de los cofrades, además de organizar los preparativos del entierro de un cofrade.

“Había un jefe de la hermandad de las Animas que se  preocupaba de preparar el entierro, dejando libre de ese cargo a la familia del difunto.”

(Terroso. Santiago)

Nos parecen contradictorias algunas afirmaciones, ya que por un lado se afirmaba que el mayordomo se responsabilizaba de preparar el entierro, pero por otro, cuando hablamos de las costumbres sobre la muerte de un terrosano, veíamos que la familia tenía que buscar a las personas que organizaran el entierro del difunto. Parece ser que antes de los años sesenta la asistencia a los entierros no era obligatoria, al margen de la Cofradía de Animas, que debió quedar como una asociación para decir misas por los difuntos un día a la semana. La entrada de un nuevo sacerdote recuperó la costumbre de que al menos uno de cada casa debía asistir al entierro de las personas del municipio. No sabemos si estos cambios estaban relacionados o no con las obligaciones de los miembros de la Cofradía de Animas, el caso es que es difícil combinar los testimonios que nos aparecen contradictorios. Podemos sospechar que había obligación de asistir a todos los entierros por ser cofrade, pero que sólo se iba a los más importantes o a los de los familiares cercanos; a los de la gente pobre apenas asistían vecinos, seguramente porque ya no  imponían multa por no asistir a esas obligaciones de la cofradía.

“Había una diferencia antes, si se moría un familiar del cura o de alguna familia importante iban todos, se llenaba la iglesia, pero si se moría alguien que no nos tocaba o que no era importante, pues iban pocos.”

(Terrroso. Santiago)

La costumbre se volvió a recuperar y un miembro de cada casa tenía la obligación de asistir a los entierros.

“Tenía que ir el cabeza de familia los entierros y a las misas funerales de aquellos que hubieran muerto, y fueran cofrades. El que no iba lo multaban con la sanción de veinte pesetas.”

(Terroso. Andrés)

La actividad de la Cofradía en los años cercanos a nosotros se centraba en tres aspectos: la colecta de los domingos por las puertas de las casas, las obligaciones de decir misas por los difuntos, y las atenciones que tenían con los cofrades que fallecían.

Uno de los modos característicos para ayudar a la cofradía era la colecta dominical después de la misa. Antes de comer pasaba un cofrade puerta por puerta diciendo: “¿Da usted algo por las  ánimas?”. Todo lo recogido se llevaba al mayordomo que se responsabilizaba de venderlo y aumentar el depósito de la cofradía o lo repartía entre la gente necesitada.

“Antes la Cofradía de las Animas iba con un cesto por las casas, los domingos después de misa, para pedir.  Se daba un huevo, pan, una perra gorda… Luego en parte se vendía o se daba para los pobres.”

(Terroso. Ti Encarnación)

Otro de los objetivos importantes de esta cofradía era mantener la costumbre de decir misas semanales por los difuntos.

“Luego lo recolectado lo vendían y la limosna quedaba allí, y después el mayordomo la iba repartiendo  en misas o en cosas de esas, lo que se llamaba para el óbito de la cofradía.”

(Terroso. Santiago)

“Lo de la Cofradía de las Animas era para decir óbitos a las  ánimas, óbitos de la cofradía, por todas las ánimas en general, y en especial por las de aquellos que cooperaron a ello.”

(Terroso. Laura)

El dinero que poseía la cofradía se invertía en las misas semanales y lo necesario para la otra obligación de la cofradía, esto es, el entierro de un miembro de la hermandad.

“El momento de mayor actividad era cuando se moría alguien. Cuando se iba al entierro había una cesta muy grande, se compraba cera, y en esa cesta se llevaban las velas para los cofrades, una vela encendida llevaba cada cofrade.”

(Terroso. Santiago)

“Tenían que ir uno de cada casa al entierro porque todos los de la casa pertenecían a la cofradía.”

(Terroso. Santiago)

“La cofradía de las  ánimas valía para después, cuando te entierran, te hacen la misa de entierro gratis, y vienen por tí y traen las andas y los faroles. Todo el mundo estaba apuntado a la cofradía.”

(Terroso. Ti Encarnación)

Los días dos y tres de Noviembre eran las fechas más importantes en la vida de la cofradía. Los mozos pasaban la noche del dos al tres INCORDIANDO con las campanas de la iglesia para que los vecinos tuvieran un recuerdo constante durante esas horas de las almas de los fieles difuntos. La cofradía asistía a las celebraciones religiosas de esos días con las velas encendidas.

“El día de las Animas nos juntábamos en la iglesia, y el mayordomo iba con una cesta por la iglesia alante, era como el día de la fiesta de la cofradía. En la noche de Todos los Santos estábamos con las velas de cera amarilla…”

(Terroso. Santiago)

A grandes rasgos, parece que los últimos terrosanos que vivieron el modo tradicional de vida sanabrés seguían las normas establecidas siglos antes en la fundación de la Cofradía de Animas. La creencia en este misterio religioso estaba muy arraigada.

Había una costumbre que parecía tener relación con las Animas al margen de la cofradía. Al final de la misa, a la puerta de la iglesia, se repartía un trocito de pan de trigo. Quien lo recibía se comprometía a rezar un Padrenuestro por las  ánimas.

Luego otra cosa, el pan bendito al final de todas las  misas. Eso era por el pueblo: Hoy lo daba yo para este domingo y mañana tú. Era pan de trigo que se cortaba en cuarteronicos. Decían que todo lo que se rezaba eran Padrenuestros por las ánimas. Tú cogías un trocito de ese pan y te persinabas y rezabas un Padrenuestro por las  ánimas.”

(Terroso. Ti Encarnación)

La devoción a las  ánimas también se hacía presente en las pequeñas capillas que había por los caminos de Sanabria. Si a esto añadimos las historias de apariciones de antepasados difuntos, podemos tener una idea bastante completa de los signos de lenguaje tradicional que generaba el respeto por esta enraizada creencia (37).

____________________________________________________________.

NOTAS.

(34) En las aldeas de Viana del Bollo (Orense) también se daba una Cofradía de las Animas con estatutos similares a los de la parroquia de Terroso, y reestablecida casi en el mismo año, 1723.

(35) El texto original se encuentra en el Archivo Diocesano de Astorga. Documentos de la Parroquia de Terroso. Cofradía de las Animas, 1730-1881, V-6.

(36) La Cofradía de las Animas era general por toda Sanabria. En EL HERALDO DE ZAMORA, después de la epidemia de GRIPPE de 1918, apareció un artículo protestando contra la publicación de otro artículo en EL PROGRESO  de Benavente titulado ” Un héroe“. En este artículo se exageraba lo ocurrido en San Ciprián, donde la epidemia atacó a muchos vecinos. El artículo aparece firmado por un desconocido. Este parece olvidar los esfuerzos realizados por las instituciones provinciales de sanidad que llevaron incluso hasta tres médicos de Madrid para atajar la enfermedad, y algunos otros     detalles que demuestran la fantasía con la que fue escrito. Pero, sobre todo, donde la contestación de EL HERALDO DE ZAMORA hace más hincapié es en el olvido del articulista benaventano de la tradicional Cofradía de las Animas. Para EL PROGRESO sólo hubo una persona, “un héroe“, quien atendía a los enfermos y enterraba a los muertos ante la pasividad de los restantes vecinos. A esto contesta EL HERALDO DE ZAMORA que en Benavente se desconoce la “tradicional cofradía general” para  enterrar a los muertos, que al toque de la campana, funcionó con “estricta regularidad y caridad“, dirigidos por un mayordomo. “Los cadáveres fueron llevados y enterrados, absolutamente todos, por los hombres y mujeres libres del mal que con diligente actividad acudían avisados por las campanas, a prestar el último auxilio corporal a sus hermanos y convecinos difuntos, haciéndolo con las exigencias que las campanas anunciaban y para lo cual eran estimulados y dirigidos por el incansable mayordomo o director  de una tradicional cofradía general -así titulada- o sociedad caritativa, fundada para tal fin, y que funcionó entonces, y sigue funcionando con estricta regularidad y caridad en el mutuo amparo que exigen las condiciones fundacionales de la misma, en todos los casos o necesidades de los cofrades o consocios. Este mayordomo valeroso, constante y modelo de caridad, fue el que hizo de sepulturero, y el que en unión de sus consocios (hombres y mujeres) llevó y enterró, todos, absolutamente todos, repetimos, los cadáveres, que según costumbre de esta parroquia, deben ser acompañados por el sacerdote o los sacerdotes, desde la casa mortuoria hasta el cementerio y  desgraciadamente en esta ocasión, siendo factible, lo fueron muy pocos…”

EL HERALDO DE ZAMORA, 30 de Diciembre de 1918.

El diario zamorano daba todas estas explicaciones para contestar al artículo sensacionalista de la publicación benaventana en el que se decía que un héroe, y sólo uno, tuvo que enterrar todos los cadáveres, afirmación que no se podía sostener, según EL HERALDO DE ZAMORA, por la existencia de la Cofradía de las Animas.

(37) Las narraciones sobre apariciones de difuntos eran de tres tipos:

1. Historias que se contaban como reales.

2. Picardías hechas por unos vecinos a otros para que no quitaran el agua a los prados por la noche.

3. Malentendidos y suposiciones de apariciones de almas en pena que daban fuertes sustos a los vecinos ya dispuestos a este tipo de situaciones.

No era extraño que nuestros vecinos vieran apariciones o supusieran la presencia de las ánimas en algunos lugares o situaciones si recordamos la imagen nocturna en muchas casas alumbradas por un candil, un lumbreiro o el mismo fuego de la lareira donde las sombras de los cuerpos bailaban en las paredes o en los techos oscuros y ahumados. Este ambiente diario oscuro y misterioso seguramente facilitaba la propensión a creer en apariciones y en mensajes del más allá.

“El tí Patolas siempre andaba de noche tenía una novia que se le murió y en Venta Guerra pues encontró un fuego y se paró a calentarse, no había nadie allí, y oyó una voz que le dijo: Hace frío,¿eh?…   Y por detrás le dieron un golpe… Él decía que debió¢ ser una aparición porque no había ido al entierro de su novia…” (Terroso. Laura)

“La tí Dominga hizo una promesa de ir a la Virgen de la Tuiza, a ofrecer una misa, y se murió y no lo  hizo. Pues a Ángela del ti Vitoriano se le aparecía siempre una luz cuando bajaba a la cuadra o a los pies de la cama y que le decía una sombra que le  cumpliera la promesa…” (Terroso. Santiago)

“Cuando murió don Magín el viejo, María Josefona bajaba del monte gritando:  Ricas del alma, lo que vi. Vi al cura en una  yegua branca sobre un jilgón de palla en Bouza Romana… Y sabes por qué decía esto… porque así nadie subía por allí a cambiar el agua a los praos y la tenía toda para ella.” (Terroso. Encarnación)

“Uno fue a ver a su novia por la noche y le decían que si había ánimas, y él decía que no tenía miedo a nadie… Pues al volver de ronda en un sitio se le prendió la capa en un silvarego y decía muerto de miedo porque no se atrevía a mirar atrás  y ver qué le tenía  prendida la capa… Anda, suéltame, que no soy tuyo, que soy de María Santísima…  Y así estuvo gran parte de la noche… Luego por la mañana se dio cuenta de que era una silva.” (Terroso. Santiago)



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