Posteado por: lenguajesculturales | noviembre 22, 2010

El ajuste de los criados. La Guareña zamorana. Guía cultural


El ajuste.                     

“El ajuste” era el trato por el que un amo contrataba a un obrero. No había contrato escrito, sino un asentimiento mutuo entre ambos. Algunos amos apuntaban en su “Libro de Caja” la duración del ajuste y la cantidad ajustada (4).

Si el obrero era temporal, se pagaba el jornal y terminaba la relación. Los jornaleros trabajaban según las necesidades de la época del año (vendimiar, escardar, sembrar…) o de circunstancias especiales (hacer una casa, hacer una bodega…)

El obrero permanente, el criado propiamente dicho, se ajustaba de año en año y, teóricamente, debía recibir en el día del cambio de criados, “cuando cumplían”, el dinero ajustado. Lo normal, como así se refleja en el “libro de caja” de los amos, era ir pidiendo a lo largo del año pequeñas cantidades de dinero para las necesidades inmediatas, de modo que, a veces, era el criado el que debía pagar al amo por haber excedido lo ajustado.

En algunos pueblos esto se hacía el ocho de Septiembre, llamando a esta festividad de la Virgen Nuestra Señora “La Tramposa”, porque había que solucionar “las trampas”, las deudas con el amo y con otros deudores.   

“En Setiembre, Nuestra Señora La Tramposa, porque era cuando todo el mundo pagaba las soldadas. Y es que comprabas un traje, o lo que fuera… y le decías (al que te lo vendía… Bueno, pues hasta la Virgen no te pago… Se pagaba todo alrededor de ese día… Y también porque por esas fechas ya se había vendido todo el grano…”

Es difícil presentar una visión sintética y general sobre el ajuste entre amo y criado, porque a lo largo de los años de experiencia de nuestros paisanos hubo algunas variaciones en lo pactado. Lo mismo ocurre con la fijación de la fecha de comienzo y final del año ajustado, que era distinta según el pueblo donde nos informaban. Incluso había quienes no hacían el ajuste por año, sino en dos o tres partes o ajustes de año. Pero tanto un modo como el otro estaban determinados  por el ciclo anual del trabajo agrícola: otoño (vendimiar y sembrar), invierno (pocos trabajos y pocos jornales), primavera (arar, escardar, cavar), y verano (segar, trillar, almacenar).

Enumeramos a continuación la variedad de ajustes que han descrito nuestros informantes.

1. Ajuste anual el día 8 de Septiembre. Natividad de la Virgen María, “Nuestra Señora de Septiembre”, “al terminar las eras”.

“El cambio de los mozos se hacía el día ocho, Nuestra Señora, cuando hacían el cambio de los criados… nadie se quería ajustar más adelante. Si uno no estaba           a gusto con un amo, o un amo con un criao…”

“El ocho de Setiembre era la fecha de acabar el año. Uno decía que adiós (el criado), que me voy. Y el otro (el amo) si no estaba a gusto con él, pues con no avisarle ( de que continuara con él) y avisar a otro, ya estaba todo resuelto. Por la forma de pajear (tratar) uno con el otro (el amo con el criado) ya sabían cómo iba a ir la cosa al final.”

“Entonces se ajustaba uno de ocho de Setiembre a ocho de setiempbre, de año a año que llamaban, el mozo de año que llamaban, los que íbamos a arar.”

2. Ajuste anual el 29 de Septiembre. San Miguel, “al comienzo de las sementeras”.

“Por Noviembre se empezaban las sementeras (al comienzo del mes). Los criados se cambiaban el ventinueve de setiembre, que se ajustaban por año, por dinero o por          trigo… las dos cosas entraba en la soldada, que era un año entero, de San Miguel a San Miguel. El que cumplía por San Miguel sabía que tenía que ir de esa          casa y se iba a otra.”

3. Ajuste anual el 30 de Noviembre. San Andrés, “al final de las sementeras”.

“Pues mi abuelo llegaba el día de San Andrés, que era por regla general cuando cumplían… aquí era de San Andrés a San Andrés, porque acababan las sementeras…”

“Los cambios de criaos se hacían el día de San Andrés, bendito mes que entras por Los Santos y sales por San Andrés. Llegaba el criao aquella noche, y si no se quedaba en ca’lamo, porque no le gustaba o no se entendía, pues se pescaba la manta y se marchaba pa casa, y al día siguiente venía otro.”

4. Ajuste en tres momentos del año.

“En este pueblo se hacían tres contratas. Una hasta el día de San Andrés, el treinta de Noviembre, esa era una temporada, luego otra hasta la entrada del verano, y luego el verano era otra. Repetía casi siempre el mismo, pero las contratas iban de tres en tres. Y el que necesitaba sólo para la sementera, pues solo para la sementera…”

En el libro de Cuentas de “Enrique Gómez, vecino de Villamor de los Escuderos. Año 1844” podemos comprobar el sistema de tres ajustes anuales. A lo largo de          los años que tiene anotados, en la segunda mitad del siglo XIX, constatamos un primer ajuste que iba desde Navidad o Semana Santa hasta San Pedro, la temporada          de invierno y primavera. Un segundo ajuste más preciso desde San Pedro a Nuestra Señora (de Septiembre), la temporada de verano. Y un tercer ajuste desde Nuestra          Señora hasta San Andrés, la temporada de la sementera. En alguna ocasión anotaba, por ejemplo, “cumplió el tres de abril por la noche” (fuera de las fechas anteriores), indicando el cese de relaciones laborales amo-criado “porque se habrían enfadado”, explicaba un informante .  

5. Ajuste en dos momentos del año.

“Aquí hacían dos ajustes, uno de Nuestra Señora a San Andrés y otro de San Andrés a Nuestra Señora. De Nuestra Señora a San Andrés eran las sementeras… y           luego, a lo mejor, le despedían… o se quedaba, depende…”

En una relación normal había un cierto protocolo implícito al terminar el ajuste, en el que el amo manifestaba si quería que el criado continuara o no. Cuando el amo se acercaba al criado antes de acabar el año preguntándole si estaba a gusto o no con él, declaraba su interés en que el criado continuara. Cuando el amo no decía nada y esperaba que acabara el ajuste, el criado podía sospechar que el amo no quería que continuara, y por tanto ya empezaba a buscar otra casa donde trabajar.

“Por San Andrés cumplías… y si el amo estaba conforme contigo entraba en la cuadra…  ¡Qué!, ¿te quedas?… Bueno… Y se quedaba. Si no estaba conforme contigo no te decía nada. Y tu cuando llegaba la época, pues te tenías que coger la manta. Otro amo se enteraba que Juan, que Luis…o Pedro, que no la ha querido el amo. Pues te iba a buscar y te volvían a ajustar. Pero siempre andaban los amos de preguntar a los buenos criados… porque ya andaban los otros amos ojeando… ¿Te vas a quedar en casa de Pedro?… Pues no, no me         quedo… Pues vienes pa mí… Y luego lo sabíamos unos criados de otros, que estábamos en camarilla, o estábamos en la barbería…. Oye, pues yo no me quedo este año en tal casa… y así…”

El día que “cumplían” los criados, ya fuera en Nuestra Señora, en San Miguel o en San Andrés, es probable que habría un ambiente especial entre los criados jóvenes ante las expectativas de los nuevos cambios.

 

“El día de San Andrés di que por la tarde hacían algo de fiesta los criaos… ya ellos se juntaban… que allí han estao en tal sitio los mozos que salen… los           que se quedaban no, pero los que salían, esos andaban por ahí…”

La parquedad de relaciones entre amos viejos y criados jóvenes (o viceversa), la distancia social que se establecía entre ambos, el modo de ser introvertido y desconfiado de muchos de ellos, generaba situaciones ambiguas en las que el amo, sin tener intención, daba a entender con su silencio que no quería al criado. Este buscaba una nueva casa para servir, y sorprendía al amo el día en el que “cumplía” dicéndole que se iba .  

“Estuve sirviendo en esta casa, y luego fui a casa de su hermano… Pues cuando le fui a buscar a la estación de tren por las ferias de Salamanca me dijo… Bueno, qué, ¿cuento contigo?… Ya me lo podía haber dicho, le dije… Ya me he ajustado en casa de su hermano… Y que era na menos en casa de su hermano. Es que me ofrecía más, y lo segundo, que como éste no había dicho nada, y yo decía pa mí… A ver si dejo pasar esta ocasión, y este tiene a otro ya preparao y no voy a ningún sitio de los dos…”

La siguiente historia, escrita por un vecino de Cañizal, nos describe con interesantes detalles un cambio de criado.

“…contaba el abuelo cómo se despidió de la casa. Estos labriegos se ajustaban de San Andrés a San Andrés, o sea, el último día de Noviembre. Un mes antes,          si el amo estaba contento, conforme con el criado, entraba en la cuadra, que era la oficina para dar órdenes… le dice… Oye, cuento contigo para este año.          El criado dice… Bien… si no está comprometido con otro. Si lo está, dice … No, porque voy para Fulano. Si al amo no le interesa no le dirá nada (al criado) y esto quiere decir que pasado ese día tendrá  que marchar a casa y esperar que algún amo se acuerde… Cuando el señor Marino le preguntó al abuelo, este le dijo que sí, pero le mintió. No se iba a quedar. No por los amos, sino porque no se llevaba bien con un compañero. Si le dijo que se quedaba fue porque le tapara (sembrara) unas fanegas de tierra. El abuelo tenía dos hectáreas de tierra que el amo se lo labraba con las mulas. Cuando ya terminada la sementera y ya tapadas de trigo las fincas del abuelo, y muy cerca el día de San Andrés, en un día como todos en que llegaba el amo con sus perros de caza, montado en su caballo, llegó a la finca y le dio las buenas tardes como siempre al abuelo. Cuando llegaron a la linde le dijo el abuelo… Marino, digo que busques otro criao, yo no voy a quedarme. Marino se enfureció, dijo mi abuelo, se puso como una fiera. Sacó la pistola, le quería pegar un tiro… Vete de la tierra, le decía… Deja las mulas y vete. El dejar las mulas en las tierras era un deshonor. Era como el soldado que se deja quitar el arma. Era una deshonra para luego tener que trabajar en otras casas. Así el abuelo le dijo… Las mulas las traje yo y yo las llevo. Y si algo quieres, guarda la pistola y bájate del caballo. No se bajó del caballo y se fue. El abuelo en la tarde llegó al corral, desenganchó las mulas, las metió en la cuadra y marchó para casa. Así terminó treinta años de servicio.” (Memorias de Luis Torrecilla, Cañizal)

Una vez descrito los distintos momentos en los que se hacía el ajuste, pasemos al contenido del mismo.

El ajuste podía tener varias compensaciones:

1. El dinero en metálico.

2. Productos de consumo necesario (trigo, garbanzos, tocino…)

3. La labor de unas tierras para el criado.

4. La manutención diaria.

No todos los ajustes tenían estas condiciones.

“Tu ganarías en casa de Fulano las venticuatro fanegas de trigo, doce de algarrobas, cincuenta duros en dinero, y que les daban de comer… que es lo que hemos conocido todos.”

“Antiguamente le daban a uno, le daban a un criao tres medias de trigo sembrado y tres fanegas de garrobas, que eso eran las senaras, y sesenta o setenta duros          por tol año…”

“Entonces los criaos teníamos alguna huebrita que te la hiciera el amo, o una fanega de tierra tuya o que se la habías arrendao a alguien. Y entonces era muy          bonito que además de la soldada que te daba el amo, pues que te labrara las tierras con sus mulas. Tu las arabas… pero eso de que te dejara las mulas era un galardón. Cuando acababas pa lo de él, había que acabar antes lo del amo, pues ibas a arar lo tuyo… se decía… Te pago quinientas pesetas al año y te aro una huebra de tierra… ‚l no lo araba, sino que te dejaba las mulas…”

 

“En lo que se ajustaba entraba el trigo, que se les mantenía a los que trabajaban en casa, y se les daba grano pa que comieran en casa, garbanzos, patatas, cosas de esas. Y se les daba una obrada o dos de tierra, que eran del amo, y algunas eran de los criados, para que cogieran m s para vivir. Al que le daba más tierras era al mozo mayor. Muchas veces aprovechaban los criaos los domingos por la mañana, pa que no perdieran pal amo, y hacían las labores suyas…”

Pero llegó un tiempo en el que los amos se negaron a mantener a diario a los criados, aumentando el jornal para compensar la pérdida de la manutención.

“Cuando rompieron el contrato de los mozos de mulas, que siempre eran mantenidos, pues cuando lo rompieron lo hizo un médico que hubo aquí, que dijo que no mantenía y que daba tres pesetas por la manutención. Los hombres (criados) se cegaron porque creía que (con ese dinero) iban a comer el mundo entero… pues empezó ese, y todos detrás. La soldada era la misma, pero por           el mantenimiento te voy a dar tres pesetas y que te mantenga tu mujer, tres pesetas diarias. Dieron en decir (los amos) que no mantenían, que no… y pues si te vas, otro vendrá… Y decía el médico… Si con el cebón que venda, que me sale a cinco mil pesetas, ya les pago a todos y no tengo que ocuparme de nada…”

“Y hubo un momento en que se les quitó la manutención a los criados, y se les subió la soldada para que les compensara el gasto… que querían comer ya en          casa. Pero antes comían en casa del amo, y dormía uno aquí en la cocina cuidando el ganao…”

 

La costumbre de no mantener a los obreros se hizo extensiva (si es que ya no se hacía antes) a las labores del verano, sustituyendo la manutención diaria que debía dar el amo por el “compango”, además del ajuste en dinero para los tres meses.

El “compango” era el trigo, el chorizo, el tocino, la legumbre, etc. que consumiría el obrero en los tres meses de trabajo. El amo lo adelantaba (en dinero o en especie), y el mayoral o el segador lo iba distribuyendo y consumiendo a lo largo del verano. Se hablaba as¡ de “siegas mantenidas” y de “siegas a seco”.

“En casa de los amos… que se les llamaba amos… pues les daban el compango en cosas… en garbanzos, en tocino, en chorizo… sólo era en el verano, lo demás se les mantenía en casa en invierno. En verano, por no mantenerlos ellos en casa lo daban en crudo, le daban lo que necesitaba en la semana, y yo se lo guisaba.”

“Es que también se hacían siegas a seco. Pero era el mismo caso, porque a lo mojor al mayoral de la cuadrilla le decía el amo… Yo no quiero mantenerte, vas          a mantenerlos tú… te encargo. A seco era que no te mantenían. Te daban a lo mojor el compango, a lo mojor, legumbre, chorizo… Toda la comida la hacía el mayoral… la mujer del mayoral… lo que necesitara, o lo que convenía entre el amo y el mayoral… El Boticario de Cañizal así lo hacía, pagaba tanto al mayoral y este preparaba la comida de la siega, esto era a seco.”

Los ajustes temporales o más cortos incluían el jornal y la manutención (sin los beneficios de los mozos de mulas de ararles tierras o darles una parte de la soldada en especie). Los ajustes de un día o dos no tenían manutención, sólo se pagaba el jornal (escardar, vendimiar…).

“Las cuadrillas para escardar se contrataban a jornal. Aquí llegaba un labrador… Quieres ir pa mí a escardar… Sí… Pues mañana pa tal sitio. Los que fueran se juntaban seis, ocho, diez… Y había familias enteras. Se juntaban en cuadrillas. Luego para cobrar… el que primero empezara a pagar… Coño, pues Fulano ha pagao tanto… pues sobre aquel, así pagaban todos… A peseta, a dos pesetas, a cinco reales el día. Yo cinco reales gané cuando empecé de diez o doce años. El año 36, que fue el año de las ocho horas, aquel año dejó de irse de sol a sol, aquel año nos subieron a nosotros un real. Gané seis reales escardando, y los hombres ganaban tres pesetas, que estaban ganando medio duro y subieron cincuenta céntimos. Luego ibas a lo que te mandaran, a alumbrar un majuelo, a escabiar alrededor de los majuelos. Y luego íbamos a vendimiar y nos pagaban igual que a escardar…”

“El jornalero estaba un día, y luego le pagaban… o estaba quince días, y cuando ya no les hacía falta, le pagaban y ya estaba…”.

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