Posteado por: lenguajesculturales | enero 27, 2011

Los casados. Mitad del siglo XX. CICLO VITAL. La Guareña zamorana. Guía cultural.


Los casados.

 

 

Pasaba la boda y la vida seguía. Los nuevos matrimonios debían hacer su vida desde las condiciones de partida que habían establecido con sus padres. Normalmente no eran muy esperanzadoras.

 

En el matrimonio no aportaban nada. Sabíamos de sobra que en la mayoría de los casos, el padre hacía los imposibles por darle y ayudarle el máximo. ¡Yo me asombro  a mi edad que nos casáramos! Porque claro, ¿qué perspectivas tenías? … Nada. Vamos a casarnos. Y al día siguiente, arar y pa mi padre y ésta seguía en casa de su madre ayudando en lo que pudiera, y así estuvimos tres años. Mi padre me daba… me acuerdo que compramos el macho de mi tío Eloy, un muleto en mil duros, que me lo dio mi padre. Y lo traje pa casa de mi suegro… que me lo compró mi padre y lo mantenía mi suegro. Yo iba a dormir a casa de mi suegro… así eran antes todos los matrimonios aquí… Con dos tierras, cuatro fanegas, otra que arrendabas, te lo labraban con los ganaos de los padres, lo que cogieras es libre, ibas haciendo algo… La familia apoyaba… Toma, a ver si no…”

“ … (en el trabajo del verano) ésta y yo estábamos solos y lo pasábamos pero… los que andaban solos peor… porque después que segabas 30 o 40  haces los tenías que cargar, teníamos que tener las mulas atadas allí al carro… y esos éramos los menos…”

“ Luego después de la boda la vida seguía normal, había que ir al campo o a servir… Bueno, yo me casé en diciembre y luego nos fuimos ocho días a Zamora con la cuñada…”

“ La mayoría se casaba pasando ya septiembre, que no había recolección, o se casaban en abril o mayo… que luego ya empezaba el verano, porque luego ya, si estaba sirviendo tenía que ir a ganarlo… Eran mozos de mulas o bueyes y tenían que ir a trabajar…

 

 

Se procuraba limitar al máximo la penuria inicial quedándose cada uno de los cónyuges en su casa de origen, durmiendo por la noche el marido en casa de los suegros con su mujer. Esta práctica era común en muchas partes de la península.

 

“Cuando se casaban, si no tenían donde vivir, seguían con los padres. Yo, el año que estuvimos así, pues él estaba con su madre, comíamos… y luego a dormir, dormíamos juntos… Pero luego ya compramos una casa. La mayoría procuraba prepararse enseguida un cachito casa…”

“Cuando uno se casaba, quedaba en casa los padres, aquí hubo veces que estábamos más de cien vecinos en las casas que hay, dos, tres, matrimonios juntos de la misma familia… los padres y los hijos casados… Hacer una casa después de casarse…. eso muy pocos. Algún caso se daba que la mujer la mantenían en casa sus padres y el otro en la suya….”

“ Casi siempre ocurría que aquí te casabas, y te tirabas dos o tres años tú con tu madre  y tu padre, y él (el marido)con la suya… Cuando nosotros jóvenes (años cuarenta) no emigraba nadie, cuando empezaron a emigrar fue en el año sesenta, y antiguamente emigraban a Argentina…”

“ La mayoría vivían dos o tres años con sus padres. No se solía hacer casa nueva… mucha gente, los pobres, limpiaban los pajares que había por ahí…  Nosotros hicimos casa nueva, y entramos en casa con barro (sin darle yeso a las paredes ni baldosas en el piso), pero ¡capitán general!…”

 

A pesar de las dificultades todos los matrimonios tendían a independizarse de las casas de origen. La independencia dependía de disponer de casa y algunos animales menores (gallinas, cerdos, conejos) si pretendían vivir como criados de otras familias. Pero si se intentaba ser labrador era indispensable tener casa, animales de labor y algunas tierras, aunque fueran arrendadas. Esta segunda situación era la más deseada. Algunos informantes repetían con frecuencia que más valía ser pobre y mal labrador que buen criado.

 

 

Porque yo… toda mi ilusión, desde que murió mi padre, era ser labrador. Yo no pensaba ni en estudios ni nada, yo ser labrador, y si podía ser, en mi casa, como fue mi padre. Por eso, cuando me salí de casa del amo, que se enfadaron porque me salí, podía haber pasao mucha hambre, porque fue en los años cuarenta, y con 20 fanegas que tenía mi madre me salí, con una parejita vacas. Pero amigo, me dieron en dar tierras de arriendo, me dí ya en comprar de vacas a bueyes, y ya cuando me casé, y casé a las dos hermanas, a dos que tenía, pues cada vez fui a más. Pude quedarme… Uno de los compañeros míos se salió y no pudo tirar, tuvo que dejar las vacas y arrimarse al yerno, que él ya no podía vivir…”

La desconfianza que los nuevos matrimonios tenían ante el futuro se originaba en estas dos situaciones: se partía de cero y, además, no había perspectivas de progreso inmediato. Los padres, por lo general, no “soltaban” las tierras hasta que se sintieran inútiles o murieran. Los jornales en la agricultura eran de poco valor, y por temporadas. No era lo normal que los padre hicieran la casa a sus hijos recién casados, y los que la hacían se exponían a quedarse arruinados en poco tiempo (37).

 

Nosotros a los tres años de casarnos, que dejó la labor mi padre, se casó el otro hermano, mi hermana trataba con un médico, dejó mi padre toda la labor, ya nos pusimos nosotros por nuestra cuenta… mi padre fue secretario… y tuvo por ahí un subsidio… Pero si no, no tenían vejez, y tenían que vivir de lo que tenían. Todos los hijos arrendaban la labor de lo que dejaba el padre. El padre era el propietario y no tenía otra cosa. Mi suegro se quedó con las rentas… dándole las rentas,  y a mayores, una finca al pie del pueblo que eran dos hectáreas, que se la teníamos que labrar y recolectar y el fruto era para él, a parte de la renta de las otras tierras. Mi padre fue diferente, porque tuvo subsidio. Precisamente he ido a levantar el usufructo de las tierras de mi suegro que se lo reservó para él… esto era que se reservaba las rentas de las tierras, que si él quería nos las quitaba y las arrendaba a otros. La propiedad era ya nuestra, luego nosotros teníamos que pagar contribuciones y lo que fuera, pero el usufructo, así lo llamaban en la notaría, era de él y de la mujer hasta el último día que viviera… Tenían que buscarse ese seguro, y yo lo entiendo. Antes la persona vivía de sus tierras hasta el final de sus días.”

“La madre te daba el ajuar, según las posibilidades, y había quien no te daba nada… de tierras y animales nada. Ahora, después de casaos, si tenían labor, ya le daban un poco el padre de uno, el padre de la otra, y ya juntaban ellos una laborcita, pero eso eran los menos…”

“ Todos los invitados te regalaban algo, y luego los padres un algo pa que vivieras, una huebrica tierra, o alguna casa si la tuvieran… o la madre tenía al novio un año y la otra madre a la novia… eso hicimos. Nos casamos en octubre y vinimos a vivir a esta casa en agosto. Mi madre y su madre no podían hacernos nada. Ni su madre tenía una perra ni la mía. Todo lo hubiéramos empleao en la agricultura. Entonces a mí, mi madre me dejaba una pareja de bueyes y sembrao un terreno y dijo que no me podía hacer boda… Pues en vez de invitar a cien personas, sólo a una docena… Y entonces ella se quedó en casa de su madre comiendo y yo me quedé en casa de mi madre comiendo, pero desde el primer día ella y yo empezamos a sacar piedra para la casa, y sembré yo las tierricas que me dejó mi madre, y empezamos a sacar piedra y barro y a hacer teja y ladrillo. Hicimos la casa en el mes de abril y el día de Santiago ya nos vinimos a vivir a ella, sin puertas ni ventanas cerradas ni nada, puse unas sábanas. Las ventanas las fui a buscar de segunda mano a Salamanca. Pues así entramos a vivir. Pero yo cogí la cosechita y pagué al albañil, pero mi madre y la de ella nos daban de comer o nos traían algo. Y ya con la cosecha que cogí yo, mandamos a sobradal (poner el sobrao) al poco tiempo, a uno de Salamanca… que era hacer los techos de madera. Pero las pasamos mal…”

Al igual que sus padres, los nuevos casados vivían de los bienes que iban adquiriendo con el paso del tiempo. Los hijos arrendaban sus tierras al llegar a la vejez, repitiendo la situación anterior. Pero los que eran obreros tenían otros problemas para llevar adelante la familia.

“ Un obrero de entonces tenía que echar ocho días pa ganar una fanega de trigo, que venía dando cuarenta panes. Que normalmente entonces todas las familias tenían cuatro o cinco muchachos, que no es lo de hoy… y hasta diez… Pues como ganaba la fanega de trigo y medio duro de jornal… tenía que echar ocho días… no se podía comer más que pan, y los chavales que tenían estaban trabajando con otros pa que los dieran de comer…”

“ Aquí la gente estaba muy poco parada, cuando nosotros éramos jóvenes había ciertos viñedos que de ivierno daban muchos jornales, había esa ribera de Salmoral que entre abrir lindes y sembrar patatas y cosas, siempre había jornal, pal que era mozo de mulas y pal que era mozo de azadón… les faltaba poco el trabajo…”

El casado ya maduro adquiría identidad en el pueblo, la consideración de estatus de casado. Ya no era el Tal o la Cual, sino el Señor Tal o la Señora Tal o Cual, término que se aplicaba a los mayores. Si pertenecía a una casa grande o tenía título nobiliario se utilizaba el término Don o Doña.

“ … sobre todo el señor Vitoriano, y mi tío Eladio, y el señor Federico… El uso del Señor es que no es familia, no se le dice el tío… Todos son Señores. Tío es de familia, aunque sea en tercer grado.”

Cuando un adulto no se casaba se quedaba en mozo viejo.

“ Mozo viejo… son mozos que no se casan. Creo yo que hay ahora máss mozos que no se casan. Antes no había tantos mozos viejos. Había mozos viejos en los ricos que se liaban con unas y con otras, y luego terminaban por tener queridas, y les comían hasta el capital, pero en el pobre, en el trabajador, el hombre que se quedaba soltero, se moría de hambre porque no sabía hacer las comidas. Y la mujer que se quedaba soltera pues le pasaba lo mismo, por eso, tos a casarse. Había muy poquitos mozos solteros. Siempre alguno había. Ahora hay muchos, porque como saben hacerse las comidas, hay muchos medios, lavadoras, butanos y eso. Entonces… ¿qué hombre se marchaba al río a lavarse la camisa, si tenía que andarse escondiendo por si alguna se quedaba en el lavadero. Pues en cuanti podía… fuera que se lo hicieran en compota… Si alguno se quedaba soltero ya se arreglaba la tía Fulana o la tía Zitana… Oye, que Fulano dice que si le quieres… y a casarlos. Mozo soltero era el que no tenía valor pa ir a decírselo a una chica. Y a la mujer, si no se casaba, la pasaba lo mismo, porque fuera de la casa, ella no podía ir a ganar la vida… o se ponía a servir a un amo… Entonces, todas se tenían que casar. Aquí el camino antes era casarse, porque entre los dos, el hombre a trabajar y la mujer a arreglarle la casa, aunque fuera a espigar, a vendimiar, a limpiezas en casas de amos, pero vivían… pero el hombre solo por su cuenta era un desvarajuste, y la mujer igual.”

Ser casado o casada implicaba una serie de obligaciones o tener unos derechos distintos de los de soltero/a. Se pasaba a un nuevo estado, cosa que en algunos pueblos quedaba reflejado en ciertas manifestaciones propias.

“ Aquí se hacía el día de san Marcos, el día 25 de abril, que todos los que se casaban, o alguna persona que no era del pueblo y se venía a vivir… pues el ayuntamiento le cobraba un cántaro de vino y se iba a merendar a la plaza. Ha habido años que han sido tres, cuatro y hasta cinco cántaros de vino, y teníamos pa tres o cuatro días, y ahora mismo se sigue haciendo, lo que pasa es que si ahora hay un cántaro de vino, pone el ayuntamiento un jamón y un queso y va el que quiere a merendar. Esto es para el que se casa o viene a vivir desde fuera… y si alguna persona ha estao viviendo x años y vuelve, pues paga medio cántaro, porque ha pagao ya antes…”

También el casado se definía en algunas cofradías, en su comportamiento en las diversiones, en el mentirote, en el baile…

 

 

“ Antes los padres los padres tenían todo el peso si no aceptaban a tu novio o a tu novia, porque dónde te ibas si te echaban de casa… Pero antes, ni una perra… la tierra es mía, te decían… y a ver dónde vas… Estaban dos o tres años después de casarse en casa de los padres. Te casabas y el médico te cobraba la iguala, no tenías casa, pero el médico te conceptuaba casao y te cobraba la iguala, eras de otro nivel, tu ya eras casao. Las águedas era la cofradía de sólo de casadas. Los casados ya no pagaban cuando iban al baile. Tampoco se bailaba como un soltero. Si a lo mojor, de recién casao echabas dos o tres bailes con el marido, como mucho… y el marido con su mujer, o con un hermano, o con un algo en las fiestas. Ahora, las mujeres bailábamos todos los bailes unas con otras… Los maridos… menos bailadores los hombres. Entre las amigas casadas bailábamos, y las otras se llevaban una sillita y se sentaban a curiosear y se acabó… y les dejábamos los niños… ellos también hacían algo… cuando íbamos con los niños pequeños.”

“ En las fiestas de Olmo, o de Castrillo o de Tarazona, cuando íbamos, pues se juntaban cuarenta, cincuenta personas, y estaba basada la fiesta en ver el partido de pelota, y cuando llegaban a la cantina y se sacaba el medio cántaro de vino… eso lo hacían los casaos, el juntarse para beber vino, y al mojor había hasta soleros.”

“ La cofradía de mujeres era la de santa Águeda y la única de casaos era la de san José. Era sólo de hombres… de obreros. Mi padre, como era labrador, agricultor, no podía ser de eso, mi padre era de san Isidro…”

 

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