Posteado por: lenguajesculturales | septiembre 12, 2010

La vacada y el toro del concejo. Sanabria. Guía cultural.


La vacada y el toro del concejo.

El ganado vacuno representaba un papel fundamental en la economía de una casa sanabresa. La variedad de nombres que tenía este animal según su edad y su utilidad manifestaba esta importancia: TERNERO/A, BECERRO/A, JATO/A, NOVILLO/A, BUEY, TORO y VACA.

El ternero era el vacuno en edad de mamar, crecía para ser becerro, jato, y se hacía VACA BRAVIA. El novillo o jato que no era elegido para toro se vendía. Antiguamente, hasta el siglo XVIII, los novillos se capaban y realizaban el oficio de animales de tiro y de trabajo, eran los bueyes (13). La novilla era el vacuno hembra de más de un año que todavía no había tenido cría ni se  había dedicado al trabajo. Cuando esto ocurría, se llamaba vaca y se le ponía un nombre propio.

El toro era el novillo macho dedicado a la ASISTENCIA de las vacas. Había uno solo en la VACADA.

En los municipios sanabreses la vaca representaba una importancia económica parecida a la que tenía en le Bollo orensano, en el Tras-os-montes portugués, en La Cabrera leonesa, o en el Aliste zamorano (14).

La vaca era la fuerza de trabajo necesaria en la mayoría de las labores agrícolas. La vaca rubia oscura sanabresa araba las tierras, tiraba del carro cargado de PAN, de hierba o de leña; siempre lo hacían en pareja, de modo que no se hablaba de las vacas, sino de LA PAREJA (15). Con los otros animales de cuadra, la oveja, la cabra, el cerdo, producía el estiércol necesario para la recuperación de las tierras y cortinas. Y, sobre todo, la vaca podía dar una vez al año una cría, un ternero, que junto con lo obtenido en la venta de algún cordero, GUDALLA (cabrito) o LARIEGO (cochinillo), eran las únicas fuentes para disponer de dinero en metálico (16).

Todavía quedan algunas alusiones a la antigua utilización de los bueyes como animales de trabajo: La leyenda del Lago de Sanabria cita al “buey Bragao” y al “buey Redondo” que tiraban de las campanas de la iglesia hundida en el lago para sacarlas a la orilla; en todos los pueblos sanabreses el lugar comunal de pasto del ganado vacuno era el COTO BOYAL. El mejor aprovechamiento de la vaca, por su cría anual y el trabajo que hacía a los vecinos, sustituyó al buey, fuerte para el trabajo, pero, obviamente, incapaz de tener una cría, y por tanto, no se convertía en fuente adicional de ingresos en una economía tan precaria (17).

Las vacas tenían nombre propio alusivo a alguna cualidad del animal (PINTORA, MARINERA, RUBIA, GALLARDA, LEONA, ROJA, NAVARRA, GARBOSA, GUINDA, CASTAÑA…). Hay que destacar que sólo las vacas de trabajo poseían nombre. Las jatas y el toro del CONCEJO no tenían nombre, ni tampoco los restantes animales domésticos. Pensemos que la constante relación en el trabajo entre el amo y sus vacas obligaba a poner un nombre concreto a sus fieles compañeras.

Los sanabreses tenían una forma o expresión propia para llamar a los animales domésticos que poseían, como se puede ver en el testimonio que nos dejó Fritz Krüger (18), pero sólo las vacas y los perros poseían un nombre concreto.

La casa sanabresa, como conjunto de fincas y HACIENDA, necesitaba poseer al menos una pareja de vacas para su actividad normal.

“Casi todos tenían vacas, un noventa por ciento, una pareja, o tres vacas, algunos hasta seis, según… Las vacas servían para el trabajo, no daban leche, pero daban un ternero y eran para el uso de la casa.” (San Martín. Ti Galán)

Quien no tenía vacas solía buscar un COMPAÑEIRO con vacas para realizar las faenas agrícolas anuales. También se daba el sistema de tener vacas de A MEDIAS. Una aplicación del sistema de arrendamientos de fincas al uso del ganado vacuno (19).

“Tenía uno la propiedad de cada vaca. Pero también existían las vacas de a medias, de un rico que las daba. El rendimiento que tuviera la vaca iba a medias: los terneros y la diferencia que hubiera en el precio de la vaca cuando se volvía a vender. La vaca daba un ternero que valía veinte duros, pues la mitad para cada uno. El costo, el mantenimiento de la vaca iba por cuenta del que la tenía. Luego pues el que tenía la vaca la empleaba para el uso de su casa.” (San Martín. Ti Galán)

Un propietario dejaba a un vecino necesitado una vaca: esta era una vaca de A MEDIAS. El que recibía la vaca la utilizaba y la alimentaba. Cuando la vaca paría, el importe de la venta del ternero se repartía entre el que había dejado la vaca y el vecino que la cuidaba. Cuando vendían la vaca, el dinero que superase el precio con el que fue tasada al comienzo de la relación, el beneficio, se dividía entre los dos.

No había más remedio que tener vacas si se quería tener tierras y cortinas produciendo. La PAREJA ARICABA, RALBABA, BIMABA, DEGRADABA, y ACUBRIA las tierras de PAN. La PAREJA labraba las cortinas de los TRIMESINOS, los productos de huerto en la primavera. La PAREJA tiraba del carro para traer el PAN segado y la hierba seca. Subía al monte al final del verano y al comienzo de la primavera para bajar los RAMAJOS y la leña. Con la PAREJA se llevaba el estiércol a las tierras y a las cortinas, y si era preciso se CUARTIABA con otra PAREJA cuando había que llevar un carro cargado por caminos difíciles y empinados. La PAREJA arrastraba las TORADAS de los castaños y las VIGAS de roble. Tiraba del carro cargado de piedras para construir una casa… etc. Y todavía daban un ternero una vez al año para beneficio de su amo. No daba leche (20), pero el abono que diariamente formaba en la cuadra, aunque de peor calidad que el de las ovejas, regeneraba anualmente las tierras y las cortinas de su amo. Y hasta después de muerta, si había sido en accidente, su carne era repartida en el pueblo colaborando los vecinos con el pago de la carne recibida para remediar la pérdida de la vaca. ¡Qué más se le podía pedir a este noble y trabajador animal!

“Si se moría una vaca, o porque se partía una pierna o se partía los cuernos y había que matarla, pues todos los vecinos iban por un kilo o dos, y había que gastarla. Todos los vecinos acudían a la desgracia aquella.” (Terroso. Ti Encarnación)

La pareja de vacas era la fuerza de trabajo más importante que poseían los vecinos de cualquier municipio sanabrés.

“Las vacas daban trabajo, carne, terneros, estiércol. Si no las hubiera habido no se hubiera podido sembrar pan ni patatas ni nada de nada…” (San Martín. Varios)

El toro del concejo.

Cada uno de los CONCEJOS sanabreses poseía un toro para su VACADA o BOYADA (21).

El CONCEJO escogía entre los jatos que tenían los vecinos el que podía ser el toro de la BOYADA. Si no lo encontraban o no se ponían de acuerdo, lo compraban en EL MERCADO DEL PUENTE, de ese modo se traía nueva sangre a la VACADA.

“O se compraba o se ofrecía uno de un vecino, y todos se ponían de acuerdo…” (Terroso. Andrés)

“El toro del pueblo era el que teníamos todos. Un jato que veían bueno en el Mercado, aquel lo compraban. Como lo del toro ya venía de atrás, si había que escotar se escotaba, si el jato que se vendió valía diez duros, y el que se quería comprar valía veinte, pues para comprarlo había que poner la diferencia. Todos teníamos en él. El jato tenía que tener al menos dos años para que sirviera a las vacas.” (Terroso. Ti Encarnación)

“Había un toro para todo el pueblo. En concejo se reunían los vecinos, se compraba entre todos los vecinos del pueblo. Aquí en San Martín el toro no se traía de fuera en el tiempo que yo recuerdo. Se le echaba el ojo a algún jato que había criao un vecino.” (San Martín. Ti Galán)

El toro de la VACADA tenía unos privilegios a la hora de pastar en el COTO BOYAL.

“El toro tenía trozos de coto asignados. Había un trozo de coto para pacedero, y otro trozo de coto para segar hierba para él.” (Terroso. Andrés)

“El toro andaba libre todo el año por el couto. Desde el 1 de marzo hasta que se levantaba el primer manojo le estaba reservado la esquina de las Carriceiras del couto, aquí en Terroso, pero aunque se metiera en los praos nadie le espantaba. La esquina de las Carriceiras era para el toro y para la hacienda del que lo mantenía. También debajo de la Mámola se podían segar dos carros de hierba del couto para el toro. Había que tener cuidado con él porque muchas veces andaba suelto. Cuando algún vecino decía o hacía cosas que no se ajustaban a lo que decidía el concejo, le decían:  Tu es que quieres ser libre, como el toro del concejo?” (Terroso. Santiago)

El vecino que se responsabilizaba del toro recibía EN ESPECIE o en dinero el servicio que hacía el toro en la VACADA.

“El toro lo tenía uno. Se le pagaba en grano, seis o siete cuartillos de grano cuando servía a una vaca.” (San Martín. V)

Cuando la vaca lo pedía, como así decían los vecinos, se la llevaba al toro (22). Las vacas que ocasionaban problemas al ir en manada, porque embestían o se montaban sobre otras, eran las que estaban en celo, dispuestas a ser servidas, cubiertas,  por el toro.

__________________________________________________.

NOTAS.

(13) En el Catastro de Ensenada (1752) todavía están censados 4 bueyes en Terroso y 3 en San Martín.

(14) Lisón Tolosona (1983), página 27. Méndez Plaza (1900), página 22.

(15) Krüger (1925), página 173

“15 de Setiembre 1929, recibí un jornal con pareja a 12 reales.” (C.S.M. 111)

25 Junio 1920, recibí un jornal de pareja mantenidos la pareja y él, 8 reales.” (C.T. 50)

“1 de Abril 1921, recib¡ un jornal con pareja, mantenido él y la pareja.” (C.T. 52)

(16) Una anotación sobre la relación de un vecino que tenía vacas de A MEDIAS:

“28 de Diciembre 1914. Vendió un jato de la vaca ( de A MEDIAS) y me entregó 57 reales de mi parte.” (C.S.M. 36)

(17) José Luis Martín (1987) hace notar el primitivismo en la Maragatería leonesa por el uso de los bueyes todavía en 1957. Página 69.

La BOYADA aparece en Rio de Onor. Jorge Dias  (1953), página 176.

Krüger (1925), página 163 y siguientes, dedica a los términos relativos a los animales en Sanabria.

(18) “Castaña, Roja, Gallarda, Guinda, Rubia, Leona, Garbosa”. Todos ellos son nombres que aparecen en la contraportada del libro de Cuentas de Terroso referidos a las vacas que poseía don Genaro de Barrio.

Krüger (1925), páginas 167-169, describe brevemente el modo como los sanabreses llamaban a sus animales domésticos ( cerdos, cabras, vacas, ovejas y yeguas).

(19) Un contrato de vacas de A MEDIAS: “Le di una jata de amedias, pelo castaño oscuro, de diez meses de edad, bien encabezada, tasada en 16 duros…” (C.S.M. 52)

En el Catastro de Ensenada (1752) se refleja que en San Martín el 39% de las vacas estaban en régimen de aparcería, y en Terroso el 38%.

Los libros de Cuentas de don Genaro de Barrio muestran que este vecino tenía durante las primeras décadas del siglo XX 16 tratos escritos de vacas de A MEDIAS con vecinos de San Martín, y 5 tratos con vecinos de Terroso.

Sobre este modo de propiedad también podemos ver Nicolás Tenorio (1982), páginas 57-60.

(20) La vaca de trabajo utilizada en Sanabria no se aprovechaba para dar leche. En las  vacas paridas ésta sólo se utilizaba para alimentar a los terneros y, excepcionalmente, a los amos. Aprovechaban la leche de cabra o de algunas ovejas, pero de modo esporádico,  porque ni la leche ni sus derivados se encontraban entre los productos  habituales con los que se alimentaba un sanabrés.

(21) El toro en Rio de Onor: Jorge Dias (1953), páginas 178-179.

(22) ” Anduvo la Castaña al toro el día 17 de Abril de 1917… Anduvo la Roja al toro el 10 de Diciembre de 1917… Idem la Gallarda el 15 de Enero de 1919 y la Roja había andado antes… Nació la jata de la Roja el día 29 de Septiembre de 1919.”

(C.T. contraportada)

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