Posteado por: lenguajesculturales | agosto 23, 2010

La casa (II): La familia tradicional sanabresa. Sanabria. Guía cultural.


La familia tradicional sanabresa.

La casa sanabresa: el grupo doméstico.

El grupo doméstico daba vida al edificio de la casa sanabresa descrita en otro apartado. Veamos ahora el lenguaje cultural que desarrollaba la familia poseedora de una casa.

Las casas, como conjunto de bienes, podían ser divididas por categorías (25). Entre nuestros informantes había una triple división: las CASAS PRINCIPALES, las CASAS NORMALES y las CASAS POBRES.

“…mi suegro tenía mucha cosecha, era una casa principal del pueblo, cogían mucho grano. Tenía una casa pudiente, tenía mucha siega y mataba para segar el           pan. El primer día de la siega cogía el mejor carnero que tenía en la cuadra y ese le mataba…” (Terroso. Ti Encarnación)

La división de las casas por categorías estaba determinada por el mayor o menor número de bienes que poseía la familia. Las CASAS PRINCIPALES podrían tener vacas, ovejas, cerdos, yegua de cría, abundantes tierras, prados, majadas, cortinas,

etc. Las CASAS NORMALES tenían de casi todo lo que una casa sanabresa necesitaba para subsistir, pero le faltaba algo, o la pareja de vacas para el trabajo, o algunas fincas que le diesen suficiente cosecha para todo el año. Esto provocaba un signo de lenguaje social-intersubjetivo: los TRABAJOS VUELTOS que se hacían unos a otros para compensar las respectivas carencias. Las CASAS POBRES vivían del trabajo que ofrecían a las otras casas, de lo poco que cosechaban ellas, y de lo que les daban los otros vecinos.

Cada sanabrés vivía dentro de una de estas casas. Estaba definido en una familia, y la mayoría de las veces cada familia tenía un nombre característico, el apodo. Pocos quedaban exentos de este signo que formaba parte del lenguaje social del municipio.

Una de las razones por las que se le ponía apodo a una persona, apodo que luego podía pasar a su descendencia, era la coincidencia de muchos nombres propios en una población relativamente escasa. María, Encarnación, José o Juan, por ejemplo, eran nombres muy frecuentes entre los habitantes de San Martín y Terroso.

Había nombres que se repetían mucho, por eso ponían mote. Por ejemplo, cuando vivía mi madre, era ella María, y había tres Marías en el pueblo, y además las tres tenían el mismo apellido, eran María Mostaza. Es que no tienes más que ver que donde había un nombre solo, porque mira, la ti Jesusa Gurrina… porque estaba la tí Jesusa Cabañeira y la tí Jesusa Ramalleira, y sin embargo, Agapita, que sólo había ella con ese nombre, y era la auténtica Gurrina, que era hija del Gurrino, pues era sólo Agapita…” (Terroso, Laura)

El apodo se originaba por una característica personal del vecino a quien se le ponía. Moría con él o pervivía en su hijo/a o en un pariente allegado. Lo normal era tener el apodo de la familia; por ejemplo, apodos familiares que pervivan de una generación a otra podían ser los que definían familias como los CARRANOS, los TORADAS, los RAMALLEIROS… En muchas ocasiones el sobrenombre no era un apodo, sino el nombre del padre o la madre, o su diminutivo; por ejemplo, Ángela del tí Vitoriano,

Encarnación BRISIDIÑA ( de la tí Brígida), Juan SIMONICHO ( del tí Simón).

El nombre propio de cada sanabrés era el que la familia a la que pertenecía le había puesto el día del bautismo. Con este nombre le identificaban los de su propia familia. El apodo era el nombre que ya tenía su familia o se le creaba, con el que los que no eran de la familia identificaban al vecino dentro del grupo. Esa necesidad de identificación en el grupo, de saber quién era, ya fuese desde la familia o desde los vecinos del pueblo generaba el signo cultural de los nombres propios y los apodos.

A modo de ejemplo damos una relación de algunos apodos que aparecen en los manuscritos del maestro de Terroso refiriéndose a algunos de sus convecinos

Xilo, Seruenda, Periquito, Simonicho, Guerrillas, Chumbo, Narria, Dominguillo, Pintorero, Galán, Xicote, Changuero, Boña, Rojo, Venturilla, Abortao, Pitillo,            Farrianga, Josepote, Tranco, Lecas, Corneta, Pechuga, Llojeiro, Rosendo, Carrizo...”

(Manuscrito de D. Genaro de Barrio)

Eran apodos de personas de la primera mitad del siglo XX, como los que nos recordaba un informante sobre los apodos de otros vecinos de la misma época.

“…el tí José Picho, Manuela de la tí Sebastiana, el tí Agustín Cuco, el tí Juan Toradas, el tí Paquito, el tí Juan Petricho, la tí Jesusa  Cabañeira, el ti  Andrés Carrano, los Chulos, el tí Genaro Castañeto, la tí María Grilla, la tí María Cuca, el tí Agustín            Gato, Manuela Loba, Vitoriano Toradas, los Zorras, los Ramalleiros, los Chalecos, Rosa Loba, la tí Encarnación Tatariona, los Petrichos, la tí Ricoxa, el ti Antonio Pirichola…”

El número de personas que componla una casa podía variar desde un único vecino, un viudo o una viuda ( casos de pobreza y ancianidad) hasta una familia extensa: un matrimonio anciano, un matrimonio joven, uno de cuyos componentes era hijo/a

del matrimonio anciano, los hijos del matrimonio joven, otro hijo/a del matrimonio anciano, e incluso un criado/a. Se daba también el caso de matrimonios sin hijos viviendo con un sobrino/a,  también una casa de hermanos solteros…

La forma básica del grupo doméstico sanabrés era un matrimonio, sus hijos, algún pariente cercano, padre/madre de uno de los cónyuges, tío/a o sobrino/a, un criado/a…(26).

No era extraña, de todos modos, la existencia de la familia troncal patrilineal, dos matrimonios, uno anciano y otro joven en la misma casa. Esta circunstancia recordaba la antigua costumbre del mayorazgo (27). La razón por la que en una casa podía haber dos matrimonios, era, sobre todo, porque el matrimonio joven no tenía bienes, fincas y casa donde vivir, por lo que, una vez casados, tenían que entrar en la casa de uno de los

padres para trabajar y vivir, ya que no heredarían hasta que se muriesen los padres. La elección de la casa en la que entraban dependía de un arreglo anterior entre las familias, teniendo en cuenta las posibilidades y las necesidades económicas de cada una.

Los padres no PARTIAN sus fincas y su HACIENDA porque debían seguir viviendo de lo que tenían. Si cuando se casaran los hijos les dieran una parte de su patrimonio , poco a poco no tendrían ni fincas ni ganado para vivir, y correrían el peligro de ser abandonados, si sus hijos, después de formar otra familia, los olvidaran. Este hecho favorecía que los casamientos fueran tardíos, porque  el que deseaba casarse tenía que juntar algo de dinero si quería independizarse de sus padres; si no, que era lo más frecuente, entraba en casa de los padres y trabajaba como uno m s bajo el mando del cabeza de familia, su padre o su suegro, según la casa en la que hubiera entrado. A veces, después de casarse, el marido emigraba, quedando la mujer en su casa esperando que a la vuelta trajera unos ahorros suficientes para independizarse. Otra solución para el matrimonio era seguir trabajando cada uno en su casa, juntándose por la noche; pero esto duraba poco.

Las familias sanabresas tendían a tener bastantes hijos. El grupo joven del municipio era elevado, pese a la alta mortalidad infantil del siglo pasado. Las familias tenían más de tres hijos. Las casas con fincas y HACIENDA necesitaban brazos para trabajarlas, por eso, cuando los hijos despuntaban un poco se incorporaban a las faenas habituales de la casa.

Si ésta tenía pocas fincas y no daba de comer a todos los hijos de la familia, los padres los mandaban de criados a las casas del pueblo que necesitaran trabajadores y a  casas de los pueblos vecinos.

Al hilo de lo descrito, entramos ahora en la responsabilidad que cada miembro del grupo familiar tenía en la casa: el lenguaje social interno que desarrollaban los signos vivientes de la familia sanabresa.

En general, la mujer era la encargada de las labores de limpieza y manutención dentro de la vivienda familiar. Hacía la comida, lavaba y tejía. Entiéndase que estas actividades no le llevaban el tiempo que en la actualidad emplean las amas de casa. Su preocupación por la comida o la limpieza no pasaba de tener preparado un POTE con CALDO o SOPAS para las comidas, recoger las cenizas del fuego y barrer el piso de la casa con escobas de monte, después de haberlo salpicado con agua. La casa no requería muchos cuidados, era pequeña, oscura, y sus rincones estaban ocupados por arcas, cestos y sacos con los productos de la cosecha del año. No pretendemos decir que la mujer sanabresa fuera descuidada en la limpieza, sino que en esta época la limpieza de la casa no era una preocupación fundamental, ni la casa en sí lo necesitaba. Ella atendía las fincas y los animales repartiéndose el trabajo con su marido y sus hijos.

La mujer sanabresa puede ser uno de los mejores ejemplos, dentro de las culturas de la península ibérica, de mujer trabajadora incansable y equiparada con el hombre en cuanto a responsabilidades laborales (28).

Viven los vecinos de San Ciprián exclusivamente del pastoreo y la agricultura. Intervienen en estas labores tanto el hombre y la mujer, de constitución fuerte, rústica en el sentido propio de la palabra, como las numerosas criaturas de la familia.”

( Krüger (1923), pág. 15)

El hombre atendía la HACIENDA y la agricultura con su mujer. Algunos emigraban temporalmente durante los meses de invierno para conseguir dinero. Entonces, la mujer se hacía la única responsable de la marcha de la casa.

Los rapaces y rapazas estaban en la escuela  desde los cuatro años hasta los doce o trece aproximadamente, pero en cuanto sus padres los veían despiertos, hacia los diez u once años, salían  de la escuela y se dedicaban al pastoreo.

El matrimonio anciano realizaba las mismas labores que hemos señalado a pesar de su edad, a no ser que estuvieran imposibilitados o enfermos.

En otro apartado haremos una exposición detallada de las tareas diarias de los sanabreses, ahora, intentando concretar las responsabilidades que cada miembro de la familia tenía en ellas, nos limitaremos a exponerlas de un modo sumarial.

La familia se organizaba en el trabajo de la hierba del mes de Junio para realizarlo lo más eficazmente posible. El hombre segaba la hierba con la guadaña; esta era tarea exclusivamente del sexo masculino, ninguna mujer solía realizar este trabajo. Los rapaces comenzaban el aprendizaje del uso de la guadaña en los trabajos comunales de preparación de los COTOS , en la primavera, y en otras actividades de menor importancia, donde poco a poco cogían la destreza para saber segar la hierba. La mujer era la encargada de hacer una buena y apetitosa comida y llevarla al prado. Una vez allí, mientras el hombre continuaba segando, ella daba la vuelta a la hierba ya segada. En esta labor también participaban los ancianos y los m s jóvenes. Toda la familia hacia la recogida y el acarreo de la hierba. Un rapaz mantenía quieta la pareja de vacas, sacudiéndole las moscas e impidiendo que los tábanos  las inquietaran, las AMOSCARAN, y tiraran al que estaba encima del carro cargando la hierba. Un hombre

amontonaba y aplastaba la hierba que otro hombre o una mujer le subían con la TORNADERA desde los GORDONES donde había quedado la hierba segada, VOLTIADA y seca. Los rapaces, ancianos y mujeres de la familia rastrillaban la hierba que el cargador/a dejaba atrás.

El trabajo de EL PAN también era familiar, pero solía estar apoyado por jornaleros contratados, con frecuencia portugueses que inmigraban temporalmente para esta tarea. La labor de segar con la hoz podía ser realizada indistintamente por hombre o mujer. Había más segadores que segadoras, pero no porque fuese un trabajo preferentemente de hombres, sino porque las mujeres también tenían que seguir atendiendo la casa y la HACIENDA durante los días de la siega, además de preparar la abundante comida que requería este trabajo. Las mujeres segaban PAN tanto como los hombres cuando no tenían que atender las labores de la casa en las que el hombre no tenía responsabilidad. Las faenas que venían después de segado EL PAN, esto es, atarlo y AMORNALARLO,

eran  realizadas indistintamente tanto por un hombre como por una mujer. El acarreo seguía un esquema parecido al transporte de la hierba: un hombre colocaba LOS MANOJOS en el carro, mientras un hombre o una mujer los subía.

La MAJA DEL PAN era un trabajo que superaba el  ámbito familiar y requería la participación de los vecinos del pueblo o de la COMPAÑIA a la que tradicionalmente pertenecía la familia que MAJABA. Cada participante estaba especializado en alguna de

las tareas de la MAJA e iba a ella con el instrumento adecuado: un RASTRILLO, un MANAL, una TORNADEIRA… Como en las anteriores labores, las faenas de fuerza era realizadas por los hombres, las faenas más suaves las realizaban los rapaces, las mujeres y los ancianos/as. Al describir en otro capítulo este importante trabajo en la vida sanabresa, pormenorizaremos mejor estas actividades, pero diremos ya desde aquí que el uso del MANAL estaba reservado exclusivamente a los hombres fuertes y hábiles. Las mujeres, mozas, casadas y ancianas, movían la paja, BALEABAN, rastrillaban el grano etc. Un grupo de hombres y mujeres indistintamente hacían la POLEA, es decir, llevar la paja al MEDERO, sobre el que estaban subidos dos hombres para amontonar la paja recién MAJADA alrededor de una viga de roble clavada en la tierra.

Moler EL PAN, el grano de centeno, era tarea realizada por el hombre o por la mujer. Pero los trabajos que requerían cocer EL PAN estaban más vinculados a la mujer que al hombre. Este podría preparar el horno, dejarlo a punto de cocer (trabajo que también lo hacía la mujer), pero el trabajo de cernir harina, amasarla, preparar las hogazas, etc. recaía en la mujer.

Otra labor prolongada y constante era el trabajo del lino, que de nuevo correspondía en su mayor parte a la mujer. El hombre y la mujer participaban en la preparación de la tierra, pero en los cuidados posteriores de la planta, y las sucesivas fases del tratamiento del lino para dejarlo hilado en CARUEZOS, la mujer era la protagonista principal, como veremos en su momento.

En la agricultura y el pastoreo participaban tanto el hombre como la mujer. Ella araba como el hombre, llevaba la pareja JUÑIDA (uncida) al carro, cavaba, regaba, cortaba leña, etc.

El pastoreo familiar se repartía entre todos. Cuando los rapaces/zas podían ayudar en las tareas de la casa, ellos iban de pastores, de lo contrario, no había preferencia, hombre o mujer podían ir con las vacas o con el GANAO. La atención a los restantes animales de la casa, gallinas y cerdos corría más a cargo de la mujer que del hombre, sobre todo porque ella preparaba las comidas de estos animales, aunque también lo podía hacer el hombre.

En general, la atención a los animales domésticos, vacas, ovejas, cabras, caballerías, cerdos y gallinas era realizada indistintamente por cualquier miembro de la familia.

Si a la labor habitual de la mujer añadimos su función natural de gestar, parir y criar los hijos del matrimonio, podemos reafirmar la idea con la empezábamos este apartado, esto es, que podemos considerar a la mujer sanabresa como una de las más trabajadoras dentro del conjunto de culturas o modos de vida de la península ibérica. Tanto es así, que la casa sanabresa podía ser llevada sólo por mujeres, como en los casos de viudedad o emigración temporal, frecuentes en nuestro municipio.

No pretendemos decir que el hombre fuese menos trabajador, sino que deducimos una cierta igualdad entre el hombre y la mujer en este modo de vida tradicional. Aparentemente los deberes eran los mismos, y los derechos creemos que también, ya que los hijos y las hijas heredaban a partes iguales. Otros signos, por el contrario atestiguan la preponderancia del varón, como la formación del concejo preferentemente por hombres, aunque en las casas donde no los había debía ir la mujer. Pero las razones económicas apoyaban de algún modo en el ámbito de la cultura tradicional una constante tendencia hacia la igualdad de deberes y de derechos entre el hombre y la mujer.

Hemos derivado de la división del trabajo por sexos y edades a la mayor o menor igualdad del hombre y la mujer en la familia y en la sociedad sanabresa. No ponemos en duda que, como en toda la península ibérica, los sanabreses no eran una excepción, ya que la sociedad de los siglos XIX y XX ha sido de fuerte preponderancia masculina favoreciendo la sumisión del sexo femenino. Sólo hemos pretendido destacar que en la responsabilidad diaria de llevar adelante una casa no se descubre esa diferencia, salvo por motivos de la propia naturaleza, como la mayor o menor fuerza física. Reconocemos, y así lo afirman nuestros informantes, que la mujer vivía sometida a su marido o a su padre: “Sí, sí, en el trabajo éramos iguales, pero el que mandaba ya se sabía quién era…” (San Martín de Terroso)

Fincas, HACIENDA y otros bienes de la casa sanabresa.

La casa sanabresa incluía un conjunto de fincas (tierras de centeno, CORTINAS, huertos, huertas, prados, LAMEIROS, MAJADAS, bosques…), un conjunto de animales domésticos, la HACIENDA (vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballerías, gallinas…), y algunos bienes más ( la PALLAREGA, el molino, el horno, las colmenas…).

La casa sanabresa, por herencia o por sucesivas compras, debía disponer de tierras de centeno, prados, y huertos para obtener durante el año grano de centeno, hierba para los

animales, y hortalizas, patatas y lino para el gasto de la casa y de los animales. No había casa sin tierra, la tierra era su mayor riqueza. De hecho, la venta de fincas se realizaba en caso de extrema necesidad, como el pago de una deuda inaplazable. La tierra era el seguro de vida de los sanabreses.

Junto a la tierra estaba la HACIENDA, el complemento indispensable de la casa sanabresa. El edificio donde vivían nuestros paisanos estaba pensado para albergar a los animales domésticos. Los animales eran aprovechados en todas sus posibilidades energéticas: para dar calor a la casa, para producir estiércol que abonara las tierras, para rendir en el trabajo de arar y tirar del carro, para ser sacrificados y alimentar con carne fresca o curada a sus propietarios. Las vacas no eran de leche, sino de trabajo y recría. Las ovejas producían lana, carne y corderos para vender; las cabras carne, leche y GUDALLAS para la venta. Los cerdos proporcionaban carne y grasa para todo el año, convenientemente preparada para su conservación, la MATANZA, y LARIEGOS para la venta y recría (29).

Si a todo esto añadimos en algunas casas la propiedad de colmenas, la participación en algún molino del municipio, la propiedad de una PALLAREGA en el pueblo, el aprovechamiento de manzanos, perales, guindos, abruños, cerezos, castaños, nogales,

negrillos, abedules,  áamos, robles, etc. de huertos, TIERRAS y MAJADAS, tenemos una visión completa del conjunto de bienes que componían la casa sanabresa (30)

_____________________________________________.

NOTAS.

(25)   Hemos apoyado esta división de las casas sanabresas en los testimonios de nuestros informantes y en J.A. Fernández de Rota (1987) páginas 26-29, al analizar un municipio gallego.

(27)  J. A. Fernández de Rota (1987) ilumina con la descripción de la familia gallega lo que podía ser la familia sanabresa: “…su estructura familiar está en función de su                  continuidad: está  hecha para vivir y pervivir. Su esquema básico es el de la familia extensa troncal. Idealmente conviven en ella tres generaciones: el matrimonio de viejos propietarios, un hijo CASADO EN CASA, y los hijos de este joven matrimonio; sumándose probablemente en las dos primeras generaciones algunos hermanos solteros.” Página 29.

(28)  “… en La Cabrera las mujeres trabajamos igual que los hombres. Además, mi marido anda en las obras del otro río, el Sil, y poco puede hacer en casa…” Ramón Carnicer (1985), página 35.

(29)  El Catastro de Ensenada (1752) es una descripción  completa de todas las casas de los pueblos de Sanabria en la mitad del siglo XVIII. El esquema de cada casa está  reflejado en las posesiones detalladas de cada vecino: Fincas de hortaliza, fincas de linares, tierras de secano, prados, prados de secano, bosques, tierras yermas, casas, estado social, animales, cargas y foros.

(30)  Un ejemplo de casa sanabresa en 1752 podría ser la siguiente: Barrio de San Martín de Terroso. Domingo Maestro

. Tierras de hortaliza: 1

. Tierras de linares: 2

. Tierras de secano: 14

. Prados: 4

. Prados de secano: 1

. Casa en el Barrio de Arriba

. Del estado noble, jornalero

. Ganado: 6 ovejas, 4 vacíos, una cerda

. Cargas: a la iglesia de Santiago,  al Conde de Benavente, al Convento de San Martín.

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