Posteado por: lenguajesculturales | abril 4, 2011

3. El Pegaso.


3.El Pegaso.

El Chota no volvió.

Los chicos no salieron en toda la tarde.

Al día siguiente, tardaron en encontrase en el Cabecero.

Era casi medio día. Estaban inquietos, pero, a la vez, dejaban pasar el tiempo para que todos olvidaran el incidente con el Chota.

No era para menos.

El investigador, después del accidente que tuvo excavando, bajó al todoterreno y se curó la herida de la ceja. Subió de nuevo al Castro y vio lo que había sucedido: Él había reventado una vasija de cerámica llena de algo parecido a las cenizas de un fuego, y alguien había sacado otra vasija que estaba al lado.

Se veía claramente el espacio vacío que antes ocupaba.

¡Había descubierto un enterramiento!  ¡Había dado por fin con los restos de antiguos pobladores del Castro! ¡Había descubierto la tumba de una familia importante del Castro con los restos incinerados y posiblemente un ajuar suntuoso: joyas de oro, piedras preciosas, brazaletes, pendientes, hebillas…! Pero… ¡Alguien que le espiaba se había llevado parte del descubrimiento! ¡La parte posiblemente con más valor! ¡El tesoro del Castro! ¡Su tesoro!

Después siguió cavando con mayor rabia en los alrededores…. Sólo encontró piedras y pizarra.

La olla que él había destrozado no contenía nada… pero la otra podía tener un tesoro. ¡ Y se la habían llevado!

Enseguida sospechó de los chavales. Habitualmente se percataba de su presencia. Pero ese día no los había sentido a sus espaldas.

De todos modos, para él no podían ser otros los que le habían quitado el tesoro.

Volvió al pueblo. Increpó a los vecinos. Acusó a los niños de la fechoría. Reveló ingenuo que le habían robado su tesoro

Nadie le creyó…

Y aquella tarde en Pobladura rumiaría desesperado su venganza.

______________

Víctor y Adri bajaron a jugar a la vieja gasolinera. Con disimulo vieron que las cosas seguían igual en el interior del Pegaso. Subieron pronto a casa porque el cielo estaba poniéndose oscuro. Una fuerte tormenta amenazaba desde las montañas de Parada. Los truenos eran cada vez más cercanos.

Oscureció pronto. Adri jugaba en su casa con Lucía y María antes de cenar. Víctor no salió aquella noche. Los truenos se sucedían sin interrupción, y algunos retumbaban tan cerca que se sentían en la boca del estómago. La tormenta estaba encima.

Los padres de Adri veían la tele. Se fue la luz, “como siempre que hay un nublao”. Encendieron dos velas. Una para el comedor y otra para la habitación de Adri, donde con María y Lucía, jugaba al monopoli. La llama de la vela reflejaba las sombras de sus cuerpos en la pared dando un ambiente tétrico a la habitación. Parecían estar en una sesión de espiritismo más que en una partida de monopoli.

La puerta de la calle se abrió violentamente. Salieron al pasillo. También se asomaron sus padres. Al fondo vieron a Santi, momentáneamente iluminado por un relámpago, con una mano en la cabeza y, casi en el suelo, recostado contra la pared. En la oscuridad le escucharon gemir:

–         Ayudadme. No puedo más…

Sus padres asustados cerraron la puerta y le llevaron casi arrastrándose hasta la habitación. Los chicos no se movieron. Veían la escena como una película de terror: la tormenta, la ausencia de luz y los gemidos de Santi… Estaban paralizados.

La madre se quedó en la habitación con su hermano. El padre acompañó a las niñas a sus casas. Adrián trajo enseguida una palangana con agua, toallas y el botiquín. Ella intentaba curar una brecha que tenía en la cabeza

Cuando volvió el padre, la tormenta se había calmado y Santi estaba más tranquilo. Le habían vendado la cabeza, pero el dolor no se iba a pesar de los calmantes. No llamaron al médico. Poco a poco se fue encontrando mejor. Aún así, con la respiración entrecortada, contó lo que había pasado:

Después de que Adri y Víctor subieran, él siguió un rato más en la oficina. La tormenta arreció. Se fue la luz. Decidió entonces subir a casa. Buscó un paraguas, pero no había ninguno. Esperaría  a que la lluvia calmara…

Fue entonces cuando vio unos destellos fosforescentes en el interior de la cabina del Pegaso. Cerró los ojos varias veces y se fijó con más detención. ¡Era cierto! La cabina se iluminaba desde dentro como si una luz brotara de su interior. Se puso de nuevo a rebuscar un paraguas para poder marcharse de allí. Estaba cada vez más nervioso.

Mientras lo hacía no advirtió que el Pegaso empezaba a moverse solo y recorría los diez metros que le separaban de la oficina. Cuando levantó la vista tenía encima la luz fosforescente. El camión golpeó la pared y toda la ventana se le vino encima.

Salió como pudo de la oficina y llegó a casa. Realmente no sabía cómo había podido suceder todo aquello.

Esa misma noche el padre bajó a la oficina. Ordenó lo mejor posible las cosas, y con otro camión remolcó al viejo Pegaso donde estaba antes. Lo calzó con dos grandes piedras. Miró en el interior de la cabina y sólo vio los cristales rotos y esparcidos de la luna delantera. No advirtió nada extraño dentro.

Cuando Adri escuchó a su hermano, se quedó pálido, y estuvo un buen rato sentado en su cama.

–         ¿Qué le habría pasado a la tinaja? Se habría roto. ¿Tendría algo que ver con la extraña maniobra del Pegaso abandonado? ¿Qué fuerza escondía aquella olla desenterrada?

Esperó a que volviera su padre. Se preparó una respuesta a las preguntas sobre quién había metido aquella enorme baratija dentro del camión… Pero su padre no dijo nada, porque nada vio.

Todos se fueron a la cama.

Adri cerró la puerta de su habitación. Se tumbó en la cama sin quitarse las deportivas. Parecía que estuviera preparado para salir corriendo… pero ¿a dónde?, ¿por qué?

El cansancio le venció. Durmió inquieto toda la noche

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: