Posteado por: lenguajesculturales | marzo 13, 2011

El entierro y el novenario. CICLO VITAL. La Guareña zamorana. Guía cultural.


El entierro y el novenario.

 

 

 

Al día siguiente cogían unas andas y se le daba tierra como Dios manda” (38).

 

La familia encargaba al carretero el ataúd para el muerto, la caja. Se traían las andas a la puerta de la casa, señal inequívoca para los que todavía no lo sabían que el vecino  “Señor Fulano” había muerto.

 

Las andas las tenía el carretero, el que hacía el ataúd, y cuando veías a la puerta de un enfermo las andas… Este ya se murió… Antes casi que tocaran las campanas, ya llevaban los familiares las andas, las llevaban y las ponían a la puerta.”

 

Aquí¡ todos se enterraban con ataúd, es que aquí¡ había un carretero que hacía la caja y venía a medir… No había quien era tan pobre que no tenía ni para la caja. Ya se sabía que un ataúd forrado costaba dos y un  ataúd sin forrar costaba uno. El ataúd lo hacía con cuatro tablas malas y era barato, pero si tenía que ir al comercio y llevar tela negra pa forrarle bien y ponerle por dentro chinchetas y adornao con una cinta negra, pues costaba tres veces más.”

 

Todos los vecinos eran dignamente enterrados dentro de un ataúd. Para nuestros informantes era excepcional el entierro sin caja, envuelto el cadáver en una sábana.

 

Yo conocí enterrarse en tierra todavía a un señor que había estado trabajando en el Canal de Panamá. Nos vinimos los chiquillos al salir de la escuela corriendo para verlo porque lo iban a tirar en una sábana en la fosa, pero los demás, siempre en la caja hecha por el carpintero.”

 

La familia tenía la responsabilidad de enterrar al muerto, pero en los estatutos de las cofradías descubrimos numerosas obligaciones por parte de los cofrades que manifiestan la gran importancia de estas asociaciones en los últimos momentos de muchos de nuestros paisanos. En cierto sentido, las cofradías eran “seguros de defunción” para el cofrade y su esposa.

 

a.  Asistencia previa a la muerte:

 

Cofradía del Santo Cristo de la Salud de Castrillo (1913):

Cuando estuviere enfermo de gravedad algún cofrade y una vez que haya recibido los santos sacramentos, ser  asistido cada noche y durante la persistencia de la gravedad por dos cofrades, siguiendo rigurosamente el orden de lista...”

 

Cofradía de San Antonio de Padua de Vallesa (1912):

” … prerrogativas a que se tiene derecho por ingresar en la hermandad… la asistencia con su vela (de cada cofrade) a la administración del Santo Viático . Se recomienda que asista todo el que pueda…”. ” Después de administrar el Santo Viático a un hermano o hermana es obligación de los mismos que dos hermanos o hermanas acompañen de noche hasta que el peligro desaparezca o si ocurriera su fallecimiento...”

 

b. Asistencia en el entierro y Misa de difuntos.

 

Cofradía del Santo Cristo de la Salud de Castrillo (1913):

Si ocurriere el fallecimiento de alguno de los cofrades, los demás hermanos tienen la obligación de asistir con una vela al funeral de sepultura y a la misa de entierro, considerándose exceptuados solamente aquellos que al toque de campana de la defunción estuvieren ausentes de la localidad y no tuvieren noticia de la defunción. Los que faltaren a alguno de esos dos actos religiosos y no estuvieren exceptuados pagar n la multa de una peseta…”. ” … los cargos (de la cofradía son)… dos mayordomos, dos secretario, dos muñidores, cuatro sepultureros y cuatro llevadores.”. ” Los sepultureros deben abrir y cubrir la fosa de los cofrades que fallecieren… los llevadores tienen la obligación de llevar el cadáver de los cofrades que fallecieren.”

 

Cofradía de San Antonio de Padua de Vallesa (1912):

… prerrogativas a que se adquiere derecho por ingresar en la hermandad… La celebración de un oficio con su misa cantada por cada uno de los hermanos que fallecieren; el que se tendrá el primer día hábil después de su fallecimiento… La asistencia en el entierro y oficio bajo la multa de un cuarterón de cera por cada acto que se falte…”. ” Es cargo del secretario… avisar al mullidor (muñidor)  del fallecimiento de alguno de los hermanos para que este haga la señal con la campana…

 

c. Otras prestaciones del “seguro” de la cofradía.

 

Cofradía del Santo Cristo de la Salud de Castrillo (1913):

La misma obligación tienen los cofrades en el caso de fallecimiento de las esposas respectivas, y si alguno fuese viudo o soltero puede exigir esa asistencia para el caso de defunción de uno de sus padres o hijos.”. ” Por cada cofrade que falleciere se encargar  un oficio de difuntos en sufragio de su alma siendo obligatoria la asistencia a este acto.”.

 

Cofradía de San Antonio de Padua de Vallesa (1912):

Los hijos mayores de siete años que falleciesen siendo los padres cofrades tienen derecho a que salga la cera para el entierro sin pagar nada; a los catorce años adquirir n todos los derechos de cofrade quedando obligados a los gastos…”. ” Si algún pobre de solemnidad transeúnte llegase a fallecer en casa de alguno de los hermanos lucir  la cera de la hermandad.”

 

El fallecido era llevado de la casa al cementerio, formando los monaguillos, el cura, los llevadores de las andas, los familiares y todos los vecinos un cortejo con un ambiente muy distinto a los que ya describimos en el bautizo y en la boda.

 

Aquí un entierro era serio. Antes no se iba a la iglesia, eso fue después. Venía el cura a la casa, lo recogía y al cementerio. Hubo un entierro de una chica joven que fue la música a tocar. Había muerto de tuberculosis y había dicho que si se moría que fueran los tacholeros tocando la música… y tuvieron que ir.”

 

Los familiares del difunto lloraban abiertamente el dolor de la pérdida. Unos dicen que era una manifestación ficticia, otros que era sentida.

 

En un entierro era muy ridículo que las mujeres gritaran. Había también mujeres que se corcomían y no gritaban… y salía la gente diciendo… Fíjate no ha llorao siquiera un poco… As¡ que había quien, aunque lo estuviera agradeciendo (que se había muerto el familiar) pues tenía que hacer la comedia de gritar.”

 

En algunos pueblos se contaban anécdotas sobre los gemidos y los lamentos de los familiares del difunto, algunos de ellos tan singulares que provocaban la risa de los concurrentes.

 

Antes la gente gritaba mucho en los entierros. Yo creo que no se sentía de verdad. Eso yo no lo entiendo. Y aquí hasta risas. Había un señor que se murió joven y ya estaba allí el cura. Se sacaba una mesa en el portal, se pon  el cadáver, y llegaba el cura. La gente rezaba un poco. Y decía su mujer… Adiós, hermano del alma, hasta el valle de Josafat… Y venga a hacer esparabanes… Y los hijos mayores le decían a su madre que se callara… Pero ella dijo… No me da la gana, cojones, que somos hermanos, que salimos por el mismo agujero… En otro pueblo se murió uno de repente, a principios de verano y ya habían encerrao la cebada, y la mujer empezó a dar gritos… Ay, Fulano, Fulano, me metiste la cebada, pero lo otro… quién me lo mete… La mujer lo decía con buena intención  ( lo otro se refería al trigo, la algarroba), pero la gente lo aplicaba a lo que le parecía (al sexo)…

 

Nuestros informantes todavía recuerdan la ofrenda de pan que se daba al cura en la misa por el difunto. Probablemente era un vestigio de parte del pago que se le daba por enterrarlo.

 

Era una tradición, para las misas de entierro siempre se ha llevado un pan, pero ya se ha quitado eso también. El pan era para el cura, y cuanti más grande mejor… un pan recientito...”

 

También se repartía pan entre los pobres si era el entierro de un rico del pueblo cuando éste lo había dejado prescrito en el testamento.

 

El Ayuntamiento contrataba un sepulturero para que abriera la fosa en el cementerio y preparara el lugar de enterramiento.

 

Había sepulturero que le pagaba el ayuntamiento. Y  la sepultura el que podía la compraba, pero esto es de ahora, que antes nada… le quitaban a aquel y ponían a este en ese sitio...”

 

El día de todos los santos salía el enterrador a pedir con una esquila. Unos le daban una taza de garbanzos, otros le daban cinco pesetas, otros le daban un cacho de tocino, en fin, toda la gente le daba algo…

 

Ya hemos visto que antiguamente la labor de hacer la fosa y preparar la sepultura era responsabilidad de la cofradía a la que pertenecía el difunto.

 

Antes no había sepulturas, ahora ya son todas compradas. Había un enterrador que había que pagarle, pero mucho antes en las cofradías había sepultureros y llevadores que lo hacían todo. Los llevadores por regla general son de la familia, pero si no los tiene, pues los de la cofradía. Antes no había sepulturero, eso lo tenían que hacer los de la cofradía...”

 

El sacerdote volvía a la casa de la que había partido el cortejo fúnebre. Rezaba de nuevo y fijaba con los familiares la fecha de la misa por el alma del difunto.

 

Después del entierro los familiares y allegados, sobre todo si eran forasteros, se reunían en la casa para comer. No era propiamente una comida ritual, sino una necesidad lógica al final de la mañana… “¡No se iban a ir a su casa sin comer!”

 

Antes que nosotros, y cuando nosotros algunos, en un entierro comían los familiares. A m¡ me tocó con un caballo ir en representación del amo, ir al entierro, y luego nos dieron comida. Pero aquí en el pueblo yo no iba a comer a casa de nadie...”

 

Aquí se ponía antes la comida para los que venían de fuera. Porque antes nunca se enterró por la tarde. Antes se enterraba en la mañana y venía la gente a comer. Se preparaban unas ollas grandes y se ponía cocido, y comían todos. Venías del entierro y a comer. Yo me  acuerdo un hermano de mi madre que se murió con 48 años… yo era pequeña… ¡lo que disfrutamos, lo que corrimos, lo que jugamos por allí! Todos éramos primos carnales, todos los hermanos eran jóvenes. Lo pasamos (los pequeños) como si fuera una fiesta… Para los mayores no… Aquello era un gasto muy grande.”

 

En los días siguientes a la muerte de nuestro paisano, algunos familiares y amigos cercanos se reunían por las tardes a rezar el rosario e, indirectamente, a acompañar en los primeros días a la viuda o al viudo, según fura el caso, y a sus hijos, intentando compensar la ausencia del ser querido. Estos se prolongaban a lo largo de nueve días, por lo que se llamaba “el novenario”.

 

Aparte de las consecuencias económicas o los reajustes laborales que sufría una familia con la pérdida de uno de sus miembros, desde el punto de vista social, los familiares directos del difunto entraban en un periodo de “luto” que restringía enormemente su presencia en los acontecimientos importantes del pueblo, viéndose obligadas las mujeres a vestir con ropas negras y los hombres a señalar sus chaquetas o abrigos con una cinta negra en la solapa.

 

Cuando salía el muerto para el cementerio, se cerraba la puerta principal y no se abría, ni se enjalbergaba la casa… Yo por mi padre estuve tres años y pico, y por mi abuelo me pusieron un vestido negro pero con pintitas blancas… es que era una niña. Es que era…ni salir de casa… y todas las muchachas encerradas.”

 

El hombre guardaba también el luto en el lazo negro o en la corbata negra, y luego no iba al baile si era joven. El hombre tenía que salir m s, pero la mujer no salía de casa… y si se le moría el marido joven pues luto para toda la vida, porque luego se morían los padres, y as¡… siempre de negro...”

 

Los lutos antes eran de cinco años de negro, con pañuelo y todo y medias negras… y ni bailes ni nada. Quitar los tiestos de las ventanas, ni comías bollos, ni matabas un conejo, ni celebrar la Nochebuena… Yo tenía una radio y después de morirse mis padres no sabes lo que tardé‚ en encenderla de nuevo…

 

No estaba bien visto hacerse presente. El luto era una reclusión voluntaria que expresaba el dolor por la pérdida de un miembro de la familia. Esta situación, desde otra perspectiva naturalmente, recordaba la situación de la cuarentena de la mujer que acababa de dar a luz, o la reclusión de la joven que había quedado embarazada antes del matrimonio. La sociedad obligaba a una “separación ritual” porque de algún modo estaba señalada por un acontecimiento liminal: el paso de la no existencia a la vida y el paso de la vida a la muerte.

 

Pero los mismos vecinos compensaban esta separación aparente de la vida social haciendo partícipes a los apenados familiares de aquellos placeres tradicionales que anualmente se hacían en las fiestas del pueblo o de la cofradía a la que pertenecían.

 

En San Gregorio, fiesta de Guarrate, se limpiaba la casa por la primavera, era en Mayo, se sacudían los colchones de lana en la calle… estando de luto no se podía hacer nada de eso… Una mujer quedaba ahogada, con pañuelo, con toquilla, y las viudas con el luto para toda la vida… Los lutos era una cosa terrible. Que llegaba la pascua y había que hacerle el hornazo a los del luto. Tu tenías un pariente de luto y no sólo tenías que hacer los dulces para t¡ por la pascua, sino también para ellos, los de luto… y el hornazo también… Yo me acuerdo el año que murió mi abuela que mi madre estaba acobardada, porque murió por pascua y no sabía mi madre dónde meter tanto dulce que le regalaron… Y luego cuando el gallo, los quintos iban a echar la relación en casa de los de luto, porque no podían asistir a la corrida...”

 

En la fiesta, a los que estaban de luto riguroso, el muñidor les llevaba el refresco de la fiesta… Oye, que había escotao como todos para la fiesta… no estaba en la música, en el baile, pero se le llevaba el refresco...”

 

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