Posteado por: lenguajesculturales | octubre 17, 2010

Evolución de la población y emigración en un municipio sanabrés. Siglos XIX y XX. Sanabria. Guía cultural.



 

Evolución de la población en el antiguo municipio de Terroso. Apuntes sobre emigración. siglos XIX y XX.


 

Desde la perspectiva de los lenguajes culturales, la evolución de la población es un signo del lenguaje ecológico que desarrolla un grupo humano. Es una forma de lenguaje latente e inconsciente, como tantos otros signos que el ser humano comunica sin advertir que lo hace: un signo cultural que sólo se aprecia en el transcurso del tiempo.

Con los datos que tenemos (cuadros 1, 2y 3) podemos dar una visión suficiente del periodo a estudiar (1).

Deducimos que el municipio de Terroso entró en el siglo XIX con una población superior a los 400 habitantes y muy cercana a los 500. Pero al final de ese siglo, parece que desde 1888, la población se redujo a 300 habitantes. La diferencia entre los habitantes de derecho de 1890 y los mismos de 1860 fue d 100 individuos menos, diferencia que suponemos se produjo por la conjunción de causas tan relacionadas entre sí como la falta de recursos económicos, las malas cosechas, la pobreza, la emigración, etc.

En la década de los años veinte del siglo XX la población volvió a superar los 400 habitantes, siguiendo una línea ascendente hasta el máximo de 530 habitantes de derecho en 1930, mantenida durante toda la primera década. Acabada la guerra civil española la población comenzó una tendencia descendente irrecuperable, efecto de la emigración constante de los brazos jóvenes hacia las ciudades industriales de la península, para caer en los 195 habitantes del año 1981, cifra que no pertenece al municipio de Terroso, desaparecido en 1970, sino a la suma de los dos pueblos, Terroso y San Martín de Terroso, ambos ya del municipio de Cobreros (cuadro 4).

El aumento de la población desde el año 1920 en adelante seguirá las mismas pautas que se aprecian en la evolución de la población española durante esas décadas. Las mejoras higiénicas generales, sobre todo la erradicación de las enfermedades contagiosas, junto con la paulatina disminución de la mortalidad infantil, ayudarían aa superar la cota de 400 habitantes perdida en el siglo XIX (2). Entre otros detalles a destacar, llama la atención que el número de casas habitadas en ambos pueblos (cuadros 2 y 3) no sufrió variaciones importantes, manteniéndose la suma por encima de 100. Este hecho nos sugiere que el total de vecinos, o de familias participantes en la vida del municipio, permaneció constante, levemente por encima o por debajo del centenar, ya que algunas casas habitadas siempre había que ssuponer pertenecían a personas exentas del CONCEJO, ancianos solos, algún jornalero o caminero, algún funcionario… Si las fluctuaciones de habitantes fueron más fuertes que las del número de familias, concluiremos que lo que hizo variar la población de estos dos siglos no fue la creación o nueva instalación de familias, sino el mayor o menor número de componentes de las familias establecidas en el municipio de Terroso desde el siglo XIX. Si atendemos al hecho de que los nuevos matrimonios solían instalarse en la casa de uno de los padres, y si consideramos la acusada endogamia en toda Sanabria, y en este municipio, comprenderemos que, a pesar de las fluctuaciones poblacionales, el número de casas o familias no variaba notablemente (3).

Debemos destacar también el peso poblacional de San Martín dentro del municipio. Este pueblo siempre fue en número de habitantes más del doble que el anejo al que pertenecía, Terroso. Este hecho ayudará a entender los conflictos entre los dos pueblos. A pesar de que el municipio surgió en el lugar de Terroso y que el anejo apareció unos siglos más tarde, San Martín se presentaba desde la mitad del siglo XVIII, en el Catastro de Ensenada, como el mayor núcleo de población. Es más, los dos tomos de dicho Catastro tienen como título SAN MARTÍN DEL TERROSO, cuando tradicionalmente se ha nombrado este municipio como Ayuntamiento de Terroso.

El pueblo de Terroso era un núcleo de población no muy superior a los 100 habitantes (no llegó nunca a los 150). Anotamos al respecto la apreciación que escribió en 1924 el que fue primer maestro de Terroso:

En 1880 havía en Terroso 43 vecinos, en 1900, 38, en 1910, 33, en 1920, 31, y en el año actual (1924) 29, y el que esto escribe opina que aún quedarán menos. En cambio en el anejo de San Martín han aumentado” (Manuscrito de don Genaro de Barrio)

Entre 1900 y 1940 el número de casas habitadas de Terroso no experimentó variaciones apreciables. Por décadas se censaron 33, 33, 28, 32 y 36 respectivamente. En San Martín tampoco se apreció gran variación: 75, 78, 77, 86 y 80 respectivamente. Parece que el municipio de Terroso sólo podía ser aprovechado por un número de familias no muy superior al centenar. Cuando se superaba esta cota, las familias excedentes tenían que emigrar porque no disponían de medios suficientes para subsistir: un signo de lenguaje ecológico. El número de habitantes aumentaba en esas décadas de principio del siglo XX, pero el número de familias o casas se mantenía entre los 108 y 116.

El signo cultural demográfico adquiere mayor profundidad antropológica cuando lo desglosamos en los tres hitos vitales del ser humano: nacimiento, matrimonio y defunción. Dentro del análisis demográfico incluimos también los movimientos migratorios.

Los signos culturales generados por los nacimientos, casamientos y defunciones son signos de lenguaje social y lenguaje tradicional cuando solemnizamos públicamente un nacimiento, la unión de una pareja o una defunción.

A partir de los registros de bautismos, casamientos y defunciones de la parroquia de Santiago de los Cotos, parroquia del municipio de Terroso, haremos un análisis de algunos detalles que sobresalen en los datos recogidos (cuadros 5, 6, 7, 8 y 9) (4).

Observamos en primer lugar las fluctuaciones del desarrollo del índice vegetativo del municipio en el transcurso de los dos últimos siglos (cuadro 9). La entrada en el siglo XIX fue regresiva para la población terrosana. En los primeros quinquenios del siglo, sobre todo de 1810 a 1815, el número de nacimientos no lograba compensar al número de defunciones del municipio. En 1809 murieron 58 personas, 6 de ellas forasteros, pobres y soldados. De 1815 a 1825 hubo un pequeño respiro, para volver entre 1825 y 1834 a una situación nuevamente regresiva de la población terrosana. La guerra contra los franceses (5), que sabemos también afectó a estas tierras, y sus secuelas en años posteriores, hizo que el periodo de 1805 a 1834 marcase una situación regresiva de la población total. Por el número de propietarios censados en el Catastro de Ensenada, cercano a los 100, deducimos una población por encima de los 450 habitantes en la mitad del siglo XVIII. Probablemente esa sería la población al entrar en el siglo XIX, para descender en el tramo de las primeras décadas de este siglo hasta los 400 habitantes aproximadamente.

Entre 1835 y 1850 se produjo el primer estirón poblacional del siglo XIX, apoyado por el número de nacimientos, razón por la que la población estuvo cercana a superar los 500 habitantes. Pero inmediatamente, en un breve y profundo bache, 1850-1865, comenzó una nueva tendencia a la baja, apreciada en el censo de 1869, en el que la población descendió a los 450 habitantes. Las actas de defunción reflejan un gran número de muertos por PULMONÍA que elevó la mortalidad en mel quinquenio 1855-1859, profundamente regresivo. También coincide con una de las épocas de carestía económica general en toda España durante el siglo XIX (6).

Después de este bache vino el momento de mayor auge de la natalidad y de los matrimonios, aunque permanecía elevada la mortalidad. Entre 1865 y 1884 se produjo el índice positivo de crecimiento vegetativo más alto del municipio de Terroso. La década de los setenta superó todos los años los veinte bautizos.

Inmediatamente después, desde 1885  a 1905, volvemos a encontrarnos con una situación regresiva: un índice vegetativo por debajo de cero y un descenso de la población con menos de 400 individuos que resulta sorprendentemente contradictorio con relación a las anteriores décadas de 1864 a 1884. Si al entrar en esas décadas la población se encontraba alrededor de los 45º habitantes, se supone que con el tirón de los veinte años que marcan la mayor subida del índice vegetativo de la población, esperaríamos un número de individuos, si no más elevado de los 450, al menos igual que ese número que mantenía en las décadas difíciles de la mitad del siglo XIX. Pero, por el contrario, la población descendió por debajo de los 400 habitantes según las estadísticas oficiales. No tenemos datos de la población real en las décadas 1865-1884. Suponemos que la población aumentaría durante los sesenta y los setenta, por el alto número de nacimientos, probablemente llegaría a los 500 habitantes, para caer vertiginosamente durante los ochenta por debajo de los 400 habitantes de 1888. Son más de 100 habitantes en casi una década; serían demasiadas defunciones que no están reflejadas en el registro, a la vez que una desaparición de la elevada natalidad, que tampoco está constatada. Por ello, sólo podemos acudir al fenómeno de la emigración como razón clave para entender esta bajada poblacional. Apoya esta hipótesis el hecho de que en 1888 existían 63 individuos de diferencia entre los habitantes de derecho 359, y los habitantes de hecho, 297. España sufría en estas décadas un mal momento económico. Posiblemente factores climáticos adversos repercutieron en las cosechas y condicionaron el éxodo rural hacia lugares con más futuro económico al otro lado del Atlántico (7).

En Terroso el descenso poblacional estuvo también apoyado por el alto número de defunciones entre 18855 y 1905. 1896 registró 26 muertes ocasionadas por la difteria.

En el periodo de 1906 a 1930 la población aumentó sin interrupción. El quinquenio de 1920 a 1924 rozó los ochenta nacidos y bautizados, apoyada esta elevada cifra por los matrimonios en alza y el descenso de las defunciones. Esta subida poblacional fue menor que las anteriores del siglo XIX, 1835-1850, y sobre todo, 1865-1885

Durante esta progresión positiva de la población de comienzo del siglo XX, el número de habitantes alcanzó el tope máximo registrado en las estadísticas oficiales, 539 habitantes en 1930.

Continuamos advirtiendo durante estos años la sangría migratoria, sobre todo en 1920, año en que la diferencia entre los habitantes de hecho, 405, y los habitantes de derecho, 482, era cercana a los 80 individuos. En 1900 la diferencia era 42, en 1910, 67, en 1920, 77, en 1930, 44, en 1940, 21, en 1950, ascendió a 33, en 1960 llegó a 45, y en 1970 lass poblaciones de hecho y de derecho erran casi coincidentes. Las mayores diferencias testimoniaban los momentos de más intensa emigración. El comienzo de siglo también se caracterizó, como el final del anterior, por este hecho demográfico, ya fuese temporal o definitivo. Las diferencias de las décadas de los años cincuenta y sesenta son el testimonio del abandono del pueblo por parte de la generación que nació después de 1920. Acabada la guerra civil española esta emigración buscó en las grandes urbes españolas nuevas formas de vivir, abandonando la tradición agrícola de sus padres.

Entre 1934 y 1939 encontramos otro bache poblacional, reflejo de la situación socio-política-económica de toda España. Fueron los años anteriores a la guerra, la guerra y la inmediata posguerra. El alto número de defunciones, alrededor de 50 en cada uno de los tres quinquenios, unido al descenso de los nacimientos y los matrimonios, propició años de índice vegetativo negativo. Pese a ello, la población de derecho estuvo cercana a los 500 habitantes, sin sufrir caídas llamativas.

Por último, las décadas de 1950 a 1970 marcan la baja final de este municipio. El índice vegetativo se mantuvo positivo hasta 1970, ya que la caída de los nacimientos se compensó con la de las defunciones. El municipio de Terroso había entrado en lo que Jordi Nadal (1986) llama el ciclo demográfico moderno, precisamente cuando estaba a punto de desaparecer.

Desde la perspectiva de las defunciones (cuadro 7) apreciamos una constante subida entre 1830 y 1904. Terroso era un municipio de ciclo demográfico antiguo, como la nación a la que pertenecía (8). Las defunciones alcanzaron cotas muy altas en el quinquenio de 1855 a 18559; de 1875 a 1879 por causa de la pulmonía, y de 1895 a 1899 por la difteria. Supuso un ascenso en el número de defunciones que duró 2/3 del siglo XIX. El dato se hace más trágico si tenemos en cuenta la mortalidad infantil. Por ejemplo, en los periodos de 1805 a 1854 la mortalidad infantil era cercana a la mitad del total de las defunciones del municipio. El párroco solía anotar como PÁRVULO al difunto menor que no había hecho la Primera Comunión, alrededor de los siete años. En el cuadro 5 el número que figura entre paréntesis junto a las defunciones de 1805 a 1854 pertenece a los PÁRVULOS que enterraba el párroco de Santiago de los Cotos.

Sólo a partir de 1905 se puede decir que comenzó la constante caída de la mortalidad en el municipio, aunque se resistió hasta 1950, donde ya podemos hablar de ciclo demográfico moderno.

El análisis más pormenorizado en años concretos nos hace ver que entre 1805 y 1839 las defunciones anuales superaron los diez individuos, salvo en algunos muy destacados, como 1809 con 58 defunciones. Fue el año de la guerra contra los franceses en la que éstos llegaron al municipio y asaltaron la iglesia, entre otras moradas de Terroso y San Martín. Ello sería motivo de posteriores penalidades económicas y consecuentes enfermedades. Escribe Jordi Nadal (1986) que en Cataluña…

“…la campaña militar de 1809 produjo sobre todo los peores estragos. Pero la terrible mortalidad ¿fue consecuencia directa o indirecta de la lucha? Hubo sin duda variedad de casos: unas veces los pobladores huyeron, otras se quedaron, otras opusieron resistencia. Sin embargo casi nadie pudo evitar los graves daños materiales, los temores, las inquietudes, las fatigas, las penalidades… y las penurias, causas de enfermedad y de mala asistencia, en último término de muerte.” (9)

Estas mismas palabras podríamos aplicarlas al municipio de Terroso. Hemos confirmado que los franceses asaltaron la parroquia. No sabemos si los terrosanos opusieron resistencia a los invasores (hay una tradición que habla de un lugar en la sierra, bajo una gran roca en la ladera de Escaldón, donde se escondieron los habitantes del municipio con motivo de la llegada de los franceses). Las defunciones del año 1809 se centraron en los meses de febrero, marzo, abril, octubre, noviembre y diciembre, los más fríos. No hay un mes o unos días en los que falleciera un número considerable de personas. El asalto de los franceses se produjo en el mes de julio, mes en el que sólo hubo dos defunciones, por lo que el enfrentamiento bélico no fue causa de la elevada mortalidad. Fueron más bien las consecuencias: el saqueo de alimentos y animales dejaría a nuestros vecinos sin existencias suficientes; ello provocó una situación de hambruna y sus repercusiones en la salud de los terrosanos.

Los años 1811, y sobre todo 1812, fueron testigos con un elevado número de muertos, 13 y 20, de otro momento general de carestía en España, tras el desenlace de la guerra. 1821, 1834 y 1837 se destacaron también con 15, 15 y 19 defunciones respectivamente.

De 1840 a 1905 el número de defunciones anuales superó considerablemente la decena. Destaquemos 26 en 1856, 22 en 1869, 20 en 1874, 23 en 1879, 22 en 1888, 26 en 1890, pero, sobre todo, en la última década del siglo XIX, donde todos los años las defunciones oscilaban entre los 15 y 18 individuos, un 4.5% del total poblacional. A partir de 1905 las defunciones fluctuaron alrededor de los diez individuos, levemente hacia arriba o hacia abajo. Destacan a la baja los años 1929 con 5, 1932 con 5, 1942 con 3 y 1950 con 1. En los años sesenta el número de defunciones se mantuvo siempre por debajo de 5 cada año.

En la observación de los detallada de los bautizos (cuadro 6) vemos que la cifra es ascendente, aunque con irregularidades notables, desde el quinquenio 1805-1809 hasta el quinquenio 1925-1930, años a partir de los cuales la caída de la natalidad fue significativa. Las cotas en el número de bautizos se hicieron notables entre 1835 y 1849, la extraordinaria de 1870 a 1879, también entre 1890 y 1909, y, por último, de 1920 a 1924, todas ellas por encima de los 70 nacimientos quinquenales. Año por año los bautizos solían oscilar entre los 7 y los 17. Los años más altos fueron los de la década 1870-1879: 1870, 23; 1872, 20; 1874, 24; 1876, 20; 1877, 27; 1879, 23. Otros dos años más del siglo XIX superaron la cota de la veintena anual, 1883 y 1893. Los años bajos en bautizos sólo aparecieron en el siglo XX: 1926, 4; 1938, 4; 1939, 5; 1959, 3; 1966, 0; 1967, 3; 1968, 2; 1969, 1; 1970, 0.

Los matrimonios presentaban guarismos más pequeños y menos contrastables. Distinguimos la etapa de 1805 a 1819 en la que el número de matrimonios fluctuó entre 1 y 3, años de guerra y posguerra. Desde 1820 a 1960, más de un siglo, el número de matrimonios anuales se estabilizó entre las cifras 1 y 6, salvo excepciones hacia arriba como 1823, 14; 1835, 10, 1846, 8; 1867, 8; 1869, 9; 1881, 10; 1915, 8; 1922, 9. O años sin ningún matrimonio: 1824, 1851, 1852, 1902, 1916, 1917, 1918, 1938, 1946. El periodo de 1962 a 1969 no superó los tres matrimonios anuales.

____________________________________________________.

NOTAS.

(1).Las fuentes para formar estos cuadros de población han sido el Instituto Nacional de Estadística, el Catastro de Ensenada (1752), el Diccionario de Madoz (ed. 1984) y los manuscritos personales de don Genaro de Barrio, maestro de Terroso.

(2).Jordi Nadal (1986 páginas 210-217, valora el progresivo descenso de la mortalidad española a lo largo del siglo XX. Pero la Misión Pedagógica en San Martín de Castañeda (1935), en las páginas 1, 21, 22, 25, 26 y 34, testimonios sobre la higiene y las enfermedades de estos pueblos sanabreses, no avalan la progresiva disminución de la mortalidad.

(3).Estudios como el de Miguel A. Álvarez Edo (1984) o el de Natividad Rodríguez Blanco (1986) demuestran la endogamia de la zona sanabresa, de la quee no está exenta nuestro municipio.

(4).La fuente para formar estos cuadros ha sido el archivo de la parroquia de Santiago de los Cotos del municipio de Terroso, actualmente en el Archivo Diocesano de Astorga.

(5).Menéndez Pidal (1986), página 225 y siguientes, sobre la guerra contra los franceses en el noroeste peninsular.

(6).Jordi Nadal (1986) pág. 162.

(7).Este primer indicio de emigración en esta zona antes del final del siglo XIX no podemos justificarlo documentalmente en el municipio, pero a partir del comienzo del siglo XX tenemos abundantes testimonios de la emigración que se producía en Zamora, en Sanabria, y en el municipio.

Las noticias de El heraldo de Zamora relacionadas con la emigración son muy abundantes: Anuncios de compañías navieras que hacían la ruta de Vigo hacia los puertos de América o artículos de denuncia de las condiciones en las que vivían muchos de los que emigraban a Brasil, Méjico o Argentina.

La falta de suficientes recursos suficientes para vivir en Sanabria era la causa de la emigración. Había que buscar nuevos lugares, nuevos trabajos para hacer dinero y volver a Sanabria donde invertirían en tierras y casas lo obtenido en la emigración.

“El temporal ha mejorado después de sufrir las consecuencias de las intensas nieves, que dio por resultado mucha mortandad de ganados, que ha venido a aumentar la miseria de este país (Sanabria) del que en demanda de buscar sustento ha emigrado la mayor parte de los braceros para otros países.” (El Heraldo de Zamora, 19 de febrero de 1898)

Vecinos de Galende N, N y N solicitan autorización para trasladarse al Brasil” (El Heraldo de Zamora, 6 de abril de 1898)

“(anuncio de comercial intermediario para viajar a América) …con pasajes gratuitos a Amériica Central (Honolulo), próximo a Méjico, mejor clima que en España y a los estados de Pará y San Pablo (Brasil). Para cuantos informes se precisen dirigirse con sellos para contestar al agente general exclusivo don Cándido Dalama, Villar de Peralonso, provincia de Salamanca… Además facilita pasajes de pago para los puertos del Brasil, Montevideo, Buenoss Aires, Perú, Chile, Méjico, Puerto Rico y Habana, de 1ª, 2ª y 3ª clase. Correspondencia diaria con las casas consignatarias de Coruña, Vigo, Oporto y Lisboa, quien informará a correo seguido. Hay colocaciones seguras para todas las artes, oficios y profesiones útiles. En Honolulo todos los sueldos se pagan en oro; se adelantan los gastos del ferrocarril desde Salamanca al puerto de Vigo. No contestará a las cartas que no acompañen sellos.” (El Heraldo de Zamora 8 de mayo de 1899).

A los que querían emigrar les prometían mejor clima que en España y ¡pagarles los sueldos en oro! Pero esta sangría de brazos jóvenes no era una situación grata para el gobierno de una nación.

“La constante emigración de españoles a otros países más prósperos y florecientes parece que preocupa al actual ministro de gobernación…” (El Heraldo de Zamora. 6 de agosto de 1901).

No era para menos si se atendían a las cifras de españoles que partían para otras tierras.

“Han embarcado en el puerto de la La Coruña, sólo en dos días, mil seiscientos emigrantes gallegos que allende los mares van en busca del bienestar.” (El Heraldo de Zamora, 22 de octubre de 1905).

La emigración también se dirigía hacia el interior de la península, a las zonas con más posibilidades de trabajo.

“El alcalde de Peque ha participado al señor gobernador civil haberse ausentado de aquel pueblo los concejales N y N, los cuales se hayan trabajando en las minas.” (El Heraldo de Zamora, 22 de febrero de 1905).

El corresponsal de El Heraldo de Zamora en Sanabria reprochaba a los políticos la falta de iniciativa para paliar la constante emigración de los pueblos.

“…esa falta de vigor, energía, para acometer cualquier empresa, porqué esa emigración, lenta, clandestina, que merma los pueblos…” (El Heraldo de Zamora, 27 de abril de 1907)

“(elogio al obrero sanabrés)…saca de sí increíbles fuerzas parra lograr un pequeño ahorro con que desquitarse muchas veces del odioso rédito que los apuros de una enfermedad o traidora desgracia hizo inevitable, y cuando la falta de trabajo o la papeleta del usurero apremia, se le ve ir carretera adelante, de noche en muchos casos, como avergonzándose del sol de su pequeña patria o también para ocultar las lágrimas que lentamente se evaporan… lejos de aquí trabaja mejor retribuido que en este abandonado suelo y los primeros ahorros… los destina a sus seres  más queridos… para que se rediman de sus apremiantes necesidades.” (El Heraldo de Zamora, 19 de julio de 1907).

Y así lo debían hacer estos vecinos de Requejo.

“El regidos síndico del Ayuntamiento de Requejo solicita aautorización al señor Gobernador Civil para ausentarse a Buenos Aires, a fin de poder atender a la subsistencia de su familia.” (El Heraldo de Zamora, 17 de octubre de 1908).

Las condiciones de vida en los lugares de emigración eran malas. De ello sabían algunos vecinos de San Martín y de Terroso que en Cuba se quedaron sin un céntimo de sus ahorros porque los bancos donde los tenían anunciaron quiebra total. Aunque pero lo tenían los que no cobraban ni dinero por su trabajo.

“ (sobre los emigrantes españoles) Situación vejatoria de algunos emigrantes bajo las órdenes de hacendados brasileños. No cobran dinero, sino vales para comprar en las tiendas de los mismos hacendados…” (El Heraldo de Zamora, 12 de agosto de 1910).

¿Tan mala era la situación de España que a pesar de las pésimas condiciones en las que emigraban, no dejaban de hacerlo?

“Nada detiene la constante huida de españoles a otras tierras, ni las duras condiciones del trabajo, ni los terribles desengaños de millares de desgraciados…” (El Heraldo de Zamora, 9 de enero de 1914).

En Terroso y San Martín tenemos testimonios indirectos de la emigración. Los que querían salir fuera de España tenían que pedir dinero a quien lo tenía para poder viajar. Los manuscritos de don Genaro de Barrio así lo atestiguan.

1 de noviembre de 1916… más 1060 reales a… para ir el hijo a Cuba.”

Contaban los informantes que la emigración a Cuba era temporal, a la “Zafra” de la caña de azúcar. Algunos todavía recordaban e incluso tenían olvidada en algún lugar de la casa el machete que utilizaban y que se traían de recuerdo.

Don Genaro de Barrio, al frente de una VENTA y con sueldo del Estado por ser maestro podía prestar dinero a quien se lo pidiera.

“26 de octubre de 1915, más 120 reales a… para ir a Andalucía” (C.S.M. pág. 32)

“Debe 50 pesetas que le presté sin interés a… para mandar al hijo de esta a las minas.” (C.S.M. página 153)

“8 de octubre de 1910, más 1272 reales para ir el hijo a la Argentina.” (C.S.M. página 51)

“En enero 8 de 1921… para mandar al hijo a Cuba 1256 reales…” (C.S.M. página 60)

Como éstos, se pueden encontrar media docena más de casos en el libro de Cuentas de la Venta del TI CANANA, don Genaro de Barrio, referidos al pueblo de San Martín de Terroso (C.S.M.)

Los hijos emigraban y los padres quedaban endeudados esperando que, a la vuelta, pudieran levantar la deuda y la maltrecha economía de la familia, o empezar a formarse un porvenir con nuevas tierras compradas con el dinero de la emigración. Nuestros informantes también recordaban la experiencia de la emigración:

“Había emigración a Cuba, a Buenos Aires y hasta a Estados Unidos (al “Norte”, decían en el pueblo zamorano de Carbajales de Alba). También se iba a las minas del Bierzo, y a Carmona, a Andalucía, a donde iban andando y tardaban catorce días en llegar, para sacar 40 pesetas la jornada chica y 60 pesetas la jornada grande en lo de la aceituna.” (San Martín. Ti Galán).

“Iban los hombres en invierno a Andalucía a ganar trescientas pesetas… y era un dineral. Iban andando a recoger la aceituna. Luego venían con un lato de aceite. Uno de Pedralba iba todos los años a eso; se llevaba una tanda de gente que quería ir para recoger aceituna… Allí dormían en el cortijo…” (Terroso. Laura)

Por último, desde mediados del siglo XX la emigración vació definitivamente el municipio. La vida tradicional estaba agotada.

“Aquí no hay nadie. Tú ya lo ves que aquí no queda nadie. Una casa de familia como la mía… ya ves tú, le dio en salir la juventud… Es que antes no tenías dinero más que si recriabas un ternero… ¿De dónde te iba a salir el dinero? Por eso se marcharon todos…” (Terroso. Ti Encarnación)

(8).Jordi Nadal (1986). Páginas 11-17.

(9).Idem. Páginas 133-134.

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