Posteado por: lenguajesculturales | septiembre 8, 2010

EL CICLO VITAL. Noviazgo y boda. Sanabria. Guía cultural.


NOVIAZGO Y BODA EN SANABRIA.

(Este texto está publicado en Edades del hombre. El ciclo vital en Zamora y León. Juan Manuel Rodríguez Iglesias (coord.) Editorial Semuret. Zamora 2005. Biblioteca de Cultura Tradicional Zamorana  nº 12)

El mozo y la moza.

Cuando un rapaz/a dejaba la escuela era considerado chaval/a, tiempo que pasaba rápido porque en cuanto empezaba a despuntar su adolescencia, que en las chavalas era más notorio, adquiría el popular apelativo de mozo/a.

El mozo/a era el sanabrés que se encontraba entre los dieciocho o veinte años y los veinticinco o treinta años. Concretamente dejaba de ser mozo en el momento que se casaba.

En el ámbito familiar el mozo/a se integraba plenamente en las tareas de la casa con la misma intensidad que sus padres. Si en una familia faltaba el padre, el mozo de la casa le sustituía en el CONCEJO, cuando a éste le veían con capacidad y responsabilidad; pero más de una vez el alcalde lo mandaba a casa e imponía una multa a la familia ausente por enviar a un miembro demasiado joven, pudiendo haber venido la madre.

Mozos y mozas eran habituales responsables del cuidado del GANAO y de las vacas. Recuerdos de cortejo y de noviazgo de nuestros informantes tienen su origen en el cuidado y la VELERIA de los animales domésticos. Las mozas, además, se integraban en el trabajo de la casa con la misma responsabilidad que sus madres; limpiaban tejían, hacían pan, atendían la HACIENDA, etc. como ellas. A veces, los mozos emigraban con los adultos para empezar a hacer sus primeros ahorros.

” Iban a las minas del Bierzo, pero muchas veces tenían que venir pa casa porque no les daban trabajo. Se juntaban tres o cuatro, iban por las sierras andando, pa Matalarosa, pa Laciana ­ ¡Cuitadines! , andando p’acá  y p’allá …”

Otro modo de apoyar la casa fuera de ella era marchándose a servir a otras casas del municipio o de los pueblos cercanos. Cuando una familia tenía muchos hijos y no tenía trabajo para todos o, sobre todo, no tenía para dar de comer a todos, el padre y la madre acordaban con otro vecino que fuera de criado/a a su casa. Normalmente no ganaba nada, bastaba con darle de comer por el trabajo realizado, un signo de lenguaje social incluido en el diálogo de intercambio de fuerzas de trabajo.

Tal vez sea m s interesante describir el hecho de ser mozo o moza entendiéndolo como grupo dentro de cada pueblo.

Nuestros informantes recuerdan la existencia del grupo de mozos, que estaban organizados por un ALCALDE DE MOZOS. Si los chavales querían pertenecer al grupo de los mozos, debían pagar una cantidad de dinero.

” Es que los mozos estaban organizados, había un alcalde de mozos, y cuando uno cumplía los 14 años, que se salía de la escuela entonces, lo admitían entre los mozos, y había que pagar…”

La sociedad de los mozos protagonizaba muchos de los signos de lenguaje social del pueblo o del municipio.

El FILANDAR o SERANO era la reunión de las mozas del pueblo en un cuadra durante  las noches de invierno para hilar juntas. El FILANDAR se animaba cuando llegaban los mozos y se colocaban al lado de cada una de las mozas. Los cotilleos, los chascarrillos, los empujones, los apagones del candil… colaboraban a convertir en una pequeña fiesta aquella reunión casi cotidiana. A veces, la organización de los mozos controlaba los participantes en estas reuniones.

” Me acuerdo que había uno que hacía de alcalde y no dejaba entrar a los chavales hasta que pagaran tanto; porque yo, una de las veces, pues entremos al filandar en la cuadra del tí Rosendo, no sé quién sería el alcalde, pues nos echaron a todos a lo bestia…”

Los mozos y mozas eran los protagonistas y organizadores de los bailes del domingo en las tardes de verano. Bastaba una pandereta y alguna moza o mozo con voz alegre para que enseguida se moviesen todos al compás del CORRIDO SANABRÉS [1] Sólo en las fiestas importantes se traía un gaitero.

Los mozos protagonizaban parte del día de las ANIMAS. Varios mozos pasaban la noche del 1 al 2 de Noviembre, entre el día de Todos los Santos y el día de los Difuntos, INCORDIANDO con las campanas de la iglesia. Esto era motivo para que, con permiso del alcalde, o a sus espaldas, los mozos robaran un carro a un vecino, y tirando de ‚l lo llevaran a LA CARBALLEDA, una MAJADA del municipio, donde a escondidas  cortaban una viga. Los mozos troceaban el roble, lo cargaban, y tirando ellos del carro lo llevaban al pueblo, donde una parte de la leña la empleaban para calentarse toda la noche que tenían que INCORDIAR, y otra parte la vendían, sacando unas perrinas con las que compraban pan de trigo y escabeche, vino y aguardiente, que, junto con las castañas recién cosechadas, hacían el MAGOSTO, una merienda de mozos y mozas al comenzar el mes de Noviembre.

Los jóvenes de diecisiete y dieciocho años tenían que pasar el sorteo del Servicio Militar. Las levas del ejército durante el siglo pasado y parte del actual se hacían según un  sistema de cuotas por municipio. Por ejemplo, el pueblo de Terroso debía dar tres o cuatro jóvenes para la milicia [2]. Quedan actas de estos hechos en el Archivo Diocesano de Astorga, ya que el cura del lugar hacía de secretario de aquel acto, y los documentos quedaban en la parroquia de Santiago. Al mozo que salía en el sorteo se le llamaba el SOLDADO DE CUOTA.  Lo hacían en la puerta de la iglesia, como todas las reuniones del CONCEJO.

De modo m s esporádico los mozos  también se hacían notar en el pueblo por algunas fechorías: tumbar carros, leñeras o TINADAS, entrar de noche en las cuadras y alborotar a los animales, entrar en las casas a asustar a las mozas, etc. No pensemos que todo esto era habitual; el trabajo diario, sobre todo en el tiempo bueno, dejaba poco espacio libre para la diversión.

En el recuerdo de nuestros informantes permanecen los días en los que los mozos y mozas de cada pueblo se juntaban para ir a la fiesta de otros pueblos. Allí tomaban una gaseosa con las pocas perrinas que llevaban, y las mozas lucían alguna blusa o mantilla que tenían para esos días. Los conflictos podían aparecer por las rivalidades entre mozos por mozas pretendidas, o por alguna rencilla guardada de anteriores ocasiones.

La salida a los bailes y a las fiestas de otros pueblos originaba la aparición de noviazgos entre mozos y mozas de distintos pueblos, aunque casi nunca acababan en matrimonio. Si un mozo de otro municipio llegaba a formar matrimonio con una moza del pueblo, los mozos del pueblo le exigían el pago de EL PISO, un tributo por quitarles una posible novia.

En cierta ocasión los mozos del pueblo de Terroso ARRESTARON a las mozas porque salían sólo con chicos de Pedralba, y a ellos los tenían abandonados. En el FILANDAR les exigieron que tenían que dar un beso a uno de ellos si querían que les levantaran el ARRESTO. Tenía sentido esta situación en un ambiente en el que se esperaba que las mozas de Terroso buscaran novio en Terroso, y no en Pedralba; parecía que las mozas de Terroso expresaban signos de lenguaje social-intersubjetivo distintos de los que tenían que manifestar. La realidad final era que aunque pudieran tener novio fuera del pueblo, acababan casándose con alguno del municipio, porque los signos de lenguaje ecológico favorecían los matrimonios entre mozos y mozas del mismo municipio: las tierras y la HACIENDA que se formaba con los futuros matrimonios del mismo municipio daban m s seguridad de vida que las pocas expectativas de un matrimonio con uno de fuera.

Puestos ya en la cuestión sobre el noviazgo, recordamos que los lugares comunes donde podía iniciarse una relación eran aquellos donde habitualmente se encontraban mozos y mozas, esto es, el FILANDAR, los bailes y el pastoreo. Cuando a un mozo le gustaba una moza, procuraba sentarse junto a ella en el FILANDAR, o salir con ella al baile. Si se lo permitía, luego la acompañaba hasta su casa. De ese modo iba demostrando interés por ella. Esto también lo podían provocar indirectamente los padres, cuando querían que su hijo/a se casara con otro/a del pueblo. Incluso hacían matrimonios sin haber mediado relaciones previas. A esto se le llamaba MATRIMONIOS DE CONVENIENCIA, muy frecuentes según el testimonio de nuestros informantes.

” Los matrimonios casi los hacían todos los padres, por la conveniencia del parentesco o las fincas colindantes o cosas as¡. Los matrimonios fuera del municipio eran muy pocos…”

” Los enlaces entre parientes eran muy frecuentes, mucho, aquí mucho…”

” Aquí era costumbre que los padres arreglaran las bodas. La bisabuela nuestra dicen que la casaron porque el marido había ido a Cuba, y le tocó en la lotería cuarenta duros, de aquel entonces…A ellos les pareció una fortuna, y la metieron a casarse a la pobre criatura con sólo doce o catorce años. Y dicen que en la comida de la boda dejó la mesa y marchó a jugar con los otros rapaces a la calle…”

La necesidad de casarse dentro del municipio venía impuesta por el modo de vida “…porque si un cachito tuyo (de tierra) y otro mío…” hacían patrimonio. Aquí estaba la razón de este diálogo social basado en el lenguaje ecológico de la cultura sanabresa. La tierra daba seguridad a estos matrimonios de conveniencia. Con los matrimonios preferenciales dentro del municipio, y, sobre todo, con los matrimonios entre primos carnales, la casa no perdía la tierra, ni la disminuía, sino que podía aumentar. Esto es, en último término, lo que se buscaba, disponer de más tierra donde poder cultivar más, donde poder cosechar más.

Pero se daban signos culturales de lenguaje social que negaban esta situación de los matrimonios de conveniencia. Cuando los padres no aceptaban a un mozo como esposo de su hija había una costumbre por la que, si se querían casar, el mozo DEPOSITABA  a su novia en el Ayuntamiento y en casa de un familiar, a pesar de la negativa de los padres. Este signo no rompía el ámbito municipal del matrimonio, pero era un primer paso contra la predestinación matrimonial que imponían las familias. Sin embargo la costumbre de EL PISO era el signo cultural que manifestaba la posibilidad de la ruptura del  ámbito municipal para hacer matrimonios. Estos dos signos culturales, el DEPOSITO  y EL PISO, demostraban que el lenguaje ecológico no llegaba a determinar totalmente la vida de los terrosanos.

La relación de novios en s¡ misma, teniendo en cuenta la importante iniciativa de los padres en muchos noviazgos, la comenzaba el pretendiente masculino , ” siempre el chico buscaba, las chicas eran m s cortas para eso…”

Las relaciones empezaban a partir de los veinte años.

” Los chicos no estaban aquí, se marchaban al Bierzo, a las minas. De que llegaban los veinte años ya empezaban a echar novia… y luego había quien no se casaba hasta los cuarenta…”

Una vez iniciado el noviazgo, la costumbre establecía los días de ronda, al igual que los días de FILANDAR.

” Uno era novio porque le acompañaba a casa, iban al serano y después iba con ella para casa, hasta la puerta. Las relaciones de los novios eran en los filandares, en los bailes y cuando andaban de pasto-

res…te ibas pa donde la novia. De todos modos el trabajo te ocupaba todo el día, sólo por la noche se iba de ronda, pero ya tarde, porque antes había que acomodar la hacienda…”

” Los jueves y los sábados eran noches de ronda, y tú ya sabías que iba el novio a buscarte. A estos días les llamaban los aceiteiros, porque es cuando venía un arriero con el aceite, el t¡ Laureano, y decían: – Estuviste con el novio…pues vaya un novio más

aceiteiro que tienes.”

Cuando el mozo salía de ronda tenía un aviso característico que anunciaba a su novia la llegada, el ATURRIO. Era un grito agudo y fuerte, “iú,ju,ju,ju,jú“. También lo utilizaban para anunciar un reto a otro mozo, una provocación, una expresión de fuerza, una expresión de satisfacción tras un duro trabajo, etc. Escuchar ATURRIOS al anochecer entre pueblos sanabreses era signo de ronda.

Los noviazgos podían durar mucho o podían durar lo que tardaran los padres en ponerse de acuerdo para casar a sus hijos.

Cuando ya el novio estaba decidido a casarse, él daba el primer paso para que se anunciase la boda. Era la petición de la novia al padre de ésta.

” El chico se presentaba delante de los padres y se la pedía, y os padres podían decirle sí o no. Si lo querían, pues que fuese a su gusto la boda, y si no,  pues la cogía y la depositaba…”

” Se iba a casa de la novia a pedirla. Si los padres no querían y se querían casar los novios, iba el novio y la depositaba en el ayuntamiento…”

Era el momento en el que el conflicto novios-intereses de los padres se resolvía. Ya vimos que el lenguaje social generaba sus propios signos cuando la determinación de los matrimonios por conveniencia se rompía por la voluntad de la pareja. Ni todos los matrimonios estaban apalabrados por los padres ni tampoco todos los matrimonios se hacían por intereses familiares. Esto lo demuestra la existencia del DEPÓSITO DE LA NOVIA.

” Si los padres no querían al novio y los novios se querían casar, entonces la chica se iba a casa de un familiar, tres meses, por ejemplo, y luego ya se podían casar. Esto era que el chico cogía a la chica con permiso del Ayuntamiento, la depositaban con el Ayuntamiento en casa de un familiar. ­ Cuantos casos se dieron de eso! Iban dos hombres de Ayuntamiento con el novio y decían: – Bajo nuestra responsabilidad su hija queda depositada.”

Una vez hecha la petición de la novia, y después de la repuesta afirmativa de los padres, se establecían los días de LAS PROCLAMAS, costumbre eclesial de anunciar el matrimonio que se iba a realizar durante tres semanas seguidas.

” Antes en esos días daban vino aquí. En el primer proclamo se daba aguardiente y galletas, tú en tu casa y el novio en la de él, cada uno hacia el proclamo, y después a comer a casa de la novia. En el segundo proclamo se iba a comer a casa del novio, y antes se llamaba a las chicas para que vinieran al baile, que se traía al gaiteiro, y se daba vino para la juventud, y unas roscas de pan de trigo. Y luego la tercera proclama, y después la boda.”

En el municipio de Terroso y San Martín, la boda se celebraba en la parroquia de Santiago. La fecha basculaba más hacia los tiempos en los que el trabajo agrícola no era fuerte. El libro de casamientos de la parroquia refleja que desde 1853 procuraban hacer las bodas en los meses de Febrero, Abril, Mayo y Junio (pocas), más adelante en Septiembre, Octubre y Noviembre. Antes de la ceremonia religiosa, el pueblo entero vivía el acontecimiento.

” El padrino iba a sacar al novio de su casa, y la juventud toda acompañando al padrino, y los convidaban con aguardiente en la casa del novio, y sacaban pan y aguardiente al que quería beber. Después  ya de allí marchaban con gaiteiro y tambor, bueno pero la gaita y el tambor antes había ido a buscar al padrino, y el padrino venía a buscar al novio, y el novio iba a buscar a la novia.”

” Antiguamente, al salir de casa, la novia se arrodillaba y el padre le daba la bendición, delante del público, le daba un consejo y le echaba una bendición.” [3]

Los desposorios se hacían a la puerta de la iglesia. Allí los novios se decían mutuamente el sí de aceptación al matrimonio. Después de que la novia daba la respuesta afirmativa, un miembro de la familia tiraba unas cuantas BOMBAS, cohetes, para festejarlo [4].

Finalizada la ceremonia venía el convite.

” El convite se hacía en casa de la novia, pero si no tenía quien le hiciera la boda pues se hacía en casa del novio. Se mataba un buen carnero, se llamaba a la familia de él y de ella. El banquete se organizaba dentro de las casas, nada más con la familia…”

El traje de los novios era normalmente el traje de fiesta, no muy diferente del traje ordinario, aunque de mejor calidad y dentro de la sobriedad ornamental que caracterizaba a la cultura sanabresa.

” Se compraban botas de zapatero, lo mismo la chica que el chico, aunque fuera en el rigor del verano. Después la mujer llevaba una saya de vuelta, y encima, en lugar de llevar pañuelo o velo llevaba mantilla, y debajo un pañuelo de seda, y la mantilla con unos agramanes, hermana de la saya, del mismo paño.”

” El novio vestía con un traje de paño, y los que podían llevaban una capa larga, de mucho vuelo, y después en la cabeza, pues un sombrero o una mascota de paño negro.”

Era costumbre que los padrinos de la boda fueran los mismos que habían sido en el bautizo. Si el novio o la novia querían que el padrino o la madrina de la boda fueran otros, tenían que pedir permiso a los padrinos de bautizo. Ya apuntamos anteriormente que el lenguaje producido por los signos de apadrinamiento no era endogámico, sino que potenciaba la relación entre varias familias no emparentadas. Los padres no eran padrinos de bautizo o de boda y los familiares no tenían preferencia para serlo.

Una sociedad como la que estamos describiendo no producía excedentes en la mayoría de las casas. Por esto, los regalos de una boda no eran ni abundantes ni originales; estaban en relación directa con el modo de vivir de estas gentes. Al regalo se le llamaba la ROCADA.

” Antes no había regalos…Bueno, a m¡ me llenaron de lino sin mazar, para que yo lo preparara… muchos fejes de lino; esa es la rocada que me dio mi madrina, un feje de lino. Antes lo único que sobraba era miseria… así que ¿qué regalos se iban a dar?” [5].

Por último, las obligaciones religiosas de los nuevos casados todavía continuaban al domingo siguiente.

” Y después al domingo siguiente de la boda tenían que llevar a la iglesia una ofrenda, una cesta con velas y un paño blanco bordao.”

Terminaba aquí la pertenencia de esta pareja al grupo de los mozos y mozas. Entraban en una nueva responsabilidad, iniciar la creación de una nueva casa o continuar la de sus respectivos padres.


[1] En Miguel Manzano (1982) y en el Maestro Haedo (1987) podemos encontrar ejemplos del corrido sanabrés de diversos pueblos de la comarca.

[2] En el Archivo Diocesano de Astorga, entre los documentos de la parroquia de Santiago de Terroso, en el paquete V 10, se encuentran varias actas de mitad del siglo XIX realizadas y firmadas por D. Andrés Moro, párroco, sobre el sorteo de los soldados del municipio.

[3] Nicolás Tenorio (1982) señala que la bendición del padre era: ” Que Dios os faga ben casados, e que sea para ben.” Página 77. La costumbre la recoge Ramón Carnicer (1985) en La Cabrera. Página 107.

[4] (52)  Algunas piezas musicales del folclore sanabrés de la boda las encontramos en Miguel Manzano (1982), páginas 404-414, y en el Cancionero del Maestro Haedo (1987) , páginas 112-113 y 117.

[5] Ramón Carnicer (1983) hace una valoración parecida de esta costumbre en La Cabrera leonesa en1961.. Página 108.

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