Posteado por: lenguajesculturales | octubre 5, 2010

La escuela tradicional de un municipio sanabrés. Sanabria. Guía cultural


La escuela.

La escuela, en un primer momento, no era un signo propio del lenguaje social del municipio sanabrés. Su aparición se debió a la implantación general de la enseñanza primaria que hizo el estado en el siglo XIX. Era un elemento transformador del lenguaje social y del lenguaje tradicional de nuestro municipio. No encajaba muy bien en el diálogo interno, porque el lenguaje ecológico presionaba de modo que el efecto transformador de la escuela sólo durara unos pocos meses: los niños asistían a la escuela si no hacían falta en el trabajo de la casa, de lo contrario era más importante trabajar para vivir que instruirse.

La escuela pública de Terroso comenzó el 27 de Abril de 1877. El primer maestro fue un vecino del pueblo con sólo 17 años que inscribió a sus hermanos en el Registro de Matrícula como los primeros alumnos. Seguramente la escuela de San Martín también comenzó¢ por estas fechas con un maestro vecino del pueblo, pero no tenemos datos precisos.

Antes del inicio de esta actividad, seguramente los terrosanos, como los demás saanabreses, adquirían algunos conocimientos de escritura, lectura y aritmética en la propia casa, si su padre, su madre, su hermano o algún familiar se lo podían enseñar, de lo contrario no poseían ninguna instrucción.

Hasta las primeras décadas del siglo XX la mayoría de los sanabreses utilizaban el dialecto leonés, por lo que si alguien quería aprender a leer o escribir tenía que hacerlo en castellano, iniciando un proceso de cambio cultural, ya que el dialecto leonés de los sanabreses no tenía textos escritos ni método alguno de aprendizaje, salvo la experiencia de la vida diaria.

Cualquiera que hable largamente con nuestros informantes constataría fácilmente el modo de hablar en dialécto leonés con matices gallegos y portugueses que utilizaban los terrosanos cuando ellos pretendían repetir las mismas frases o comentarios que escuchaban a los vecinos de anteriores generaciones.

La generación anterior a los padres de nuestros informantes hablaba el dialecto leonés característico del municipio. Esta generación vivió su madurez entre 1850 y 1900, la más antigua que nuestros informantes podían recordar, sus abuelos. Todavía no había sufrido el impacto de la escuela, y su modo de hablar autóctono pervivía en el recuerdo de nuestros informantes. La generación de los padres de nuestros informantes, los que vivieron su madurez entre 1900 y 1950,recibieron el primer impacto de la escolarización general, con lo que comenzaron a perder su propio modo de hablar. La influencia de la escuela no fue muy fuerte porque la asistencia a ella era escasa. Fritz Krüger realizó su investigación sobre la cultura sanabresa en 1922-1923, durante la existencia de esta generación, y ya notaba los primeros síntomas de cambio por las influencias externas (27). La generación de nuestros informantes, los que están viviendo su madurez en la segunda mitad del siglo XX sólo poseen ya algunos rasgos característicos del antiguo dialecto: ciertos términos propios, algunas transformaciones de palabras castellanas, el tono del habla, etc. Recibieron un mayor impacto no sólo por la escuela, sino por la total apertura de la región a una nación que estaba en pleno desarrollo económico.

Las ESCRITURAS que han caído en nuestras manos previas a 1877, o de años cercanos a esta fecha, realizadas por vecinos del municipio que sabían escribir, manifiestan una ortografía plagada de uniones o separaciones indebidas de palabras consecuencia de escribir sin conocer reglas de gramática.

El nivel de analfabetismo al comenzar el siglo XX debía ser bastante alto en el municipio, aspecto que también se aprecia en el testimonio de las ESCRITURAS de la época, donde con mucha frecuencia un vecino firmaba A RUEGO DE otro que no sabía escribir.

La existencia de numerosas ESCRITURAS de compra-venta o permuta de fincas revelaba que había bastantes vecinos con cocimientos de lectura y escritura, pese a los detalles aludidos en los dos párrafos anteriores, porque ellos mismos las realizaban.

La casa del primer maestro de cada pueblo fue el local donde se impartía la enseñanza en este municipio. El Ayuntamiento debía pagar el alquiler al maestro. Esta situación duró hasta los años 1925-1927, en los que en ambos pueblos, Terroso y San Martín, se construyeron casas-escuela costeadas por la venta de terrenos comunales a vecinos del propio municipio (28).

En el libro de Registro de Matrícula del pueblo de Terroso podemos observar que las materias impartidas eran Religión, Lectura, Escritura, Aritmética y Gramática. Los libros de asistencia corroboran la impresión de nuestros informantes: Se asistía poco a la escuela, tan sólo en los meses de invierno (29).

“Antes eso de la escuela era un abandono. Los padres mandaban de pastoreo a los hijos antes que mandarlos a la escuela. Aprovechaban a los hijos para el trabajo, entonces algunas mujeres ni sabían leer. Los meses que más se iba a la escuela era en invierno, pero a partir de Abril ya nada. Los padres, unos se marchaban a las minas y otros a otros sitios, y el niño o la niña ya tenía que sustituirlos a los diez años. Pero los chicos andaban contentos sin ir a la escuela, sobre todo si había un maestro que sacudiera. Decían los maestros que la letra con sangre entra, y leña… y más turullao se ponía uno. La sociedad era así. El cura pegaba, el maestro pegaba, el padre pegaba… la autoridad era a base de palos.” (San Martín. Ti Galán)

____________________________________________________.

NOTAS.

(27) F. Krüger (1923), página 13.

(28) “El día 5 de Octubre de 1925 se inauguró la Escuela del pueblo, y fue el primer día que se dio clase en dicha Escuela…” Registro Escolar de la Escuela de Terroso.

(29) Según el Libro de Visitas de Inspección de la Escuela de Terroso, en 1917 el número de alumnos matriculados era 30 (18 niños, 12 niñas), en 1919 el mismo número, en 1922, 22 alumnos( 11 y 11), y en 1925 14 alumnos (6 y 8). La asistencia media mensual de estos cuatro años fue la siguiente.

………………1917  1919  1922  1925

………………..(30)  (30)  (22)  (14)

Septiembre     4       4       4         8

Octubre           18     18    15     15

Noviembre     20    20    18     10

Diciembre        22    22    18     10

Enero                 22    22    19     11

Febrero             22    22    17    10

Marzo                16    16    14      8

Abril                  14    14    13       7

Mayo                  4     4       8         6

Junio                  0     3       0         5

Julio                   0     0       0         3

La estadística corrobora la impresión de nuestros informantes: los niños sólo iban a la escuela en los meses de invierno.

Krüger (1923) hacía notar que ” …los muchachos y muchachas raramente asisten a la escuela, resultando que la enseñanza es casi nula en los meses propicios a los trabajos campestres (es decir, durante tres cuartos del año) e insignificante durante el resto del año”.(Página 15)

Los participantes en la Misión Pedagógica en San Martín de Castañeda confirmaban también que ” la asistencia es irregular y escasa… el pueblo siente la más profunda indiferencia por esta pobre escuela”. (1935. Página 6)

EL HERALDO DE ZAMORA en alguna ocasión se hacía eco de este problema:    ” El maestro de Ungilde participa al presidente de la Junta de Instrucción Pública que durante el mes actual solamente han asistido a la clase dos niños, lamentándose de la incuria de los padres que consienten que sus niños vaguen por la vía pública y no asistan a la escuela.” EL HERALDO DE ZAMORA, 30 de abril de 1904.

Pero EL HERALDO DE ZAMORA también ofrecía noticias sobre el abandono de los maestros de su responsabilidad en las escuelas que tenían asignadas. El día 8 de marzo de 1900 el alcalde de Galende se queja     de que la escuela del pueblo de Vigo (de Sanabria) lleva tres meses cerrada. Los de Linarejos hacen lo mismo porque llevan seis meses sin maestra (12 de marzo de 1900). Y, por último, se comunicaba el día 12 de octubre de 1901 que el maestro de Murias y Cerdillo se había ausentado del pueblo “ignorándose su paradero“.

ANEXO.

Testimonios sobre la escuela rural tradicional en La Guareña zamorana  durante el periodo de   1850 a 1950.

JUAN MANUEL RODRÍGUEZ IGLESIAS.

Antes de la escuela solían llevar a los niños/as a casa de una señora que los atendía a partir de los tres años: un modo de completar la escasa formación familiar y de tenerlos entretenidos mientras llegaba la edad escolar supuestamente obligatoria.

Era una señora que a lo mojor era ya mayor, o era la   hija de un guardia. Por regla general de esas personas  que no trabajan en el campo. Tenía un poquito más de estudios que otras, no hacían la carrera de profesor.

O era la hija de un médico que a lo mojor no le podía  haber dao carrera y tenía estudios. Entonces en su misma casa o en su cocina o en una habitación, llevábamos una sillica de casa, nos sentábamos todos allí  y nos enseñaba a rezar, nos enseñaba a hacer el signo de la cruz, nos enseñaba las primeras  letras. Yo estuve con una señora que se llamaba Ester” (Cañizal)

Luis Torrecilla Estévez del pueblo zamorano de Cañizal nos ayuda en la descripción de estos primeros años de la niñez con estos versos, creación propia, inspirados en su memoria.

LA NIÑEZ.

Creo que sería hermoso

volver la vista al pasado,

aquellos días dichosos

recuerdos de la niñez:

Los juegos en la Caserna,

aquel rostro endurecido

de aquella anciana señora

que llamábamos Esther,

que me enseñó en buena hora

las primeras oraciones,

los signos del buen cristiano

purificando mi fe.

Aquellos primeros pasos

de la mano de mi madre

a la iglesia o a la escuela

para aprender a leer.

Aquel  árbol que plantamos

junto al río Los Perales,

como símbolo sagrado

de esperanza y de ilusión.

Ver estas cosas hermosas,

oler las primeras rosas,

correr por esa alameda

y recoger violetas en flor.

Aquellos Reyes (Magos) primeros

que turbaron el denso sueño.

Esperar esa mañana

con inocencia callada.

Aquella feliz merienda

el lunes después de Pascua,

en la Ermita o en Las Fuentes,

volver felices a casa.

Coger del árbol el nido,

maltratar los pajarillos,

con inquietud reír

y as¡ sentirse feliz.

Después a sentirse buenos:

besar la mano al cura

y dar los días al maestro…

y a seguir nuestra aventura.

Escuchar con atención

aquellos hermosos cuentos

de fantasmas y de espectros

que me contara el abuelo:

las fábulas que aún recuerdo

de Iriarte o Samaniego,

de doncellas encantadas,

o aquel cuento de Quevedo.

Aquella lucha constante

de esa enseñanza mundana,

que lucha en mi imaginación

por aprender del mañana.

Sueños de amor y pureza

a nuestro instinto dormido,

ante el sexo que despierta

luchando con inocencia.

Hoy recuerdo con dolor

aquel pasado mejor

de aquella niñez perdida,

y digo con resignación:

¡ Qué pronto se pasa la vida!

Luis Torrecilla Estévez (Cañizal)

Más testimonios:

Aquí iban a la escuela algunos sabiendo… llegaban a  las Rayas Terceras. Era un libro. Había Rayas Primeras, Rayas Segundas, Rayas Terceras… Ya en las Rayas Terceras se leía. Esto lo hacía la maestra esa, Margarita.” (Guarrate)

A los seis años que me llevó a la escuela mi madre de la mano, yo ya sabía leer. Ya cuando llegué yo allí…    había unas clases de cartillas, que eran as¡ cuadradas,  grandes, y luego detrás de la cartilla venia el cartón. Pues yo cuando fui aquel día a la escuela el maestro me puso en el cartón en vez de en la cartilla.” (Cañizal)

El recuerdo de la madre acompañando de la mano al niño/a en el primer día de escuela se repite entre todos nuestros informantes con insistencia, dándonos a entender la importancia de aquel pequeño acontecimiento. El señor Manuel Puente escribió con gran detalle las impresiones que recibió aquel ya lejano día cuando entró por primera vez en la escuela de Vallesa de Guareña.

Mi presentación, con mi madre, en la escuela, (fue) el día siete o el ocho de enero de mil novecientos diez. Recuerdo aquel día y tengo aquí por delante, en este momento a mi madre, cuando ella me llevó a la escuela agarrada de mi mano… Cuando llamó a la  puerta y pidió permiso para entrar. La señora maestra  salió precipitada diciendo con todos los respetos: Pase usted señora… Mi madre le dijo: Doña Modesta, que así se llamaba la señora maestra, un hijo más le        traigo hoy a entregarle a usted a su escuela. Recuerdo bien la señora maestra; me cogió de la mano y me  llevó a sentarme ante unos carteles, en unos pequeños bancos, para aprender las primeras letras, con otros  pequeños niños que allí estaban… Recuerdo como si fuera ahora el material que disponía la escuela para  no menos de 70 o 80 niños y niñas: era una alacena vieja, sin puertas, de unos silabarios, de unos cartones, algún manuscrito y unas guías. El catecismo y el papel de escribir lo comprábamos nosotros. Había unas láminas, los carteles y tres encerados…

Tenía esta habitación con presunción de aula, dos ventanas y un balcón, el piso de madera, que cimbreaba al soportar las estampidas de entrada y             salida, pupitres biplaza con asientos abatibles  que proporcionaban unos sonoros y ensordecedores tableteos al sentarse o levantarse en masa, pupitres que en su parte alta y plana presentaban sendos orificios en la madera donde se encajaban unos tinteros de latón que suministraban tinta suficiente para hacer incontable el número de manchas que los decoraban…” ” La Bóveda de Toro…” José M. de Vicente.

La escuela era de diez a una y de tres a cinco, todo el año, menos los jueves por la tarde. Se empezaba el 21 de Septiembre y se acababa el 29 de Junio. Iban los niños desde los seis años a los catorce. Había niños  que sólo venían el día que llovía. Recuerdo de niñas que sólo comían un pedazo de pan y un trozo de cebolla. Era una escuela mixta, porque el pueblo era pequeño.” (Olmo)

Íbamos con la estufita, una lata con paja y unos agujeritos en la tapadera…. todos olían a humo.  Mi madre la llenaba. Yo recuerdo que me ha llenao  la estufita con la lumbre baja y nos la llevábamos pa poner los piececitos y que no tuviéramos frío, porque no había calefacción en la escuela. La misma maestra llevaba una estufa de esas.”

Hacer novillos:

Nos mandaban a la escuela nuestras madres, tendríamos diez años o por ahí, y en vez de ir a la escuela nos cogíamos y nos íbamos a jugar detrás de los huertos de la señora Fulana a quitarle brevas. Y cuando ya  comprendíamos que era la hora del recreo, íbamos a buscar el rebujito de pan a casa, era el segundo desayuno. Por la mañana las sopas de ajo… que no  había leche, y nos íbamos a la escuela. Y decía la maestra: Al recreo. Ya salíamos tos corriendo, veníamos a casa, y si había un cacho de pan, pues un cacho de pan, y si no una patata asada… Y si nos cogía la maestra por no haber ido a la escuela, nos ponía de rodillas y palo viene y palo va en la mano.

Todos tenían que ir a la escuela, pero algunos no iban… porque no les interesaba, no les entraba…   Y otros padres los llevaban ellos a trabajar, y había  unas grescas entre los padres y el maestro… En invierno los pobres todavía iban, pero en cuanto que asomara un poco el sol… a escardar, o de rebecero a los ocho años. De todos  modos hay muy pocos que no sepan escribir.” (rebecero y pigorro: niño o muchacho encargado de cuidar ganado de trabajo)

Los niños faltaban a la escuela porque había que echarlos a dedicarse a cuidar las vacas, había que dedicarlos pa trabajar y poder ganar algo, para que cuidasen las mulas. Esos chicos en mayo ya dejaban la escuela.”

Era motivo de orgullo mantenerse desde los seis años hasta los catorce años en la escuela, sin que tus padres te sacaran para ir a servir o a trabajar. Lo cual no quitaba que en las vacaciones o en épocas especiales de trabajo los niños/as participaran en la vida del campo.

Yo no dejé de ir a la escuela porque, aunque trabajaba de pigorro, me dijo el maestro: Ven cuando quieras y como quieras. Había una señora que le decía a mi madre: Mándame al chico que yo le doy paso. Dar paso se llamaba que te dieran clases. ¿Dónde vas a dar paso?

En cal cura, en cal maestro… El cura también daba clases. A m¡ me dio clases el cura, y no cobraba. Nos ponía problemas de matemáticas, de casi todo. Yo iba a casa de esta señora los domingos, sólo un rato. Es que como estaba trabajando en casa del amo, ya le dije al maestro: Mire usted, no vuelvo a la escuela porque siempre vengo tarde y usted no me deja pasar. Y fue        cuando él me dijo: Ven cuando quieras y como quieras. Hasta los catorce ibas a la escuela, pero había muchos pigorros, y esos casi no iban a la escuela…

En una familia como la nuestra lo que aprendías era lo del campo, pero eso s¡, no nos quitaron la escuela, desde los seis años nosotros no perdimos la escuela ninguno…

Íbamos a segar nada m s que empezaba el verano, en Junio. Por ese tiempo ya nos daban vacaciones. Cuando daban vacaciones tos a trabajar, como luego no tenías escuela hasta septiembre, pues te daba tiempo a recoger todo lo que tenías tirao. Y luego a vendimiar, daban una semana de vacaciones en la vendimia. Nosotros nunca perdimos la escuela. Es que había quien no iba porque tenía que ganar una peseta. No se podía dar carrera a los hijos

La figura del maestro/a estaba investida de autoridad y respeto, y, en algunos casos, nuestros paisanos manifiestan un gran aprecio hacia él o ella por su labor, pese a las limitaciones de los tiempos.

Nosotros tuvimos mucha suerte porque tuvimos un maestro muy bueno, que todavía vive. Todos los chicos que acudimos (a su escuela) nos dejó algo… nos apretó bastante.” (Guarrate)

A sustituir a este… vino Don Vicente… señor que  tan gratos recuerdos quedó en el pueblo (Vallesa), no sólo para sus alumnos en la escuela de d¡a y de noche, sino también en sus conferencias a los padres, un domingo sí y otro no, al salir de la misa en la escuela“.

Siempre trascendía el maestro/a en su función docente. Se convertía en muchos casos en el sustituto del sacerdote, del secretario o de la persona de confianza.

Aquí en Olmo no había sacerdote, y siendo maestra he hecho los vía-crucis, el mes de las flores, el mes del Sagrado Corazón, preparar la Primera Comunión, que entonces dábamos un chocolate por las mañanas después de la comunión, y se hacía un dibujo en el encerado para adornar la escuela. El día anterior limpiábamos la iglesia y vestíamos cada reclinatorio. He hecho arrendamientos, he hecho testamentos, he velado a todos los muertos de todo el pueblo toda la noche… La influencia de una maestra era muy grande porque hacías muchas cosas en el pueblo“.

Atendiendo al dicho popular “pasas más hambre que un maestro escuela“, proveniente de la situación económica de este colectivo en el final del siglo XIX y comienzos del XX, siempre eran bien recibidas  las atenciones que los vecinos, por obligación o por agradecimiento, tenían con el maestro/a.

A mi padre le tocó ir al monte por leña para el maestro. Era para su casa y cada año había que traerle un carro de leña.

Antiguamente se le daba al maestro un carro de paja. El maestro tenía su casa. Siempre le daban un carro de paja, y luego algunos le daban de la probadura en la matanza, uvas en la vendimia, y así… a voluntad.”


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