Posteado por: lenguajesculturales | noviembre 23, 2010

Las relaciones amo-criado en la cultura tradicional(mitad del siglo XX). La Guareña zamorana. Guía cultural


Las relaciones amo-criado.

Si preguntamos cómo eran las relaciones entre el amo y el criado, las respuestas varían según la experiencia de cada informante. Hay testimonios que recuerdan una relación cercana entre ambos, carente de signos de clase social o diferencias de estatus, entre criado y labrador medio.

“Todo el mundo de Guarrate era igual, los obreros y los amos, no había diferencia. Tuvimos un obrero en casa, eventual, pa las viñas y pa los jornales de ayudarte. Íbamos los dos juntos a trabajar, estábamos tol día juntos los dos. Y el criado comía siempre con nosotros…”

Otros testimonios recuerdan el excesivo respeto, la distancia y la falta de confianza con el amo, normalmente labrador rico.

“Es que cada pueblo es una historia. Todavía hoy hay criados que van a cobrar el retiro y te dicen… Pues que he venido con el señorito… dice, todavía le llaman señorito. eso ya aquí no se estila desde hace setenta años.”

“Aquello era peor que esclavos… Mira que el criado no atreverse a decirle al ama que se reían porque oían mear al amo en el orinal…”

Otros aluden al trato que recibía el criado según estuviera en una casa u otra, fuera esta de labrador rico o medio labrador.

“Entonces, pues claro, yo por menos de seis pesetas pues no me ajustaba, y él que cinco… Es que mi primo Citano hubiera entrao en casa de Fulano, y le daba   seis pesetas… Dice… ¨Y te vas a comparar tu esa casa con la mía? Yo he estao en esa casa y aunque me dieran mil, no volvería. Porque daban mal de comer y encima regañinas.”

Deteniéndonos en aspectos concretos, señalaremos que el amo, si tenía un solo criado, trabajaba con él. Si era amo de casa fuerte controlaba y organizaba el trabajo, preocupado siempre de no tener a los obreros con los brazos cruzados. Esta misma función era realizada por el mozo mayor en sustitución del amo.

“El mozo mayor, ese mandaba en todos… y en las tierras… Corta por allí, siembra tu por allá … Es el que los mandaba, casi daba tantas órdenes como el           mismo amo. De hecho ha habido casas, que el jefe vivía fuera y lo llevaba todo el mozo mayor…”

Los amos vigilaban con celo el trabajo de sus criados hasta extremos mal vistos por los propios vecinos.

” …en el acarreo había amos que si llegabas después de salir el sol con el primer viaje, aunque hubieras tenido que ir a tres o cuatro kilómetros, dicen que les ponían hasta un farol allí a la entrada de la era, para que vieran que se habían descuidado.”

“Es que yo tenía novia con 17 años, y no me dejaban salir a la calle a verla. Iba ella a observar por la puerta de las cuadras, a ver si estaba… y a mí no          me dejaba el ama ir a verla. Me decía… ¿Onde vas? … Iba ahí un poco a la plaza… No, no, no, que tienes que ir a la bodega… No, no ,no que hay que          machacar el abono… No, no, no que hay que encalar.”

El trabajo agrícola tradicional no tenía los límites, horarios y especialidades del trabajo moderno, por ello los criados, a veces, debían recordar al amo los términos del ajuste, para que éste no encomendara al obrero más tareas de las previstas.

“Luego sacó la costumbre de que me querían llevar a regar al gavión después de comer… y me llevó dos días por la tarde hasta que se ponía el sol. Y ya al          tercer día digo yo… Yo no voy. Yo me he ajustado por la era, no para regar. Sí, y luego te tirabas más tiempo en la era… porque no era a tiempo fijo, era          hasta que acabaras.”

Los buenos criados trabajaban con más esmero la labor de la casa de sus amos que la propia, seguramente porque para lo suyo tenían menos tiempo y menos ganas, ya que trabajaban la escasa tierra de su propiedad en ratos libres del domingo.

“Algunos domingos no se iba a misa (los criados), pues el que más y el que menos andaba por su tierra, que nos la arrendaban por ahí, íbamos a arar pa nosotros.”

El criado convertía la casa y los bienes del amo en su mayor responsabilidad. Los criados viejos la consideraban como su propia casa.

“El tí Palí murió corneado por un toro aquí en Cañizal porque se interpuso delante de él para que no entrara en la viña de su amo… mientras los demás estaban subidos en los almendros de la linde… El criado trabajaba, y el amo le pagaba, y entre ellos podría haber alguna discusión, bueno, pero se trataban bien… con una cierta amistad. Es que había criaos que se pasaban casi toda su vida trabajando para el mismo amo…”

El amo no era ajeno al trabajo de un buen criado. Valoraba esa preocupación constante y esa dedicación total, sin salirse de su estatus y manteniendo la distancia social. El amo ayudaba a las familias vecinas o cercanas por motivos laborales cuando caían en desgracia (la muerte del padre de familia), acogiendo o dando trabajo a la mujer y a los hijos.

“Nosotros (una viuda y dos hijos) no podemos decir nada en contra… porque éramos como hijos. Lo mismo que comían ellos, comíamos nosotros… Pero basta que fuera mi madre la criada… pues no veía el dinero apenas. Te pagaba con la comida y si tenías que comprarte algo, él  (el amo) te lo compraba.”

“Algunas veces estaba con el ama, que nos acogió después de morir mi padre. Me sentaba con ella a la lumbre y me daba buenos consejos, y me enseñaba, porque yo era un pigorro preferido, era su ahijado…”

Más que una actitud solidaria, era una actitud paternalista hacia las personas que dependían de ellos. Similar a esta actitud era la costumbre de los amos de dar el aguinaldo a los obreros en Navidad. Si el criado “estaba mantenido” (comía a diario en casa del amo), por esas fechas recibía la “colación” para que celebrara la Navidad en su casa.

“El aguinaldo se daba aquí la víspera de Nochebuena, el día 24 por la tarde se daban los aguinaldos. Los labradores, como todo el mundo era labrador entonces,          pues nos veníamos a media tarde, y normalmente los amos daban un poco de vino y unos pocos de garbanzos, o de lentejas… o cinco duros… o un duro… según          las fuerzas de cada uno.”

“En el Año Nuevo también en cá  los amos nos daban una pequeña colación, que llamaban, que daban unos pocos garbanzos, unas pocas lentejas, unas pocas alubias, y te daban arreglo a las cosas de aquel tiempo, hasta una morcilla y un chorizo y una jarra de vino.”

Los animales y el campo siempre estaban requiriendo la atención del paisano. Por este motivo, la diversión, la fiesta, o la relación entre novios que eran criados dependía con demasiada frecuencia de la voluntad de sus amos.

 “Unos daban permiso para ir de fiesta y otros no. Entonces no era como hoy… Entonces le decías al amo: Bueno, mañana me voy a ir de boda, de fiesta… había           que pedir permiso. Pero uno se fue sin permiso, y llegó por la mañana, que estaba andando en la máquina, que era verano, y le dijo el amo… Fulano, ¿Dónde          estuviste ayer?… En Torrecilla… Pues, ala, vete a Torrecilla otra vez… Y le echó.”

“Cuando estábamos sirviendo teníamos que ir a pedir permiso para ir a ver las comedias que echaban en el pueblo, y decíamos: Por  favor, ¿nos dejan esta noche          ir a la comedia?… Y querer ir al baile por la noche, y a las fiestas… y había que pedir permiso. Las madres nos dejaban a las hijas, pero las amas eran más duras… que ni te dejaban estar con el novio lo que querías… El mío mucho tosía a la puerta… hasta que salía a por agua… ¡echábamos más viajes de agua!”

En estas situaciones se establecía un juego de tira y afloja entre amo y criado que dependía del carácter o de la condescendencia de uno y otro.

“Pues queríamos ir a los toros aquella tarde… y quedamos entre nosotros que el trabajo de la tarde de meter el trigo lo hacíamos por la mañana. Y nos vio         el patrón en la plaza… Dice su hijo… Padre, si están ahí Fulano y Fulano… Coño, que me han dejao el trigo en la era… Ya venimos, y delsotro día por         la mañana, cuando vio que el trigo se lo habíamos metido… Mecagüen sin Dios, mira como cuando queréis, mira cómo trabajáis.”

Las relaciones tensas entre amo y criado se manifestaban en el trabajo. Al igual que había criados que eran sumisos y trabajaban bien, otros, enfrentados con sus amos por motivos muy variados, hacían mal su trabajo intencionadamente.

“Estando en el verano limpiando el trigo en la era, separando el grano de la paja por el aire, mandó el tío Cosme al chico a buscar la merienda. Esta merienda podía ser un trozo de pan, un trozo de tocino que ya dejaban ellos del mediodía de su comida, y una cebolla. Al pasar este chico por la plaza con la merienda se encontró con el amo. El amo iba a casa para comer lo que más le apeteciera. Le paró a chico y le dijo: A ver, qué llevas. Le destapó la merienda, sacó su navaja, y del trozo de pan partió la mitad y se la guardó en el bolso. Cuando llegó el chico a la era se lo contó al tío Cosme. El tío Cosme, rabioso, no dejaba de injuriar al amo. Cuando se pusieron a limpiar, no había llegado el amo. El tío Cosme, adrede, tiraba el grano para la paja, diciendo: Este va a pagar el pan que te ha quitado.” (Memorias de Luis Torrecilla, Cañizal)

Somos conscientes del conflicto social latente que la estructura de esta sociedad estamental basada en la dicotomía amo-criado generaba, pero no es nuestra intención hacer un análisis histórico-social exhaustivo. Sólo hemos descrito un mosaico de experiencias para situar el problema.

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